• 06/11/2026 00:00

Soberanía, dignidad y libertad: reflexiones en el Mes de la Patria

En septiembre, mientras atendía compromisos de trabajo en el Casco Antiguo, me di cuenta de que, después de tanto tiempo en Panamá, aún no había visitado el Museo de Historia, ubicado en el Palacio Municipal, edificio que ha sido epicentro de decisiones clave para la soberanía panameña. Corregí esa omisión sin demora y me detuve con particular interés en la historia de la creación de la bandera nacional. Allí contemplé el lienzo del primer pabellón, confeccionado por María Ossa de Amador. Frente a esa tela, hecha a mano en los días decisivos de 1903, me impresionó lo cercano que puede ser un símbolo nacional: detrás de cada bandera hay personas concretas que, con sus manos y su fe en el futuro, dieron forma a un símbolo que hoy une a todo un país.

Esa imagen me acompaña ahora que noviembre convoca al pueblo panameño a un ejercicio imprescindible de memoria y orgullo. El inicio del Mes de la Patria no solo conmemora hitos fundacionales como la separación de Panamá de Colombia del 3 de noviembre de 1903 o la independencia de 1821, celebra, por encima de todo, la vocación indeclinable de una nación por ser dueña de su propio destino.

Para quien representa a Ucrania en esta tierra generosa, observar el fervor con que ondea el pabellón panameño evoca un sentimiento profundamente compartido: la convicción de que la libertad y la soberanía no son concesiones, sino conquistas que se protegen día a día con dignidad y unidad nacional. Ucranianos y panameños sabemos bien que una bandera es mucho más que colores: es la memoria de un pueblo hecha estandarte.

A lo largo de su historia, Panamá ha demostrado al mundo que la fuerza moral del derecho internacional prevalece sobre las asimetrías de poder. Su perseverancia para consolidar la soberanía territorial plena sobre todo su territorio nacional y sobre esa arteria vital que es el Canal de Panamá constituye un testimonio elocuente de madurez cívica y diplomática.

​Ucrania libra hoy una batalla existencial guiada por ese mismo principio elemental: el derecho a existir como un Estado soberano dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas y a elegir su propio porvenir sin tutelajes ni agresiones externas. Cuando los panameños honran su bandera, celebran el valor de vivir bajo sus propias leyes e instituciones, una aspiración universal por la que el pueblo ucraniano resiste y defiende la Carta de las Naciones Unidas.

El lema que corona el escudo nacional panameño, Pro Mundi Beneficio, trasciende las fronteras del istmo. Encarna una vocación histórica de tender puentes, facilitar el comercio global y promover la concordia entre los pueblos. Panamá conoce de primera mano la importancia vital de mantener las rutas marítimas abiertas, seguras y protegidas de la coacción.

​ Ucrania, aun en medio de una agresión no provocada, comparte esa misma responsabilidad. Mediante la defensa de sus corredores marítimos en el Mar Negro, continúa garantizando la seguridad alimentaria de millones de personas en el mundo. La navegación pacífica y el orden jurídico internacional son bienes de todos: lo que amenaza la paz en Europa del Este resuena en las cadenas de suministro y el comercio marítimo, de los que Panamá es guardián natural.

La distancia geográfica entre el Istmo de Panamá y el corazón de Europa se disuelve frente a los principios que compartimos: el respeto estricto al derecho internacional, la inviolabilidad de las fronteras, la solución pacífica de las controversias y la defensa irrestricta de los derechos humanos.

​Agradecemos profundamente el respaldo consistente de Panamá en los foros multilaterales a la soberanía e integridad territorial de Ucrania y a la consecución de una paz justa, duradera y sustentada en la legalidad internacional. En tiempos donde el orden internacional basado en reglas enfrenta graves desafíos, la voz clara de naciones democráticas como Panamá es indispensable para preservar la convivencia pacífica entre los pueblos.

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