• 28/11/2008 01:00

¿Por qué nos une una cinta?

Aunque a simple vista es uno más del curso, quienes conocen a fondo los detalles de su corta historia saben que sus días transcurren en ...

Aunque a simple vista es uno más del curso, quienes conocen a fondo los detalles de su corta historia saben que sus días transcurren en la inocencia de una infancia que además de convivir con el amargo sabor de la pobreza, en un futuro muy cercano también deberá enfrentar el implacable látigo de la discriminación, el profundo dolor de la marginación y las terribles secuelas de un mal que, sin mutuo consentimiento, se hospedó en sus adentros desde el momento en que quienes optaron por traerlo a este mundo pasaron por alto hacerlo con la seriedad y responsabilidad del caso.

Sus diminutos pasos perdieron la prisa característica de un niño de su edad. Las aventuras y desafíos que trae consigo cada etapa del desarrollo infantil fueron truncados por un perenne cansancio, que desde que tiene uso de razón ronda su entorno, como penitente que no acaba de saldar su pena. La vaga y confusa imagen de sus padres, que en ocasiones toca la puerta de la curiosidad, refleja el instintivo anhelo del hombre por conocer su estirpe... que se oculta tras el velo del inconmensurable afecto seudo materno de la abuela y el de su tutora, que poco a poco empieza a resquebrajarse, en ocasiones por la madurez propia del pensamiento y en otras ante la más visceral y odiosa deidad humana de la maldad.

Cada año transcurrido es más probable que sea su último de vida; sin embargo es otra oportunidad que Dios obsequia a dos mujeres, que tanto en casa como en el aula, dividen a destajo la ardua labor de educarlo y hacer de su contada estadía terrenal, lo mejor de su existencia. Esta es una muestra de las maravillas de una profesión que, además de enseñarnos a difundir las verdades y exactitudes de las ciencias, también revela — a quienes descubrimos en ella más que una forma de subsistencia — las satisfacciones que rinde el depositar en cada jornal una semilla de amor e ilusión en el corazón de nuestros hombres del mañana, llevando siempre adelante el estandarte de la entrega y dedicación por una labor innata que bien desarrollada se planta frente a la injusticia, se empina sobre las adversidades, y termina haciendo de ellas un manantial de dicha y esperanza.

Estas loas van dirigidas a esos héroes anónimos, adalides de una especie en extinción, que ajenos al conductismo o constructivismo, a fuerzas de izquierda o derecha, a redes de oportunidades o telarañas de campañas electorales, sólo con la disposición y buen ánimo de modelar profesionales íntegros, surcan las dificultades del complejo proceso de enseñanza — aprendizaje, trabajando sin claudicar bajo la luz del matinal lucero, sin sombra de gremio alguno que los cobije y musitando en lo más profundo de sus adentros un sublime adagio que expresa: “si todos queremos... todos podemos...”. Gloria a ese ser abnegado! Espero ahora comprendan... el porqué nos une una cinta.

-El autor es financista y docente.alfasa13@cwpanama.net

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