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- 08/06/2016 02:01
Violín femenino
La sección de violines de la Orquesta Sinfónica Nacional de Panamá es una de las que mayor cantidad de mujeres ejecutantes posee. En los conciertos, casi la mitad del grupo de las cuerdas a la izquierda se compone de damas que imponen su sensibilidad y rompen el tiempo en el aire, como diría una canción, al deslizar el arco sobre las cuerdas. Esto es una garantía para la interpretación, por la diversidad y unidad musical del colectivo.
Melanie Taylor es una de estas violinistas que al meterse en los conciertos, lo hace con varios motivos. Uno de ellos es su talento para alcanzar a reproducir los sonidos que le brinda el pentagrama. Además, al hacerlo está segura de que se logra una mediación entre el individuo y el ambiente que le rodea. Por eso se desenvuelve en la musicoterapia como disciplina que imparte en el nivel universitario. Y lo último, es el amplio sentido de diversión melódica.
Esta razón, quizá fue la que le hizo convocar a un concierto como solista en un distinguido hotel de calle 50. Con el título de Violin dreams , se propuso llevar a un escenario distinto sus capacidades artísticas con un repertorio más amplio que lo que acostumbra a desarrollar en el conjunto orquestal. Se apareció junto a un tecladista esa noche y propuso que se divertiría para simultáneamente complacer a la audiencia.
Escogió para abrir el concierto Verano de Antonio Vivaldi y junto a su acompañante presentó una variable de esta célebre pieza del grupo de las estaciones del compositor italiano. De todas, es la más alegre; pone el tono festivo en el periodo y al ser concebida en una temporada de mucho calor y sol, su autor le puso el efecto de la realidad ambiental sin descuidar ruidos de animales, vegetación y el florecimiento de los campos.
Se dice que Vivaldi era muy literario en su trabajo de creador sinfónico. Para Melanie, esto no es una contingencia, pues ella es escritora y autora de varios libros de cuentos; como Amables predicciones , Tiempos acuáticos y Microcosmos. Sus relatos han aparecido en varias antologías. Uno de ellos, Baile con la muerte , está incluido en la colección centroamericana Un espejo roto , reunida por el hombre de letras nicaragüense Sergio Ramírez.
Ella dejó la propuesta clásica atrás y a continuación se encaminó por territorios diversificados. Tomó a los Beatles y expuso un tema de ellos. Luego fue el tango con la melodía Por una cabeza , de Carlos Gardel; también brindó uno de los éxitos de John Williams y llegó a Alfonsina y el mar de Mercedes Sosa. Después de hacer una explicación del valor de la escritora Storni, leyó su poema Mar adentro , premonición de su desenlace.
Como muestra de la afinidad con el estilo de otras mujeres artistas en esta especialidad, Melanie seleccionó un trabajo de Vanessa Mae, Son of the garden. Después, expuso una selección de Erik Satie, minimalista e impresionista. Además, se inspiró en Astor Piazzola y otros autores para dejar oír sus canciones y terminó con una pieza en dos tiempo; primero Para Elisa de Beethoven y Tico tico , el rítmico éxito de Zequinha de Abreu.
El variado ramillete que ofreció la violinista Taylor, permitió apreciar su capacidad interpretativa en diferentes circunstancias o momentos. Esto tiene que ver con sus posibilidades y capacidad de trabajar en varias escalas, tanto en clásicos tan exigentes como el maestro veneciano Vivaldi hasta recoger muestras de la cultura de varios continentes y lograr armonías entre diferentes estilos.
El concierto de ella permitió apreciar cómo son las manifestaciones de alguien con una sólida formación en varios campos de disciplinas sociales, pero con un poderoso sentido de expresión y musicalidad.
PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.