El Gobierno de Perú moverá todos los días feriados a los viernes para así potenciar el turismo interno y mejorar la productividad, informó el ministro...
- 17/08/2026 00:00
La educación panameña no puede darse el lujo de perder otro quinquenio. La salida de Lucy Molinar del Ministerio de Educación deja un balance marcado por cuestionamientos, decisiones polémicas y, sobre todo, por la incapacidad de convertir los discursos de reforma en resultados concretos para los estudiantes. Ahora, la designación de Ventura Vega, un político sin experiencia en el sector educativo, abre nuevas dudas, sobre todo ante una entidad compleja, deteriorada y llena de desafíos acumulados. Sin embargo, el país tampoco puede quedarse atrapado en la crítica. Todavía existe una oportunidad para que el gobierno dé un verdadero cambio de timón. Vega debe demostrar, si realmente tiene voluntad de cambio, que no será simplemente un relevo administrativo, sino el inicio de una transformación basada en prioridades claras: mejorar los aprendizajes en matemáticas, ciencias y lectura; ejecutar las inversiones pendientes; fortalecer la formación docente; recuperar las evaluaciones estandarizadas y cumplir los acuerdos educativos que Panamá lleva décadas acumulando. Además, debe haber una estrategia que vincule la política educativa con la economía, no solo con los sectores donde están los negocios del poder, sino con el desarrollo nacional. Detrás de cada estadística de fracaso académico, deserción y brecha educativa hay sueños truncados de nuestra juventud. Panamá ya ha producido suficientes diagnósticos, pactos y consensos. Lo que falta es voluntad para ejecutarlos. Si el gobierno no corrige el rumbo ahora, la educación pública enfrentará otro quinquenio perdido y la juventud pagará, una vez más, el precio de la indolencia.