Alerta sísmica en Panamá: el país busca ganar segundos ante un terremoto

  • 17/08/2026 00:00
Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, explica cómo funcionaría una alerta temprana, cuánto tiempo podría tener la población y qué falta para implementarla.

El terremoto de magnitud 7,2 registrado en Colombia el pasado 10 de agosto volvió a poner sobre la mesa una pregunta que suele aparecer después de cada movimiento telúrico que se siente en Panamá: ¿qué tan preparado está el país para enfrentar un terremoto de mayor magnitud?

El sismo, ocurrido a las 7:34 a.m. y localizado en territorio colombiano, a unos 350 kilómetros al sureste de Jaqué, también fue percibido en sectores de Panamá como La Chorrera, Coclé, Penonomé, la ciudad capital y Colón.

El evento no dejó daños reportados en el país, pero sí provocó evacuaciones en distintos puntos. Para Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, Panamá ha avanzado en prevención y monitoreo, aunque todavía tiene tareas pendientes.

“Panamá sigue avanzando, igual que los países de la región, en prepararse ante eventos que puedan generar desastre en la población”, explicó.

El país cuenta con una red que permite detectar, localizar y reportar los sismos. Lo que todavía está en discusión es cómo utilizar esa información para enviar una advertencia a la población antes de que lleguen las ondas sísmicas más fuertes.

Para ello no basta con instalar sensores. Se necesitan equipos, transmisión de datos, software, servidores, personal especializado, sistemas de comunicación y mecanismos para emitir las alertas. También es fundamental preparar a la población.

De detectar un sismo a poder advertirlo

Luque explicó que un sistema de alerta temprana funciona aprovechando los primeros segundos de un terremoto. Los sensores detectan las primeras señales generadas por la ruptura de una falla y envían la información a servidores que deben procesarla rápidamente. Primero llega la onda P y posteriormente la onda S, asociada a una sacudida más fuerte.

“Cuando decimos temprana, estamos hablando de segundos”, aclaró Luque.

La alerta no permite saber con horas o días de anticipación que ocurrirá un terremoto. El movimiento ya comenzó cuando se activa el sistema.

La idea es aprovechar el intervalo entre la llegada de la primera señal y las ondas más fuertes para que determinadas zonas reciban una advertencia.

¿Cuánto tiempo tendría Panamá?

El margen dependería de la ubicación del epicentro, la distancia de la población y la distribución de los sensores. Panamá tiene una particularidad: “Panamá es muy estrecho. Panamá es un istmo”, explicó Luque. Algunas zonas con mayor actividad sísmica se encuentran relativamente cerca del territorio.

En lugares cercanos al origen del terremoto, el aviso podría ser de apenas unos segundos. En zonas más alejadas, el tiempo aumentaría.

“En el mejor de los casos, vamos a decir que 50 o 60 segundos, un minuto, en el mejor de los casos”, señaló.

Ese margen no sería igual para todo el país. Luque puso como ejemplo las zonas cercanas a la actividad sísmica en el occidente, donde el aviso podría ser de 10 segundos o menos, mientras que en la ciudad de Panamá podrían existir 30 o 40 segundos, dependiendo del evento.

Google podría ser parte de la solución

Una de las posibilidades que analiza la comisión creada para estudiar la alerta sísmica es utilizar el sistema de Google para enviar avisos a dispositivos móviles.

La propuesta contemplaría que las estaciones sísmicas desplegadas por la Universidad de Panamá alimenten el sistema de alerta. Pero Google no sería una solución por sí sola.

“Mejorar el sistema de detección sísmica, de la cobertura que tiene y la capacidad para que pase de un sistema de monitoreo o detección de sismo en tiempo real, a un sistema de alerta temprana de sismos”, explicó Luque.

Otra alternativa son las sirenas, como ocurre en México. Sin embargo, cualquiera de los modelos requeriría una combinación de elementos.

“Es una combinación de cosas. Los sensores, la transmisión, los software que puedan evaluar la información y generar el aviso, y la preparación de la población”, dijo.

La educación es clave. “Porque si bien sonara esa sirena, pero la gente no sabe para qué es esa sirena, no va a funcionar”.

Lo mismo aplicaría a una alerta enviada al celular: la población tendría que saber qué significa y cómo reaccionar.

Equipos, dinero y personal

La implementación requeriría sensores sísmicos, sismómetros de banda ancha, acelerómetros de rango dinámico, software y sistemas de comunicación.

Además, habría que garantizar recursos para el mantenimiento de los equipos, contratar y capacitar personal y establecer la conexión entre los sensores y los mecanismos que emitirían los avisos.

“Hay que comprar equipos, hay que comprar sensores sísmicos, sensores, sismómetros de banda ancha. Hay que comprar acelerómetros de rango dinámico”, explicó Luque.

En junio pasado, Geociencias había estimado que requeriría entre $1,5 millones y $3 millones para fortalecer su infraestructura y avanzar hacia un sistema de alerta temprana.

Actualmente, el Instituto mantiene alrededor de 65 estaciones en el territorio nacional, aunque enfrenta dificultades de conectividad y suministro eléctrico, especialmente durante la temporada lluviosa.

La tecnología también tendría que pasar por un proceso de integración y pruebas.

“Como cualquier ciclo tecnológico, viene ahora la parte de la integración de todo esto. La orquestación de que todo funcione. Después viene la parte de las pruebas”, explicó.

El objetivo sería reducir errores y falsas alarmas antes de poner el sistema en funcionamiento.

También hacen falta especialistas

La infraestructura necesita profesionales capaces de operarla y mantenerla. “Bueno, todavía no, pero sí se están formando”, respondió Luque al ser consultado sobre si Panamá cuenta con suficientes especialistas.

Según su conocimiento, actualmente hay tres personas formándose en sismología: una a nivel de doctorado y dos de maestría. El sistema requeriría capacidades en sismología, instrumentación, ingeniería, procesamiento de datos, programación y mantenimiento.

Una comisión prepara la ruta

La propuesta no está siendo analizada únicamente desde Geociencias. Existe una comisión integrada por un representante de la Presidencia con asesoría de expertos en tecnología, Luque por el Instituto de Geociencias, representantes de la Universidad Tecnológica de Panamá y de la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental (AIG).

También se consideran otros actores vinculados con la gestión del riesgo y la infraestructura crítica.

“Estamos en reuniones de discusión, armando una agenda de ruta para la propuesta de lo que va a implementar Panamá”, explicó Luque.

Por ahora, todavía no existe una decisión definitiva sobre el modelo que se utilizará ni sobre la cantidad final de equipos requeridos.

El principal paso pendiente es presentar la propuesta en firme y conseguir los fondos para implementarla.

El sismo de Colombia también mostró avances

El movimiento del 10 de agosto permitió observar cómo reaccionaron algunas instituciones. Luque considera que hubo señales de avance en la cultura de prevención. Brigadas, trabajadores y centros educativos aplicaron protocolos de evacuación que habían practicado previamente.

“Cuando hubo este sismo de Colombia, se vio que esta cultura ha avanzado porque se aplicaron lo que han aprendido en cada una de las instituciones”, señaló.

También destacó la importancia de los simulacros y de reducir los tiempos de evacuación, pero de manera ordenada y segura. “Que nadie se atropelle en las escaleras”, resumió.

Panamá cuenta además con mecanismos institucionales de preparación y un simulacro nacional previsto para octubre, según explicó el especialista.

Los terremotos de la región no forman una cadena

Los recientes movimientos registrados en Colombia, Venezuela, Honduras, El Salvador, Guatemala y otros países han generado dudas sobre si existe una relación entre ellos. La respuesta de Luque fue directa: “Los eventos son independientes unos de otros”.

Lo que comparten es una región tectónicamente activa, donde interactúan grandes placas. La actividad sísmica se produce por la acumulación de esfuerzos en las fallas. Cuando esa energía supera la resistencia de la estructura, ocurre una ruptura y se libera la energía acumulada.

Después pueden producirse réplicas mientras las estructuras geológicas vuelven a acomodarse.

“En algún momento esa acumulación de esfuerzos llega a un límite”, explicó.

Los ciclos de recurrencia de los eventos sísmicos pueden presentar periodos de retorno de entre 100 y 200 años, con márgenes de error de 10 o 20 años. Sin embargo, eso no permite establecer una fecha para el próximo gran terremoto.

“La fecha precisa en que volverá a haber un evento de gran magnitud no se puede hasta hoy en día determinar con un nivel de exactitud y precisión muy alto. Eso todavía no se ha logrado”, afirmó.

Panamá conoce sus zonas de mayor actividad

Geociencias mantiene estudios sobre amenaza y zonificación sísmica y monitorea permanentemente la actividad. El instituto también ha colaborado con el Instituto Geográfico Nacional Tommy Guardia en la actualización del Atlas de Panamá y del mapa tectónico del país.

Los registros muestran que las zonas donde históricamente se han producido sismos continúan concentrando actividad, entre ellas la zona de fractura de Panamá y los cinturones deformados del norte y sur.

“Las áreas donde ya ha temblado antes es el área donde sigue temblando”, explicó Luque.

Ganar segundos, no predecir terremotos

La discusión sobre una alerta temprana no busca predecir los terremotos. Busca aprovechar el corto intervalo entre el inicio de la ruptura y la llegada de las ondas más fuertes.

Esos segundos podrían permitir que una persona se coloque en un lugar seguro, se aleje de una zona peligrosa o que una institución active un protocolo.

El desafío para Panamá es convertir ese margen potencial en una herramienta real. Para ello deberá definir el modelo tecnológico, conseguir los recursos, fortalecer la red de monitoreo, formar especialistas y establecer mecanismos que lleven el aviso a la población.

Como explicó Luque, un sistema de alerta no depende únicamente de la tecnología. “La educación es un componente fundamental para poder que un sistema de alerta temprana sea efectivo”.

El terremoto de Colombia no provocó una emergencia en Panamá, pero volvió a colocar la prevención sísmica en el centro de la conversación. La tarea ahora es convertir esa discusión en una ruta concreta para que, cuando vuelva a temblar, el país no solo pueda decir “detectamos el terremoto”, sino también “pudimos avisar a tiempo”.

Néstor Luque
Director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá
La educación es un componente fundamental para que un sistema de alerta temprana sea efectivo”
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