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26 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Lector Opina

Se necesitan docentes con verdadera vocación

La realidad social que vivimos no escapa de la morbosidad y críticas capciosas que dejan mucho que decir de la verdadera educación que e...

La realidad social que vivimos no escapa de la morbosidad y críticas capciosas que dejan mucho que decir de la verdadera educación que enfrentamos en este siglo. Hacen falta docentes con verdadera vocación como los de otrora, porque muchos solo piensan en sus propios intereses y, además, carecen del verdadero perfil profesional.

Panamá enfrenta verdaderos desafíos que afloran en un marco de más exigencia por más y mejor educación por parte de la comunidad nacional y, por otro lado, lo que los “docentes” solicitan en cada una de sus protestas. Los panameños no podemos dejarnos arrastrar por esa ola de irresponsabilidades; los llamados a enseñar deben ser reevaluados en sus funciones, ahora, por el bienestar de la educación nacional.

Recuerdo en mi infancia docentes que se preocupaban por educar a sus alumnos con valores y una profunda vocación que no solo transformaba a los educandos, sino que unió a los padres de familia y permitió una verdadera comunicación. Hoy, todo ha cambiado, porque los valores se han perdido, y en ese marco, tenemos padres que agreden al docente, educadores que se enfrentan a los estudiantes y viceversa.

No es posible que se sigan postergando los valores en nuestra sociedad. La acción educativa merece mejores días. No podemos permitir que nuestros hijos crezcan pobres en conocimientos. Los futuros hombres y mujeres de esta patria requieren de una educación de altura y de docentes comprometidos con los valores cívicos, éticos, morales y con el desarrollo nacional. El acceso de los docentes a un proceso real de modernización supervisado, para que surta efectos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, permitirá tener educadores con perfil social que trascienda su capacidad para enseñar y que logre incentivar en el alumnado efectos positivos en su vida futura.

Preocupémonos, entonces, por la educación de nuestros niños y jóvenes desde hoy, porque mañana puede ser demasiado tarde, y no olvidemos que el docente con vocación vive para servir, mientras que aquel que no se apasiona, solo se sirve de la educación. ¡Enseñar es una pasión!

*Periodista.opinion@laestrella.com.pa