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28 de Mar de 2020

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Rafael Carles

Lector Opina

El español conquista los “States”

Y la obra Cien años de soledad de García Márquez es asignada a estudiantes de secundaria.

Mi hija Laura terminó ayer su universidad en los Estados Unidos y comenta que en estos últimos cuatro años vio que, del total de estudiantes que se inscriben en los cursos de lenguas extranjeras, la mayoría elige el español. Y al analizar, cuenta que el español no solo es el idioma más estudiado, sino que su literatura se ha convertido en la literatura extranjera más leída en lengua original. Sin duda, esta tendencia es tan fuerte que no solo ha convertido al español en la segunda lengua del país más poderoso del mundo, sino que centenares de miles de angloparlantes llegan a la universidad con el español dominado correctamente como segunda lengua.

Todo esto sucede, a pesar de que la difusión de nuestro idioma debe enfrentar en los Estados Unidos algunos escollos graves. Por ejemplo, cada día es más patética la falta de libros en español. Las editoriales españolas están ingresando tímidamente a ese monumental mercado, pero las latinoamericanas todavía ni se han percatado del potencial mercado ni cómo actuar en un ámbito tan moderno y dinámico.

La mayoría de los libros que se consiguen allá llegó gracias al esfuerzo individual de los profesores y al trabajo que realizan las maravillosas bibliotecas norteamericanas.

Pero el obstáculo más importante que enfrenta la difusión del español no se relaciona con problemas técnicos, sino que tiene una profunda raíz cultural negativa: en los Estados Unidos, el idioma de Cervantes se asocia con lo que allí llaman peyorativamente ‘hispanic', una forma de vida circunscrita a la pobreza y al pecado, muy distinta a la que los estadounidenses blancos denominan bendición divina. Ese ‘pecado' se basa en una familia numerosa y se agrava debido a que suelen abandonar los estudios en una edad muy temprana.

Las estadísticas están del lado de los puritanos. Comparando con todos los demás norteamericanos (no solo con los angloparlantes blancos, sino también con los afroamericanos y con los de origen asiático), los ‘hispanic' son el grupo que posee el menor nivel educativo y el que menos valora estudiar, el que tiene menores ingresos, el que puebla mayoritariamente las cárceles (hay más ‘hispanic' detenidos que cursando en la universidad).

Entonces, ¿a qué se debe que el español se expanda como segunda lengua entre los angloparlantes norteamericanos? Muchos dicen que cincuenta millones de hispanohablantes viviendo allí son más que suficientes para obligar a los que hablan inglés a que se tomen en serio al español. Sin embargo, en la historia no abundan ejemplos de culturas dominantes que aprendan por simple presión del número la lengua ni la cultura de los dominados. Con el español en los Estados Unidos sucede algo inédito: es una de las pocas veces en la historia que una lengua hablada por un sector desvalorizado produjo una de las más ricas literaturas del mundo. Una literatura que ya tiene mil años, en la que se han escrito cientos de obras maestras y que goza de amplia difusión internacional.

A Cervantes no solo se le lee en las universidades norteamericanas, sino que la traducción inglesa de sus complejos ensayos aparece en las listas de ‘best seller' de Amazon.com. Los versos de Pablo Neruda se transmiten en emisoras de Nueva York. Y la obra Cien años de soledad de García Márquez es asignada a estudiantes de secundaria.

Si al prestigio de la literatura se le suman las demás manifestaciones artísticas latinoamericanas que gozan de amplio consenso en los Estados Unidos, lo que el mundo angloparlante norteamericano ve de los hispanos es algo inquietante por lo inexplicable. Ve una población que en gran parte no solo vive en la pobreza, sino que además desarrolla un estilo de vida que para ellos es el que perpetúa esa miseria, una especie de autoflagelación en la caída. Pero nosotros los hispanos vivimos en ebullición creativa, escribimos una literatura que se está colando en la cotidianidad norteamericana y sonamos una música que los hace vibrar y gozar. Y fundamentalmente hablamos un idioma que alegra y que a lo mejor los hace pensar que la lengua que produjo a Cervantes, a Quevedo, a López de Vega y Rubén Darío debe tener detrás una cultura que vale la pena descubrir. Y lo está haciendo.

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