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- 09/08/2015 02:00
El futuro de la medicina alternativa
Ante los temores que despierta lo novedoso, cada vez que se encuentran nuevas curas para enfermedades tradicionales, conviene oponer argumentos sin pasiones ni opiniones que descalifican los beneficios masivos de la medicina alternativa, una rama de la medicina natural que combina los descubrimientos de la medicina tradicional con conocimientos básicos de química, física, biología, botánica y geología.
Por mucho tiempo, la innovación científica ha confirmado lo que por siglos ya se sabía. La naturaleza provee una cantidad importante de hierbas, rocas y raíces con propiedades terapéuticas y curativas. Es cierto, la ciencia ha sido el motor del progreso humano al darnos la rueda, la máquina de vapor, la electricidad y la computadora. Pero también nos dio las armas nucleares. Y por eso ahora está en nosotros decidir cómo utilizar esos descubrimientos y cómo orientar sus aplicaciones.
Actualmente nos encontramos en una frontera paradigmática. La medicina alternativa probablemente sea, en este siglo XXI, lo que la tecnología fue en el siglo XX. Sus implicancias son profundas; sus beneficios, potenciales y masivos. Y, como siempre, están los que sostienen que determinados aspectos del conocimiento son, en su esencia, indeseables y no deberían considerarse.
La respuesta a estos argumentos pueriles es la de regresar a los principios básicos del método científico y no juzgar antes de conocer los datos. Esto debería ser válido, incluso, en áreas tan sensibles como los tratamientos contra el cáncer en los cuales, debido a los estrictos protocolos, existen preocupaciones ilegítimas sobre el uso de una alimentación natural. Sería un error impedir que los pacientes consuman hierbas y raíces por el simple hecho de que algunos no los quieren. Es sustituir argumentos por agresión.
Debemos llegar a los datos primero para luego juzgar sus consecuencias, porque existe el peligro de que, sin darnos cuenta o incluso sin querer, nos volvamos contra la naturaleza. Y la distinción reside en lo siguiente: nuestra convicción sobre aquello que es natural o correcto no debería impedir el rol que ejerce la ciencia en el descubrimiento de la verdad; más bien, debería darse información sobre las consecuencias de la verdad que la ciencia descubre.
Gracias a la medicina alternativa, en los próximos diez o veinte años podremos erradicar los principales asesinos de la sociedad: el cáncer, las enfermedades coronarias y la diabetes. Igualmente es un arma muy potente contra enfermedades degenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. La gente no solo puede aspirar a vivir más tiempo, sino también a vivir de un modo más satisfactorio.
La medicina alternativa representa un mercado mundial que supera actualmente los 300 000 millones de dólares. La cantidad de personas involucradas de forma directa y en actividades correlativas, junto con aquellas cuyo trabajo depende de sus aplicaciones, sobrepasan los seis millones. La medicina alternativa, como el resto de la economía del conocimiento, es inequívocamente global. Panamá está en condiciones de competir con otros países, si entiende las reglas del juego y aprovecha los incentivos del mercado. En ese sentido, las autoridades y las empresas deben tener confianza y estar seguras de que los potenciales beneficios superan por mucho los riesgos.
Es por eso que debemos replantear el marco legal y reforzar el ámbito protocolar. Y para muestra un botón: es ilógico e inhumano la restricción de jugos naturales para los pacientes de cáncer después de sus sesiones de quimio y radio terapia, con la excusa de que son alimentos no procesados y pueden contener bacterias. Pero las implicancias para la salud pública no se detienen ahí. El enfermo de cáncer es una persona afectada física, emocional y mentalmente y sabemos, porque la ciencia lo ha demostrado y cientos de estudios lo han validado, que la cantidad de vitaminas, minerales y enzimas que contienen los jugos naturales de frutas y vegetales son vitales para aliviar los síntomas, el sufrimiento y el dolor que causan los tratamientos de la medicina invasiva.
El premio del éxito de la medicina alternativa no es solo comercial. Podemos frenar epidemias continentales como la obesidad, podemos bloquear las enfermedades genéticas que reducen la esperanza de vida de tantos niños, podemos revertir la tendencia ascendente de enfermedades no transmisibles y ofrecer a las generaciones futuras la perspectiva de una vejez activa. Hacer que Panamá se ubique en los primeros puestos en este campo es un desafió para todos los panameños.
Esperamos que todos colaboremos y que nuestro Gobierno esté empeñado.
EMPRESARIO