05 de Dic de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La mafia del transporte

PERIODISTA. A través de los años, hemos sido testigos de las atrocidades que han cometido los que integran el gremio de lo que se conoc...

PERIODISTA

A través de los años, hemos sido testigos de las atrocidades que han cometido los que integran el gremio de lo que se conoce como la Cámara Nacional del Transporte en contra de ciudadanos a quienes han causado muertes, lesiones permanentes, inhabilitaciones para estudiar, trabajar o lograr el sustento para sus hogares. Justo es decir que, pese a los señalamientos de la colectividad en torno a la mala imagen, a fuerza de ser honestos, hay que hacer la salvedad de que existen personas serias y responsables que se sientan a diario detrás de un volante, para llevar el sustento a sus hogares.

Han sido cientos de familias las que han sido marcadas por las desgracias que ha generado a través de los años, este segmento de nuestra sociedad, que amparado por un certificado de operación, que de forma gratuita les otorgó el Estado, logrando forjarse como un frente político de presión a favor de sus dirigentes.

Si bien tenemos que hacer alusión que no son todos los transportistas los que han deteriorado la imagen del gremio, es bueno recordar que muchos de ellos no cumplen con el reglamento vigente. Hay que observarlos amenazarnos con acciones de paralizaciones, con acciones que incluyen cierre de vías, paralizaciones del servicio, afectaciones a tercero, lo que al final genera una serie de traumas sociales, entre los que sobresalen gasto excesivo de combustible, destituciones de empleados que no pueden llegar a tiempo a sus empleos, enfrentamientos físicos, enfermos que han fallecido por no poder recibir atención médica a tiempo, citas con especialistas o con médicos generales que se pierden, por la paralización del transporte.

La mafia del transporte, como muchos en la sociedad definimos a estos grupos, aprendió a exprimir a los gobernantes de turno. Con los militares, se plegaron a sus órdenes y caprichos, logrando prebendas de todo tipo, que incluían exoneraciones de impuestos, eliminación de pagos fiscales, nombramientos, becas, dinero, propiedades, terrenos y valores que sumaron millones de dólares que no han devuelto a la Cosa Pública.

En los libros contables del Banco Nacional de Panamá existen deudas millonarias de los grupos transportistas. La más reciente lesión a los dineros públicos, la cometieron durante la gestión de Mireya Elisa Moscoso, a quien le transaron 30 millones de dólares para renovar la flota de ‘diablos Rojos’, lo cual jamás se cumplió; en esa oportunidad, con la cabeza baja y jurando cumplir con las responsabilidades financieras adquiridas, esos señores se llevaron el dinero de todos en el país, y no han cubierto los saldos, los intereses ni las multas que estipula la Ley. Lo que es extraño, es que el propio Banco Nacional de Panamá no ejecuta las fianzas legales que ellos picnoraron para poder recibir esos dineros.

El simple hecho de la amenaza, no es más que los ladridos acostumbrados de un gremio que pierde fuerza y beligerancia en la vida nacional. Con la llegada del sistema de transporte moderno que empezamos a tener en la ciudad, no habrá cabida para esa mafia que nos ha tenido secuestrados durante muchos años.

Como cuando mantenían toda la beligerancia del mundo a su favor, la dirigencia transportistas actual, negocia detrás de la puerta y a espaldas de sus agremiados, canonjías y prebendas para plegarse sutilmente a los deseos de los gobiernos de turno. Con el cuento de que ‘están sumados’, siguen recibiendo y pidiendo de todo por atender la intención firme de este gobierno de modernizar el servicio de transporte con cobertura de seguros, paradas modernas, pago de prestaciones a los conductores, todo lo cual mejorará la imagen de la muy noble y leal ciudad de Panamá, ante nosotros mismos y ante el resto del mundo que nos visita.