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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

‘Se lo llevó candanga’

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.. El muñeco Casimiro le preguntó a Álvaro Alvarado sobre el origen de la expresión ‘se lo llevó cand...

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

El muñeco Casimiro le preguntó a Álvaro Alvarado sobre el origen de la expresión ‘se lo llevó candanga’. Como no tuvo respuesta, inquirieron a Rafael Candanedo, quien hace un segmento en el programa matutino de Telemetro y el profesor les dijo que buscaría el significado de la frase. Es algo poco común entre los comunicadores locales, el conocer la procedencia de las palabras que utilizan.

Candanga es un término extraño, no tiene una etimología propia de las lenguas romances y por tanto no se ubica su origen en el latín. Estudiosos como Gary E. Scavnicky, al analizar su estructura y sobre todo su terminación, consideran que proviene de alguna lengua africana, de la que el español tomó prestada y que significa ‘diablo’. Pero la forma ‘anga’, sugiere un uso despectivo, al igual que otras similares.

Así, en Cuba, El Salvador, Honduras y Nicaragua, se encuentra el sentido de ‘que se lo lleve el diablo’. En estos países centroamericanos y en la isla caribeña, hay la noción de ocupación o situación que produce molestia o hastío; corresponde también a una experiencia embarazosa.

A través del tiempo y de las culturas, la idea del tránsito luego de la muerte ha estado presente, así como la sensación de un recorrido de las almas. En la mitología grecorromana, existe esa imagen.

Por esta razón a los difuntos se les colocaba sendas monedas en los ojos (para mantenerlos cerrados) y bajo la lengua, para que pudieran pagar a Caronte, el viaje a través de la laguna Estigia, rumbo al Hades, donde los esperaba el can Cerbero. Allí, según su actuación en la vida, se encaminaban hacia los Campos Elíseos (paraíso), el Tártaro (infierno) o a Asfódelos (purgatorio).

El escritor francés Baudelaire, en uno de sus poemas Don Juan en los infiernos, relata; ‘Cuando bajó Don Juan a la onda subterránea, / y cuando le hubo dado su óbolo a Caronte, / un sombrío mendigo, airado como Antístenes, / tomó con brazo fuerte y vengador los remos’.

La cultura prehispánica está llena de ejemplos de esta traslación de los difuntos para quienes sus deudos preparaban viandas, dinero y hasta equipajes. Hay un mito, por ejemplo, en Chile, que menciona a unas ancianas convertidas en ballena y que tienen compañeras que ‘cobran’ al viajero por el traslado y él paga con las monedas que han dejado en su sepultura para esos afanes.

La tradición está presente igualmente no solo en el periodo clásico griego y romano, sino de mucho tiempo antes, en épocas del florecimiento de las dinastías orientales, que tienen mitos parecidos sobre trayectos que deben ‘pagar’ los viajantes.

Hay la costumbre en las provincias panameñas, de colocar un ramito de albahaca y agua en el velorio para que el espíritu ‘se vaya’.

En algunas regiones de África hay ese concepto de recorrido, pero no es generalizada la imagen de ‘tarifas’; más bien, como en la doctrina de la transmigración en Issini, el mundo es eterno y el alma inmortal y, después de la muerte, aquella debe pasar a otra región que ponen en el centro de la tierra.

No hay una precisión sobre la palabra candanga y su aplicación en las lenguas africanas, pero se sabe que aludía al diablo como príncipe de los ángeles rebelados y el verbo llevar, nos ubica en esa situación de tránsito, viaje o sencillamente rapto hacia otro mundo.

La imagen de los pueblos caribeños, influidos por la cultura africana de los ancestros, quizás es la que ha dado ese sentido casi peyorativo. Ojo lector, a portarse bien; no sea que se lo lleve candanga.