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20 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Cuántos Panamá hay?

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.. Y o siempre me he preguntado si todos los que vivimos en Panamá vivimos en el mismo país. Es más, he ll...

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.

Y o siempre me he preguntado si todos los que vivimos en Panamá vivimos en el mismo país. Es más, he llegado a la conclusión que no, que cada cual vive en un país determinado por las circunstancias, emociones, pasiones, que sufre y que lo llevan a definir así el país en que está. Los españoles decían sabiamente, ‘cada cual habla de la feria según como le va en ella’. No es de extrañar que igualmente cada cual habla del país como le va en él.

Si mis negocios se están beneficiando del crecimiento de más de 9% del país, si mis ingresos me permiten vivir lujosamente y cómodamente aparte de pagar la seguridad privada que me garantice mi tranquilidad, Panamá va muy bien. Pero si mis ingresos apenas me permiten subsistir y vivo bajo la amenaza diaria de la delincuencia, recortando gastos para sobrevivir, entonces el país va mal. Es por eso que hay muchos Panamases, tantos como quieras aceptar.

Está el Panamá del gobierno, un país en auge, crecimiento, ejemplo para el área, donde el gobierno está atendiendo las necesidades populares, se invierte en infraestructuras que nos darán un mejor país, firmamos tratados internacionales para abrir nuevos mercados, trajimos el Mundial de Béisbol, traeremos los Juegos Bolivarianos, completaremos el Metro, haremos la Cinta Costera 3, un nuevo puente por el Canal, en fin, vamos bien y volando.

Luego está el Panamá de la oposición partidista, un país donde el Ejecutivo no respeta la Constitución ni la separación de los poderes, donde ha centralizado todo el poder y controla la Asamblea Nacional de Diputados, controla la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público, donde no hay fiscal electoral ni Contraloría General de la República, donde el Ejecutivo utiliza los fondos públicos para comprar diputados, alcaldes y representantes, donde las obras de infraestructura, hechas sin licitación, nos están costando tres veces el valor real.

El Panamá de la sociedad civil es otro, donde gobernantes y opositores son la misma cosa, todos los políticos pecan de corrupción y deseo de enriquecerse, donde no hay participación ciudadana y se gobierna sin consulta aprovechando la mayoría legislativa. No hay libertad de prensa y existe la intimidación a voceros civiles y periodistas. Un país donde los gobernantes mienten y hacen promesas incumplidas luego al gobernar.

Está el Panamá de los viejos, los que aun creen que en este país mandan los gringos, creen que todo lo que pasa es porque los norteamericanos lo desean, están seguros que le tiene al presidente un archivo secreto que lo controla para lograr que les firme lo que desean y que si el presidente no cumple le dan un indictment o bien lo tumban. Dan por un hecho que a todos los corruptos, aunque no sean denunciados aquí, les quitarán la visa antes que termine el gobierno.

Está el Panamá de los jóvenes, los que no creen que el mundo gira alrededor de la política, que sienten que el país va bien, hay todo tipo de fiesta, concierto, juegos y diversiones, viven emborrachados por la música y los pregones de disc jockeys y raperos, se ríen de la problemática nacional y no perciben el riesgo de la actual violencia en las calles. Son la generación de La Cáscara y Charlie Stuart, de In Fraganti y Miss Reef, de Figali Convention y Amador. El país va bien.

Luego está el Panamá de la canalla, el de los juegavivo, de la economía informal, que ha sabido siempre vivir de subsidios y prebendas del gobierno, que desde la época de Torrijos, luego Mireya Moscoso y Martín, ha encontrado ahora un gobierno que los supera a todos en ayudar al menos agraciado, donde la Red de Oportunidades ha sido superada por los 100 a los 70 y el Ángel Guardián, donde la cruzada del calzado se ha superado con la beca universal, útiles gratis a todos y hasta computadoras para estudiantes, donde se han mantenido subsidios del gas licuado, transporte público y energía eléctrica debajo de los 500 Kw, donde los antiguos Diablos Rojos fueron cambiados por cómodos Metrobuses. Para ellos, vamos bien, el país va bien.

Luego está el país de los turistas. Un Panamá que es una metrópolis en Centro América, un Miami entre San José y Bogotá, acogedor, amigable, con una población cariñosa y desprendida, con centros de compra envidiables y de bajo costos, con un costo de vida muy inferior al de sus países de origen, con muchas oportunidades de negocio e inversión. Un país en crecimiento, con un excelente centro bancario, telecomunicaciones, puertos y aeropuertos con conexiones a todo el mundo. Un país con estabilidad política y mucho futuro.

No dudo que habrá otros Panamases, pero ya con los anteriormente descritos tenemos un claro cuadro de lo difícil para el político en llegarle al electorado. ¿A cuál elector le vas a hablar? No dudo que nuestro país es muy singular, nacimos del interés de un grupo de colombianos residentes en nuestra provincia de separarse, junto al interés de los gringos en hacer un canal. La propia construcción del Canal atrajo por un lado inmigrantes de todo el mundo, buscando el sueño americano aquí, así como por otro lado miles de obreros para el Canal que luego permanecieron aquí. Pero, al final, todos los panameños, no importa en el Panamá que vivamos, lo que sí compartimos es el deseo de seguir viviendo aquí, vayamos bien, o viviendo quejándonos.