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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Que lástima

T odos los que me conocen bien saben que mi mayor pecado es ser optimista e ingenuo. Por optimista soy muy crédulo de lo que escucho que...

T odos los que me conocen bien saben que mi mayor pecado es ser optimista e ingenuo. Por optimista soy muy crédulo de lo que escucho que sea favorable a mis ideas y proyectos, por ingenuo me creo más de la cuenta de las buenas intenciones y capacidades de los que frecuento. Sé que pudiese haber trabajado en curarme de los dos factores que, reconozco, me han llevado a grandes decepciones a lo largo de mi vida, pero sinceramente quiero seguir siendo optimista y algo de ingenuo. Mi optimismo me hacía ver ganar en el 2009 a Balbina Herrera y mi ingenuidad me hacía creer, al ganar Ricardo Martinelli, en todas sus promesas, lo que proyectaba un gran futuro para el país.

Que lástima que en 30 meses tenga que aceptar que fui ingenuo. Ricardo Martinelli llegó al poder con una realidad, la unidad de los panameños, aunque solo fuera el 60% los que votaron con él, muchos de los que votamos con Balbina creíamos que realmente se iba a dar un cambio y que el nuevo gobierno iba a mejorar la forma de gobernar. Porque los discursos de Martinelli prometían muchos cambios, fin de la impunidad, separación de poderes, fin de la corrupción, eficiencia en el uso de los recursos del Estado, fin al amiguismo y uso de familiares, se iban a acabar las compras directas, no habría más derroche.

Que lástima que en la percepción popular, nada de esto ocurrió. Cierto que el gobierno ha iniciado obras excelentes, desde el Metro bus al Metro, desde asfaltar carreteras a hacer hospitales, desde la beca universal al programa 100 a los 70. Pero todos los gobiernos han hecho obras y desarrollado programas, muchos beneficiando al pueblo, como la Operación milagros, la Red de oportunidades, el fin de las escuelas rancho, y tantos otros del gobierno anterior. Pero en el gobierno anterior fue evidente que los allegados entraron limpios y salieron millonarios, fue evidente la corrupción, el mal manejo de la seguridad. Los logros del gobierno de Martín se opacaron en las elecciones por los vicios del gobierno. Hoy estamos viviendo algo similar, mejores proyectos, más impactantes macroproyectos, pero el temible mal de la corrupción, cierto o falso, se percibe.

Que lástima que no podamos algún día tener un gobierno de unidad nacional. Donde no exista el egoísmo partidista, donde no exista la exclusión por militancia partidista. Martinelli lo quería, o al menos decía quererlo, cuando repetía que gobernaría con los mejores, fueran del partido que fueran. Pero si ha habido un gobierno interesado en fortalecer el partido oficialista, en crecer en desmedida y comprando o no adeptos, ha sido este. ¿Qué necesidad tenía CD de crecer de 140,000 a poco menos de 500,000 miembros? ¿Por qué no puede gobernarse en Panamá con una Asamblea dividida entre los partidos, pero donde los diputados aprueben las leyes y proyectos buenos para el país, propuestos por quien sea? En Ecuador Correa llegó al poder sin un solo diputado, y fue reelecto. Aquí, donde no hay reelección, los presidentes actúan como para reelegirse.

Que lástima que no tenemos un país donde entiendan los políticos que el país es de todos, donde entiendan que tendríamos mejores proyectos si los avalara toda la sociedad, consultada previamente. En 1972 Omar hizo la primera apertura política, eligiendo 505 representantes de corregimiento, sin partidos políticos. Lo criticaron, pero fue la única época donde privó el interés nacional en las discusiones. En democracia, algunos países (EE.UU., ejemplo), los senadores no piensan en función de su partido ni línea de su partido. Son las consideraciones nacionales las que privan en sus deliberaciones. En Panamá sí seguimos la Asamblea, vemos que todas las votaciones son por partido.

Que lástima que no exista hoy un estadista en el gobierno, que haga un llamado creíble a la sociedad para que iniciemos un nuevo período bajo la unidad nacional, con un gran pacto social que permita desarrollar planes y políticas de desarrollo en salud, vivienda, agricultura, educación y seguridad. Una estrategia que todos los panameños avalemos en planes no de 5 años, sino de 20, donde los próximos gobiernos no puedan cambiar la estrategia ni los proyectos. Pero sé que simplemente he vuelto a ser optimista, por creer esto posible. Pero, me pregunto, ¿no vivimos todos en este país? ¿no somos casi todos familia o conocidos? ¿Por qué etiquetarnos de partidos y seguidores de líderes fallecidos para dividirnos?

Que lástima que no podamos los panameños, sin guerras ni guerrillas, ni luchas de clase, viviendo en un sociedad donde prevalece la paz y la comprensión, entendernos políticamente como para dejar a un lado las denuncias y persecuciones, sino simplemente actuar solidariamente por el desarrollo, donde las denuncias que surjan no salgan de opositores ni medios afectados por dueños, sino de la objetividad de periodistas serios y responsables, así como ciudadanos que en su deber denuncien malos manejos o situaciones anómalas. Porque no aspirar a un gobierno que actúe con transparencia y presente a la ciudadanía sus gastos, erogaciones, contratos y finanzas.

Que lástima que teniendo un país con semejante crecimiento, con un desarrollo envidiable, con estabilidad política y económica, vivamos en la constante confrontación entre CD, Panameñistas y PRD. Que ninguno de los bandos haga un llamado a la unidad nacional, que el simple interés de lograr el poder mantenga a todo el país enfrentado. Y, al final de cuentas, ¿el poder para qué? ¿para pelechar otras vez? ¿para enriquecer a los que no se enriquecieron antes?

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO