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25 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Señales de decadencia

N o hay dudas de que el país está cambiando. Yo creo que desde el punto de vista de la planificación urbana, hay cambios que serán muy b...

N o hay dudas de que el país está cambiando. Yo creo que desde el punto de vista de la planificación urbana, hay cambios que serán muy buenos y otros que amenazan, dramáticamente, las posibilidades de convivencia. Cambios que atentan contra el ambiente y el balance ambiental, que provocarán resultados adversos para la convivencia.

Por ejemplo, una de las áreas más hermosas de la ciudad capital ha sido destruida totalmente, cuando en realidad había otras opciones. Me refiero a lo que se conoció, hace algunas décadas, como la Plaza Shaler, un área verde, abierta; que se conjugaba con el Palacio Legislativo y con el monumento al presidente Remón. Era considerado el centro de la ciudad. Un descanso entre Calidonia y la avenida Central, no solo ambiental, sino un descanso visual. Un área con sus propias vivencias históricas relacionadas a la batalla del Puente de Calidonia (1900), la antigua Casa Müller y la presencia antillana, y los límites entre la ciudad de Panamá y la Zona del Canal. El cambio por cemento se ha tragado la belleza del lugar. El cruce elevado de la conexión de la Cinta Costera, y ahora, un edificio para la Asamblea de Diputados, han terminado por robarle este espacio histórico y hermoso a la ciudadanía, desfigurándolo permanentemente. No todos los cambios son buenos, menos los que no consideran los factores culturales y los que afectan la conciencia nacional.

Robert Fritz señaló que ‘un cambio en las estructuras conlleva a un cambio en el sistema organizativo’. No solo el desempeño de un ente administrativo, gobierno o estructura productiva, define las consecuencias sociales o culturales. Es decir, porque haya carreteras modernas, no necesariamente, cambiará el modo en que manejan los conductores. Porque se ha dado un incremento en el turismo que está representando ingresos significativos para las arcas del Estado, no significa (como muy bien nos hemos dado cuenta) que la cultura de atención al cliente del panameño ha mejorado a la par. La conducta de muchos sectores y organizaciones, indudablemente, tienen su incidencia en el estado de las cosas. E indudablemente, como ya he dicho un sinnúmero de veces, los medios masivos de comunicación son los aparatos moldeadores de la conducta social. De eso no deben dudar.

La actual situación política del país tiene fundamento en el papel que jugaron los medios durante la campaña política. Muchas personas votaron en contra, no a favor. Ese argumento volví a escucharlo esta misma semana en varios círculos de discusión. Fueron manipulados, dentro del proceso político, por esos medios y por sus bien diseñadas estrategias mediáticas y de publicidad.

Sesenta por ciento de la población votó por el actual gobierno. Ese porcentaje debemos leerlo de varias formas, no solo rechazo al PRD como gobierno. Pero, la situación del país de entonces, fue creada por una cadena de eventos, y con la participación de varios entes influyentes, incluyendo los medios. Y, lo que rechazó el pueblo panameño, fue la situación que persistía, producto de la corrupta mecánica interactiva de entidades políticas y sociales.

Cuando se establece la necesidad de un cambio profundo (porque el cambio siempre será necesario), es elemental el entendimiento de que no se dará sin sus retos y desafíos. Llevar una situación de su estado actual a una idea concebida tiene sus retos, y el espacio y tiempo entre el uno y el otro, los expertos lo han definido como ‘Tensión estructural’. Fritz definió la tensión estructural como ‘la diferencia entre lo que tenemos y lo que deseamos tener. Nuestro estado deseado comparado a lo que tenemos en la actualidad’. Peter Sange lo llamó ‘Tensión creativa’: ‘el espacio entre nuestra visión y la realidad’.

Cuando se hagan valoraciones en el futuro, se deben hacer con frialdad. Mucha gente está apostando a mejores días, tomando en cuenta la construcción de infraestructuras, la llegada de turistas, y porque, no sé qué organismo internacional dice que nuestro país es el lugar a visitar. De cierta forma, me enorgullece que mi querido país hoy esté siendo visto de esa manera. Por muchos años tuve que tragarme la burla de muchos zonians, que apostaban con los ojos cerrados a que, en poco tiempo, después de transferido el Canal, sería una zanja sucia y hedionda. Por allí circuló una caricatura de una de las esclusas del Canal en donde se hacía un carnaval acuático. Eso, y mucho menos, pensaban de nuestro país. Ya sabemos cuál es el resultado sobre ese tema en particular.

Pero, y volviendo a las transformaciones que experimenta el país en términos de infraestructura, esto no será suficiente. La buena intención de modernizar el país, choca con la falta de una planificación más sensata y humana. El ejemplo del área de la plaza Cinco de Mayo, el Palacio Legislativo y la Plaza Shaler, habla claramente, de la falta de disposición en la planificación. Se planifica para resolver un problema y ahorrar dinero; pero, poco se consideran las necesidades de los sectores humanos, en términos de un ambiente más sensato para vivir.

La realidad me aterra; y el espacio entre lo que vivimos y lo que Yo, en particular, tengo como visión de país, me aterra más aún. Y, me horroriza considerablemente, el rumbo que llevamos, que por llamarnos país de primer mundo, estemos acabando con el sentido de respeto mutuo y con la naturaleza del lugar que habitamos.

COMUNICADOR SOCIAL.