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05 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Educación verdadera

Un niño es un discípulo de sus padres. Esa delicada tarea requiere del mayor cuidado y habilidad, porque una verdadera educación signifi...

Un niño es un discípulo de sus padres. Esa delicada tarea requiere del mayor cuidado y habilidad, porque una verdadera educación significa más que la culminación de un determinado curso de estudio. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, intelectuales y morales. Muchos padres y madres están demasiado ocupados en sus trabajos, en sus negocios o en sus placeres como para hacer que la educación de sus hijos sea el objeto de estudio de sus vidas. No procuran educarlos para que empleen sus talentos para honra de Dios y de la Humanidad.

Los niños deben ser educados para proporcionar alegrías a sus padres, enseñándoles a ser prudentes y corregirlos con sabiduría. Un niño es un ser humano sensible, que generalmente responde al amor y la razón. Si un niño está habitualmente molesto, alterado, usualmente hay alguna causa física, emocional o sicológica. Puede ser algo que necesita explicación, o que le genera temor y resentimiento. Comunicarse con el niño, mientras se trata de descubrir la razón real del problema, puede conducir a su solución.

Desde temprana edad los niños deben actuar con consideración hacia los demás. El amor se aprende. Por eso la importancia de hablar con los hijos cuando están pequeños. Instruirlos acerca de los grandes temas de la vida. Del amor a Dios y a los seres humanos. Esos principios contribuirán a que no se diluya su conciencia moral y que preserven los controles internos de sus conciencias sensibles.

El mundo no necesita tantos hombres de gran intelecto como de carácter noble. La edificación de ese carácter es la obra más importante que ha sido confiada a los seres humanos. Por eso es peligroso que desde los primeros años de la vida del niño se actúe en forma descuidada, se estimule la rivalidad y se fomente el egoísmo, que es la raíz de todos los males. Así empieza la lucha por la supremacía. El resultado es el afán por acumular dinero, el desenfreno y satisfacer los sentidos, el deseo del lujo y la ostentación, el engaño astuto y el fraude, el robo y considerarse por encima de toda norma de conducta.

Si se proporciona semejante enseñanza al comienzo mismo de la vida, cuando es urgente la necesidad de dominio propio, ¿dónde quedan las salvaguardas de la virtud? El orgullo, lo insensato de su propia opinión y la autosuficiencia de los hombres constituyen una guía peligrosa y las pasiones dominantes se convierten en un poder destructor.

En vez de jóvenes educados, pero débiles de carácter, las instituciones deben producir hombres cimentados en los valores eternos, que sean amos y no esclavos de las circunstancias, que posean amplitud de mente, claridad de pensamiento y valor para defender sus convicciones.

Los niños deben aprender a decir que no muchas veces, a cuidarse bien y conservar una adecuada autoestima. Es importante que comprendan que todos los actos tienen consecuencias, que sepan apreciar los valores verdaderos de la vida y disfrutar de cada etapa de su crecimiento.

La vida es siembra y cosecha. Cada semilla sembrada produce una cosecha de su especie. Así también es en la vida humana. Si se siembran semillas de compasión, simpatía, amor y respeto hacia los derechos y necesidades de los demás, se recogerá lo sembrado. Toda característica de egoísmo, amor propio, soberbia, todo acto de autocomplacencia, producirá una cosecha semejante.

Los niños necesitan atención diaria y cuidadosa. Educación para el alma. Mientras el sembrador humano está sembrando la semilla que mantiene la vida terrena, el Sembrador divino sembrará en el alma la semilla que dará fruto para la eternidad.

En todas las generaciones el verdadero cimiento y el modelo de edificación del carácter ha sido el mismo. Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo. Esa es la única salvaguarda de la integridad individual, de la pureza del hogar, del bienestar de la sociedad y de la estabilidad de una Nación.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.