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17 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El Canal de Panamá y las vías acuáticas internas de los EE.UU. van en direcciones opuestas

R ecientemente regresé de un viaje a Panamá, realizado en compañía de representantes de la región agrícola, en donde se nos ofreció una ...

R ecientemente regresé de un viaje a Panamá, realizado en compañía de representantes de la región agrícola, en donde se nos ofreció una visita al Canal de Panamá, logrando ver de cerca la ampliación del Canal y la serie de esclusas que se están construyendo para aumentar su capacidad.

El canal actual es imponente en su dimensión y alcance y en lo que lleva a cabo, especialmente cuando se considera el periodo y la tecnología disponible durante su construcción. La nueva construcción y su ritmo, dimensión y alcance son aún más impresionantes y, verdaderamente, van más allá de las palabras.

Lo que Panamá está haciendo claramente posicionará al país en el siglo XXI y consolidará su posición como centro del comercio mundial: para beneficio de su población y economía. El proyecto creará un nuevo juego de esclusas y cauce a lo largo del canal actual. El nuevo canal está diseñado para acomodar a los buques Pospanamax y fundamentalmente triplicará la capacidad de carga que pasa por el Canal.

El proyecto incluye la construcción de dos nuevos complejos de esclusas —uno en el lado Atlántico y el otro en el Pacífico— cada uno con tres cámaras, que incluyen tinas de reutilización de agua; la excavación de los nuevos cauces de acceso hacia las nuevas esclusas y el ensanche y profundización de los actuales cauces de navegación. Es un proyecto de gran magnitud y envergadura.

Sin embargo, lo más impresionante es que la obra se inició en 2007 y está en marcha para finalizar en 2014. El costo total planeado para este gran proyecto está entre los cinco mil y seis mil millones de dólares y, de acuerdo con los informes, la obra avanza de acuerdo al cronograma y presupuesto.

Contrasta con nuestro propio sistema interno de esclusas y represas, que sigue deteriorándose con poca posibilidad de una decisión definitiva de parte del Congreso o del Cuerpo de Ingenieros. Como ejemplo del fracaso de nuestro sistema, considere el recién publicado informe sobre la Esclusa y Represa Olmstead en el río Ohio.

—El Congreso autorizó el proyecto Olmstead en 1993. El informe de ingeniería calculó en $775 millones su costo total, con un periodo de construcción de siete años. Las obras se iniciaron en 1996.

—Para 2003, el costo del proyecto Olmstead había aumentado a $1.06 mil millones y su fecha de terminación ‘óptima’, con base en financiamiento real, estaba planeada para 2010. El cronograma de siete años se había duplicado a 14.

—Recientemente, el Cuerpo de Ingenieros modificó el costo y la fecha de terminación. El costo se estimó ahora en $2.9 mil millones, con fecha de terminación en 2021, o sea, 25 años.

—En este momento, se calcula que ningún otro nuevo proyecto de construcción en cualquier punto del Sistema de Vías Acuáticas Internas de los Estados Unidos podrá avanzar durante al menos 10 años debido a los sobrecostos en Olmstead, que virtualmente consumen todos los ingresos del Fondo Fiduciario de las Vías Acuáticas Internas.

Así que, mientras que Panamá rápida y eficientemente está triplicando la capacidad de carga de su Canal y otros países alrededor del mundo, como Brasil, están aumentando el calado de sus puertos y sus sistemas de vías acuáticas internas para aprovechar la nueva capacidad, el sistema estadounidense se quedará atrás por lo menos durante la próxima década debido a la ineficiencia e ineptitud de nuestro sistema de construcción y reparación.

Esto significa que para cuando esté lista la nueva capacidad del Canal de Panamá, el sistema de vías acuáticas internas de los Estados Unidos, el cual ya sobrevive con curitas y cinta adhesiva, será menos eficiente y efectivo de lo que es hoy.

Entiendo que, para algunos, comparar el Canal de Panamá con el Sistema de Vías Acuáticas Internas de los Estados Unidos sería como comparar manzanas con naranjas. Quizás sea así. Pero comparar los siete años que toma terminar el canal dentro del presupuesto y a tiempo, con los más de 20 años y con un presupuesto que se ha cuadruplicado (y que va en aumento) es mucho más que una ensalada de frutas.

Nuestro método actual de aprobación, financiamiento, construcción y reparación de nuestro Sistema de Vías Acuáticas Internas no solo está dañado: es una vergüenza nacional. Es hora que el Congreso lo reconozca y haga lo que tenga que hacer para arreglar nuestro sistema. Nosotros excavamos el Canal de Panamá original. Solo Dios sabe si aún estuviéramos excavando de haber utilizado entonces el mismo sistema de ahora.

Peor aún, rápidamente estamos perdiendo la ventaja competitiva. ¿Qué hace falta? Se requiere visión para ver y entender la necesidad y la oportunidad. Se necesita liderazgo para abrir puertas. Y se requiere coraje para avanzar. Se necesita, como en Panamá hace más de un siglo, de alguien como Theodore Roosevelt para superar los trámites burocráticos y decir: ‘¡Háganlo!’.

24 de febrero de 2012

DIRECTOR EJECUTIVO DE LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE PRODUCTORES DE MAÍZ DE EE.UU.