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24 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El ocaso del Nido de Águilas

La idea de dotar a la joven República de un centro de enseñanza superior surge durante la administración de nuestro primer presidente, D...

La idea de dotar a la joven República de un centro de enseñanza superior surge durante la administración de nuestro primer presidente, Dr. Manuel Amador Guerrero, y se concreta en abril de 1909, cuando se inaugura el Instituto Nacional en sus planteles originales en la calle 14 de Santa Ana.

Sin embargo, pronto comenzaron planes para reubicar el Instituto a edificaciones más amplias, con mejores facilidades académicas y cuya majestad física reflejara el esfuerzo de la joven República en el mejoramiento académico de su gente. Le corresponde al presidente José Domingo de Obaldía impulsar el proyecto, pero quien no logra ver su culminación, ya que muere con anterioridad y es el presidente Pablo Arosemena a quien le toca el honor de inaugurar la obra el 18 de junio de 1911. Desde entonces por más de un siglo el Instituto ha funcionado en sus locales a las ‘sombras del Cerro Ancón’.

Las instalaciones físicas del Instituto, imponentes estructuras representativas de tendencias arquitectónicas europeas, han sido declaradas Monumento Histórico Nacional con base a las siguientes razones: ‘a. El Instituto Nacional fue la primera casa de estudio de alto nivel académico que se fundó al proclamarse República. b. Que en las aulas del Instituto Nacional se forjó la mente y el temple de hombres y mujeres que han contribuido el desarrollo del país. c. El Instituto ha sido escenario de numerosas asambleas y reuniones que han celebrado en sus instalaciones, para delinear la personalidad de la Nación’. ¡Muy justo reconocimiento!

El Instituto Nacional fue mi Alma Mater por tres años. No solo me nutrió de conocimientos, sino que lo hizo literalmente, ya que durante mi permanencia me sirvieron de albergue sus instalaciones. En mi época existían facilidades de internado para estudiantes de procedencia fuera de la Capital. Mi padre había sido Institutor, mi madre de la Normal de Institutoras, así que era lógico que yo fuese Institutor. Eran los años 1950. En aquel tiempo no existía Segundo Ciclo Secundario en David, las opciones para continuar la escuela secundaria eran la Normal de Santiago, el Instituto o el extranjero.

Guardo los más gratos recuerdos de mis años Institutores y la vida en el internado, un edificio de tres pisos que hoy no existe. Fue una época de mi vida muy interesante. Recibí grandes enseñanzas. El Instituto aún conservaba su prestigio académico y se mantenía vigente el lema ‘Todo por la Gloria Institutora’.

Tuve la fortuna de ser alumno de grandes personalidades educativas, Lupita Aguilera, Berta de Zurita, Salvat, Mejía Dutary, Lombana, Martin, Karlson, Ayala, Wolfschoom, Zerr profesores a los que guardo respeto a su memoria y eterno agradecimiento. Recuerdo a los rectores Rafael Moscote y Julio Pinilla, disciplinarios, pero ecuánimes. Aun operaba la Universidad de Panamá en las aulas del Instituto durante la noche y se compartían docentes.

Sus enseñanzas fueron tan buenas, tanto así, que mi primer año universitario en los Estados Unidos fue un repaso de lo que aprendí en el Instituto.

Fue una época de turbulencia política. La época de Chichi Remón y Arnulfo Arias. En más de una ocasión, los Institutores participaron en huelgas y demostraciones en defensa del régimen constitucional y fueron reprimidos violentamente por la Policía Nacional al mando del no bien recordado Timoteo Meléndez. Eran otros tiempos. Eran otras mentalidades. Hoy el Instituto no es lo mismo. ¿Cuándo cambió? ¿Qué causó ese cambio?

Como Institutor y ciudadano, siento suma pena y dolor cuando leo en la prensa la noticia de que la actual directora del Instituto Nacional, ante amenazas de muerte, solicita su traslado. Esta noticia no es coincidental, sigue una secuela de graves incidentes de violencia y vandalismo en que se han visto envueltos los Institutores de esta época y lo que es nueva evidencia del grado de decadencia en que progresivamente ha caído esta noble institución, de ahí el título de mi escrito.

Duele ver lo que sucede con la que, en otra hora, fuera la más prestigiosa escuela secundaria de nuestro país y que tanto ha contribuido a nuestra historia y formación académica, la cual, desde los inicios de nuestra joven nación, ha forjado tanto hombre de bien lo que le valió el merecido mote de ser ‘Nido de Aguilas’. ¿Cómo es posible que esto ha sucedido? ¿Dónde quedaron los planes de re-establecer el Instituto a su anterior sitial de honor? ¿Qué hay que hacer para rescatar el Instituto?

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.