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25 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Hablemos de democracia

Democracia, en su definición más sencilla, es el pueblo en el poder, del griego demos (pueblo) y kracia (poder). Es un sistema de gobier...

Democracia, en su definición más sencilla, es el pueblo en el poder, del griego demos (pueblo) y kracia (poder). Es un sistema de gobierno donde el pueblo elige a quien ostente el poder, o bien lo ostenta directamente. Por eso hablamos de democracia directa, donde el pueblo tomas todas las decisiones, o democracia representativa, donde los elegidos por mayoría representan al pueblo y toman las decisiones. Hoy día, los gobiernos democráticos son todos representativos, es decir, gobiernos electos democráticamente por el pueblo y que representan al pueblo en el poder.

Nuestro país también tiene un gobierno democrático representativo. El presidente es electo por mayoría (no siempre real) para representarnos a todos. Lo cierto es que lo que no está claro en la democracia representativa es qué ocurre cuando el electo por tiempo definido empieza a tomar decisiones contrarias al querer de las mayorías dentro de su periodo de gestión.

En una democracia representativa seria y honesta, el presidente que se desvíe del querer popular al escuchar la voz mayoritaria en contra de una medida debería reconsiderar la medida y corregir el rumbo. Eso sería lo correcto, siempre y cuando tenga una forma adecuada de conocer el querer del pueblo.

En el gobierno actual, como en anteriores, hemos visto cómo medidas aprobadas son rechazadas por las mayorías y el gobierno decidió modificarlas. Casos evidentes la Ley Chorizo y su rechazo en Bocas del Toro y el Código Minero y su rechazo en las Comarcas Ngäbe. En ambos casos se sumaron fuerzas en el resto del país y, aunque no se contabilizó el número exacto de protestantes al darse disturbios y confrontaciones con la autoridad, se decidió eliminar las causas del conflicto.

Hoy, nuevamente, la democracia representativa tiene un elemento disociador de la sociedad, cuando la recién ley aprobada para permitir la venta de los terrenos de la Zona Libre de Colón se enfrenta a la población colonense, así como a fuerzas del resto del país. Yo no dudo que en cualquier movimiento popular de rechazo a una medida del gobierno se sumaran los miembros de la oposición, es parte del rejuego político, pero al final el resultado es el mismo, la percepción es que una mayoría del pueblo rechaza la medida y por tanto queda nuevamente la discusión del valor de la representatividad democrática.

Los gobernantes argumentarán que fueron electos para dirigir el país y por tanto no tienen por qué escuchar a las mayorías, de allí las comúnmente oídas frases de ‘va porque va’ o ‘que se aguanten esa mecha’ del pasado. Los defensores de la democracia sostienen en cambio que el poder otorgado es simplemente para aplicar las medidas que la mayoría acepte y comparta, mientras que no serían aceptadas aquellas que vayan contra el querer de las mayorías. Eso implica que el gobernante, no importa con qué porcentaje haya sido electo, deberá mantenerse en sintonía con su pueblo y mediante el contacto directo y la consulta poder ir acomodando su plan de trabajo a lo que el pueblo que lo eligió acepte y quiera.

Quizás por esto es que hoy día la mayoría de las democracias representativas están tan cuestionadas. A diferencia con el sistema parlamentario, donde el primer ministro puede ser removido en cualquier momento de su periodo, gracias a votos de confianza o apoyo a los que se somete cada ocasión cuando tome una medida contraria al querer popular, voto que lo puede llevar a continuar o simplemente terminar en forma acortada su gestión, en las democracias representativas los mandatarios dan por un hecho que cumplirán la totalidad de su mandato, con errores y aciertos.

La verdad del caso es que los pueblos han cambiado. Hoy día los pueblos no se aguantan los errores de los mandatarios y están más propensos a salir a la calle, manifestarse, hasta actuar con violencia para retrotraer medidas. Changuinola y la comarca ayer, Colón hoy, son claros ejemplos de las nuevas tendencias populares.

El actual gobierno pasa por un estilo que pone a prueba en cada proyecto de ley su popularidad, al tener una amplia mayoría legislativa, el pueblo ya no cree en los debates que se dan en la misma. Se da por descontado que los anteproyectos y proyectos serán aprobados al ritmo que el oficialismo desee y la consulta de los mismos es irrelevante, de forma que, si los mismos no tienen la aprobación de las fuerzas vivas que afectan, el pueblo en su sabiduría sabe, que se verá obligado a hacer valer su rechazo en las calles.

Es una lástima que un gobierno electo con el 60% de los votos, que llega a dominar por completo la Asamblea, no tenga la sensatez para manejarse con el diálogo y la concertación, sino que insista en imponer sus medidas y decisiones valiéndose de la mayoría efectiva y no del querer de la mayoría que representa. Si al mal anunciado le sumamos la prepotencia del hoy presidente de la Asamblea Nacional, que entre sorna, risas y chistes, además le dijo a los opositores de la última ley impuesta, ‘a llorar al cementerio’, solo garantiza un clima de inestabilidad e intranquilidad social.

Qué fácil sería al gobernante lograr un cambio en su estilo, buscar la concertación, ampliar sus canales de diálogo y continuar con su programa de cambios y desarrollo de la mano del pueblo que quiere beneficiar.

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.