06 de Oct de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Navidad, tiempo de reflexión

La homogeneización de normas y principios económicos a nivel mundial, impulsados mediante el modelo de globalización por potencias hegem...

La homogeneización de normas y principios económicos a nivel mundial, impulsados mediante el modelo de globalización por potencias hegemónicas, trajo consigo el cambio de hábitos en el modo de vida de las poblaciones en todo el planeta. Panamá no escapa a esta realidad. Durante las últimas décadas nuestro país viene resintiendo de alguna manera el impacto de la llamada globalización. Hemos pasado de una vida con calidad y sosegada a una vulnerada, producto de la agudización de problemas económicos, sociales, políticos y hasta culturales.

Panamá es considerado uno de los países con mejores indicadores económicos y altamente globalizado, en América. Contamos con uno de los peores índices de distribución de las riquezas, aun cuando somos un país con crecimiento económico sostenido, lo que hace que prevalezca un elevado porcentaje de pobreza y desigualdad.

Por otro lado, a medida que hemos avanzando en este proceso de globalización la vida del panameño (a) se ha visto saturada por un sinnúmero de actividades e informaciones, tanto provenientes del exterior como surgidas en nuestro propio entorno, que causan desasosiego, cansancio y estrés impactando de manera negativa el diario vivir de la familia.

Mientras los indicadores económicos se robustecen sobre la base del avance comercial y de servicio, nuestros productores han manifestado su preocupación por la ausencia de políticas de Estado dirigidas a lograr la sostenibilidad del sector agrario nacional y garantizar la seguridad alimentaria de la población.

Si a ello se suma la problemática ambiental mundial, que pronostica la escasez de agua y producción de alimentos, resultado del cambio climático por la implementación de modelos desarrollistas depredadores; los productores nacionales tienen razón para expresar su preocupación y pedir se tomen medidas atenuantes a lo que se avecina.

Esto, sumado a la constante alza de los precios en los productos de la canasta básica de alimentos, frente a un poder adquisitivo cada vez más limitado, es una realidad que golpea fuertemente el bolsillo de los consumidores.

El escenario es inquietante, las autoridades gubernamentales han vendido a la población la imagen de que ‘la solución a esta situación se resolverá mediante la adquisición de bienes y productos en el mercado internacional a bajos precios, lo que favorecerá a los consumidores’.

Pero: ¿se ha analizado realmente a quién beneficiara esta estrategia? ¿Serán efectivamente favorecidos los consumidores o será un reducido grupo de empresarios importadores los que recibirán los beneficios económicos de esta iniciativa?

¿Han previsto las autoridades gubernamentales políticas alternativas para contener una mayor migración campo/ciudad, por el consecuente abandono que puede generarse? De darse esta situación: ¿cómo se verían afectados los centros urbanos? que de por sí ya las autoridades confrontan serias limitaciones para responder a la demanda de transporte, educación, salud y vivienda; sin contar el incremento de problemas de violencia y delincuencia.

La Navidad es tiempo de paz y amor, adecuado para hacer un alto en el camino, reflexionar sobre nuestros actos y reorientar nuestras conductas. De nada vale alardear de un envidiable crecimiento económico, si el mismo no permea a todos los estratos de nuestra sociedad y contribuye a mejorar la calidad de vida de quienes habitan este bello país, para eliminar los bolsones de pobreza y la marginalidad.

ECONOMISTA Y EDUCADORA