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26 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Las insurrecciones del arcoíris

Las insurrecciones del arcoíris llega en momentos que hace menos dolorosa la partida de Carlos Francisco Changmarín, quien estará orgull...

Las insurrecciones del arcoíris llega en momentos que hace menos dolorosa la partida de Carlos Francisco Changmarín, quien estará orgulloso que uno de sus alumnos le haya entregado, justo como ofrenda, una novela santiagueña que trasciende a la nación panameña. Y es que el autor Efebo Díaz se ha tomado su tiempo para investigar, pensar, ordenar ideas y finalmente escribir.

Esperaba encontrar la narración novelada de la Huelga Santiagueña de 1952 y la Insurrección de Cerro Tute y así fue. Mas el autor aprovecha las connotaciones de los hechos y personajes para hacer un discurso de la nacionalidad con fundamento a hechos históricos, lo que nos lleva a concluir lo que ya se dice: ‘La Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena cambió la historia patria y por eso la oligarquía y el Coronel Remón pretendieron liquidarla, razón suficiente para que en solitario, inicialmente los normalistas enfrentaran la gendarmería.

Es cuando aparece la insubordinación de los veragüenses y le pone un alto al desmembramiento de la escuela’. Efebo Díaz tiene el mérito, como decía Gonzalito, de haber entrado al mágico taller de las palabras ‘para robarle al idioma sus secretos, su elegancia, su ritmo y armonía’ para narrar —lo que pudieron ser hechos ciertos pero fríos— un oasis de sucesos con el rigor literario y la exigencia histórica. Escribe con una bella, ligera y clara prosa impregnando el relato con hermosas dosis de sentimiento y humor en circunstancias que el lector no sabe si reír o llorar. Y esos sentimientos brotan porque quien narra fue protagonista de la Huelga de 1952 y es mucho más que un observador comprometido con la insurgencia guerrillera de Cerro Tute y su Secretario el Cerro Banquillo.

Una de las virtudes del autor fue entregarse a una investigación paciente y meticulosa. Díaz tenía una ventaja en principio: su cercanía con los protagonistas como fue el caso de Lalo Suárez, miembro de Acción Comunal y amigo íntimo de Gonzalito el gitano irreductible. Efebo logra un relato sin hálito de pereza de la insurrección de Acción Comunal en 1931, dejando en claro que el Cuartel de Policía de Santiago fue la única plaza tomada por los rebeldes en el interior de la República al punto que el primer ‘Tanque blindado’ que ha tenido el país fue el diseñado por el italiano Felipe Virzi para uso de los insurgentes.

En cuanto a la Gesta del Tute se contó con el testimonio de los ex guerrilleros, familiares e incluso con el testimonio de militares como Tarito Guerrero y otros. Y por qué no decirlo, Efebo Díaz tenía un hermano guerrillero (Edison) y un primo Capitán (Torrijos, quien años después reivindicaría la rebelión) que estaban en trincheras diferentes. Y es aquí que surge uno de los grandes rasgos que se plasma en la novela: la objetividad. Hay quienes afirman que la historia de la gesta estaba escrita. Lo que demuestra ‘Las Insurrecciones del Arcoíris’ es lo contrario: el aldabonazo de 1959 se está escribiendo. Y en cuanto a la Huelga por la defensa de la Normal solo se había escrito poco correspondiéndole a Changmarín la autoría de un ensayo sobre la Huelga del 52 que a su juicio es el movimiento revolucionario más trascendente de la provincia de Veraguas.

Se pone de manifiesto que en la ‘toma de Santiago’ por las milicias populares prevaleció el concepto de unidad sin el cual no hubiese prosperado el movimiento. Las izquierdas y las derechas marcharon juntas para rescatar la escuela. Fue la unidad el factor importante para el triunfo y quedó como un precedente para futuras reivindicaciones.

Alguien describió esa unidad señalando que ‘Manuel Celestino González, adversario político tradicional de Pablo J. Alvarado, hizo en la tribuna del pueblo los más grandes elogios para su enemigo de otras épocas’. Y cuando el pueblo marchaba por las calles se entonaban marchas y otros cantos, sin que nunca faltara el Himno Nacional, La Marsellesa y en más de una ocasión La internacional Socialista. Se trató de vincular otras provincias recibiendo escaso apoyo.

La troika del Comité Revolucionario hace sus movimientos, destacando Efebo Díaz, que se comunicaron con la viuda de Juan Demóstenes Arosemena, Doña Malvina Galindo de Arosemena, para que intercediera ante los gobernantes de turno. De inmediato muestra su apoyo para salvar la obra que dejó su esposo y protestó en todos los círculos sociales y políticos.

La novela confirma lo que ya se había advertido en el sentido que para algunos la revolución empieza cuando ellos se tiran al ruedo, desconociendo las jornadas revolucionarias aleccionadoras del pasado.

MAGISTRADO DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE TRABAJO