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23 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Estados Unidos: Más allá de la crisis

El libro ‘EEUU: Más allá de la crisis’, se presentará esta mañana (10:00 a.m.) por parte de sus editores, Dídimo Castillo F. y Marco A. ...

El libro ‘EEUU: Más allá de la crisis’, se presentará esta mañana (10:00 a.m.) por parte de sus editores, Dídimo Castillo F. y Marco A. Gandásegui, hijo, en la Librería Universitaria de la Universidad de Panamá. El libro se pregunta si la crisis-recesión capitalista global tiene una solución. ¿Cuál sería la solución? ¿En qué consiste la relación entre China y EEUU? ¿Cómo se manifiesta o se entrelazan la lucha de clases y la lucha geopolítica por la hegemonía global? ¿Tiene América Latina —Panamá en nuestro caso— un papel que jugar en la lucha global por la hegemonía? ¿Qué clase social o combinación de clases sociales son capaces de asumir el liderazgo?

Cuando Francis Fukuyama recicló la noción del ‘fin de la historia’, se refería a los ideólogos capitalistas que sueñan con la derrota de la clase obrera y sus aspiraciones de un mundo justo. Creían haber quebrado el movimiento obrero de los países más desarrollados, convirtiéndolo en apéndice de sus objetivos. Al mismo tiempo, cooptaron a la gran mayoría de los movimientos sociales de liberación nacional de los países menos desarrollados. Fukuyama, por razones ideológicas comprensibles, presentó su tesis puesta de cabeza. El capitalismo, decía, en su forma liberal y jerarquizada, había llegado a la cima de la civilización humana para quedarse gozando de sus triunfos.

En la actualidad, la idea del ‘fin de la historia’ ha sido abandonada, incluso por Fukuyama. La pregunta que exige ahora una respuesta es si hemos llegado al ‘fin del capitalismo’. ¿Representa la crisis de EEUU el fin de la hegemonía occidental o es sólo temporal?

En la actualidad, a diferencia de hace varios lustros, todos estamos concientes que la sociedad que conocimos a fines del siglo XX ha colapsado y desaparecido (la ‘sociedad de bienestar’/ el ‘socialismo real’ y el ‘neoliberalismo’). El llamado consenso de Washington, naufragó bajo las contradicciones de su propia lógica al no poder mantener, a la vez, los niveles de ganancia capitalista y la sociedad de bienestar. El capital especulativo recurre a prácticas cada vez más riesgosas. Se logró con éxito relativo, para los especuladores financieros, la externalización de la industria norteamericana a China. En otros casos, como la creación de un mercado de consumo en África, significó la quiebra de todas las economías de ese continente y la imposición de la informalidad para todos sus trabajadores.

EEUU tiene dos problemas. El primero, que tiene un carácter técnico, se refiere a la casi imposibilidad de recuperar su competitividad productiva para lo cual tendría que devaluar en un 50% su economía. El ‘precipicio fiscal’ y el ‘techo de la deuda’ son eufemismos que tienden a esconder ese dilema. El segundo problema, que tiene una connotación sociológica, se refiere a la presencia dominante de una poderosa oligarquía que se rota entre los puestos ejecutivos de la banca norteamericana y los puestos de mando del Estado en Washington. Refleja una correlación de fuerzas que a corto plazo colapsará bajo la presión de sus fuertes pugnas internas y de un pueblo movilizado.

Antes de que se produjera el estallido de la última burbuja, los endeudados consumidores norteamericanos eran el motor del crecimiento global. Ese modelo ha quebrado y no hay sustituto a la vista. Incluso, si los bancos norteamericanos gozaran de buena salud, la riqueza ficticia de los consumidores en EEUU ya desapareció para siempre.

A pesar de que la recesión ha generado una enorme desconfianza entre los miembros de la clase dominante, siguen ocupando un espacio estratégico y aún no pierden su legitimidad. Pero el mundo color de rosa se está marchitando. Todo indica – lo que parece una contradicción - que sólo los comunistas chinos podrían salvar el capitalismo. Pero esta salida es aún menos prometedora para los grandes capitales tradicionales de occidente. ¿Qué es mejor? ¿Un sistema mundo capitalista cuyo eje central – hegemonía - pasa por Pekín? O más bien ¿un mundo caótico, en estado de guerra permanente?

El Estado norteamericano, a pesar de la crisis, desplegó su hegemonía y poder financiero al expropiar varios millones de millones de dólares de los ahorros de los pueblos del mundo para distribuirlos entre los banqueros en el marco de una elección popular. El capitalismo global también tiene confianza en poder articular su dominación en torno al poderío militar de EEUU.

EEUU está muy preocupado por el giro que están dando sus relaciones con sus socios comerciales de América latina. "Hace 20 años, China era el decimosegundo socio de América Latina, cuyo volumen comercial apenas superaba 8 mil millones de dólares. Desde 2007 ocupó la segunda posición, multiplicando por 13 aquella cifra y ahora sobrepasa 100 mil millones de dólares". En 2009, China se convirtió en el primer socio comercial de Brasil, superando a EEUU.

Los proyectos desarrollistas y neoliberales están en bancarrota. ¿Puede América latina superar el proyecto de mercado nacional o de ser exportadora primaria? Tiene que definir una estrategia global capaz de situarla en el escenario mundial. Hay que preguntarse, ¿qué clase social o combinación de clases sociales son capaces de alcanzar este objetivo?

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA