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31 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Doble fila

La adquisición de dos nuevas rutas que la empresa Mi Bus hizo del Servicio de Autobuses del Corregimiento de Ancón (SACA), llenó de tran...

La adquisición de dos nuevas rutas que la empresa Mi Bus hizo del Servicio de Autobuses del Corregimiento de Ancón (SACA), llenó de tranquilidad y alegría a los usuarios que todas las mañanas viajan a Albrook y la Ciudad del Saber. Ellos sufrían de una mala atención, poco importa, desaseo e irregularidad de la vieja compañía, otrora un modelo ejemplar del sistema cooperativo del transporte en la urbe capitalina.

El Metrobús hace un solo recorrido, entra a Albrook, sale atrás al cruce del nuevo puente que va de El Dorado a la terminal; da la vuelta hacia la izquierda y avanza por la nueva embajada de Estados Unidos, las instalaciones del Seguro Social para entrar en la antigua base de Clayton, salir al frente e iniciar el viaje de regreso por la avenida Omar Torrijos y las entradas de Corozal, Cárdenas y Los Ríos. Ese viaje es muy particular, porque enlaza sitios, llenos de instituciones, negocios, el aeropuerto interno y sobre todo, muchas construcciones. Esto, brinda una dinámica muy especial al traslado de personas que se mueven en esos puntos. Hay gran afluencia en las mañanas y las tardes, pero poco público fuera de horas pico. Esta cualidad, obliga a enviar unidades de acuerdo a la demanda.

Desde hace algún tiempo, los pasajeros hacen una fila, como se acostumbraba en el vetusto sistema de SACA. En una línea se ubican quienes van a entrar y ocupar los asientos y cuando se ha colmado, la gente se detiene y brinda oportunidad a una segunda cola, de ‘los que van parados’. Si la fluidez de los vehículos es constante, no resulta mayor problema con las decenas o centenas de resignados asalariados.

En los últimos días, ha ocurrido una situación especial con el novedoso proyecto. Muy temprano, alrededor de las seis de la mañana, cuando el grueso de la población, demanda el servicio, la doble fila se convierte en un berenjenal, pues la primera es sumamente larga y la otra opción, también. Todo el que llega, prefiere ‘ir parado’ y no se ubica en las dos posibilidades, sino que se amontona.

Uno de los agentes de la empresa, antes coordinaba el orden y había un flujo que se movilizaba diligentemente. Ahora y quizás como producto de las diferencias entre los empleados y la compañía administradora, hay mayor elasticidad y la gente se lanza y entra a como dé lugar en prejuicio de los adultos mayores, las damas y aquellos que son más vulnerables.

No es un problema del ente responsable del servicio. Es un conflicto vinculado a nuestras costumbres. En pequeña escala, se percibe el juegavivo, el uso de la fuerza como esquema operativo para dilucidar las contingencias de la cotidianidad y una falta de visión de que los cambios en el contorno, obligan también a una modificación de acciones y prácticas en la ciudadanía.

No pueden la fuerza bruta, la insensibilidad, la rudeza y el lenguaje obsceno constituirse en la herramienta de convivencia; esquema que ni en la selva se aplica, pues allí existe una lógica instintiva que determina el rejuego de los seres vivientes y es visible además de la conducta salvaje, la solidaridad, simbiosis y vida en colonia.

Ante nuevos modelos que la tecnología impone hoy a la sociedad, es necesario que la población avance, pueda saltar y alcanzar un nivel de coexistencia para dar mayor fortaleza a otros valores y hasta una ética que defina el desarrollo, el progreso y esa atmósfera, que, según los indicadores, definen al país.

La fila es en pequeña escala, una forma de organización con base social.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.