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17 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Colapsos

Colapsó un muro de la Escuela El Japón en la urbanización La Locería en la capital y también un tramo de la carretera Boyd-Roosevelt a l...

Colapsó un muro de la Escuela El Japón en la urbanización La Locería en la capital y también un tramo de la carretera Boyd-Roosevelt a la ciudad de Colón en Quebrada Ancha. Resultaron daños materiales, pero en ambos casos se evidenció la imperdonable negligencia de quienes pudieron prevenir la injusta pérdida de tres vidas inocentes. Igualmente grave es que existen otros colapsos que han sucedido —y están sucediendo— a ciencia y paciencia de una aparente pasividad de todos nosotros.

El apagón nacional que dejó sin energía eléctrica a todo el país en cuestión de segundos es el primero que viene a la mente. Se ha querido explicar que fue precisamente la eficiencia del sistema lo que impidió que el daño se extendiera más allá del área de la quema de cañaverales en Llano Sánchez; pero suena a excusa falaz para cubrir fallas en el mantenimiento básico o en la protección debida de las líneas de conducción eléctricas.

La carencia de agua potable, causada esta vez por la paralización de la planta potabilizadora de Chilibre al faltarle la energía eléctrica, se suma a todas las otras causas de desabastecimiento de agua potable en la ciudad capital y el interior. Se comprueba a diario que el sistema se resquebraja en todo el país; no cambiará por mucho que se pregone que la nueva Autoridad de Agua todo lo resolverá. Mientras falte la voluntad política de remediar el problema, nada pasará.

A la par que escasea agua y energía eléctrica, abunda la basura. Pruebas al canto: todos los días se la enseña en las pantallas de televisión y las comunidades reclaman a viva voz. Conclusión: la recolección de basura no funciona en la capital, San Miguelito, La Chorrera, Santiago ni en otros lugares. No funcionará por mucha Autoridad de Aseo que se invente, o se privatice el servicio. Persistirá el colapso hasta que las autoridades decidan abordar el problema con responsabilidad.

El sistema carcelario administra centros de enseñanza superior del crimen en todo el país; gradúa individuos que han logrado perfeccionar sus habilidades o conocer nuevas tácticas. Se intercambian conocimientos que rinden frutos después. No salen ciudadanos útiles que quieran rehacer sus vidas y hayan decidido enmendar su comportamiento. El sistema muestra una excelencia impresionante en la dirección contraria.

Se ha argumentado que el sistema educativo también ha colapsado. Se trata no solo de que haya una infraestructura apropiada que propicie un efectivo aprendizaje, o docentes capacitados, o libros y laboratorios adecuados. Se alega que no se tiene una clara visión que defina un objetivo final para la educación panameña, que sea coherente con el proyecto de nación que compartimos todos. ¿Qué clase de país queremos todos y qué debemos hacer todos para lograrlo? Falta mucho en ese sentido porque ni siquiera nos planteamos la interrogante con la debida seriedad.

Hasta en el deporte hay colapsos. Un dirigente del béisbol nacional ha dicho textualmente que ‘el sistema de ligas provinciales ha colapsado’, mientras que miembros de APEDE convocan foros para tratar de remediar problemas en el fútbol, baloncesto y otros deportes.

Las instituciones democráticas colapsan. Sucede cuando se aprueban leyes inconsultas; cuando los diputados no ejercen su función fiscalizadora o cuando se abstienen de legislar en lo que deben. Ejemplo: ¿No le correspondería a la Asamblea convocar audiencias para aprobar o modificar leyes que eliminen las causas del reciente apagón? Lamentablemente, ni se les ocurre.

Sería trágico perder nuestra democracia. Pero parecería que con abusos del poder, privilegios injustificados, antivalores, autoritarismo, irrespeto a la ley, chabacanerías y falta de vocación de servicio, vamos también por el camino de su colapso.

EXDIPUTADA DE LA REPÚBLICA.