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20 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Días azarosos

En los últimos días el Mundo ha recibido dos noticias traumáticas que vaticinan días azarosos. La renuncia del papa Ratzinger y la muert...

En los últimos días el Mundo ha recibido dos noticias traumáticas que vaticinan días azarosos. La renuncia del papa Ratzinger y la muerte de Hugo Chávez Frías. Cualquiera sea nuestra creencia religiosa o nuestra formación política, ambas noticias son importantes y provocaran eventos futuros significativos.

Como lo expresé en un Foro Televisivo al que fui cortésmente invitado por mi calidad de exembajador de Panamá en la República italiana y mi manifiesta afinidad con ese país desde 1980, lo trascendental no es la renuncia del papa Benedicto XVI, ya que en si no es fenómeno extraño en la Historia de nuestra Iglesia y sus leyes la permiten, lo trascendental es el hecho de no había sucedido en 600 años, desde 1415, antes del arribo de Colón a nuestras tierras. Aún más interesante por ser una decisión personal y no obligada por los poderes seculares, como ocurría usualmente en las ‘renuncias’ históricas anteriores. Claro ejemplo, el caso de la última renuncia, la de Gregorio XII, que sucede en una época triste de la Iglesia conocida como el Cisma de Occidente o Cisma de Aviñón que duró 39 años, cuando en un momento dado existieron tres papas, el papa de Roma, Gregorio XII, legítimo; el papa francés de Aviñón, Benedicto XIII y un antipapa Juan XXIII (no es el mismo bonachón papa Juan XXIII que conocimos en el siglo XX, el anterior por considerarse un antipapa no aparece en la lista de pontífices católicos). Para resolver el asunto, el emperador del Sacro Imperio Romano, Sesgismundo, exigió la renuncia a los tres, pero solo Gregorio obedeció.

Sucede, sin embargo, que la de Gregorio XII no fue la última renuncia papal en la Historia Moderna, hubo otra no ejecutada. Se cuenta que el papa Pío VII fue citado por Napoleón para su coronación como emperador en 1804. El papa temiendo que Napoleón lo arrestara y lo retuviera en París, redactó y firmó su renuncia, pero como nada sucedió nunca la llegó a concretar. Así que las renuncias no son eventos extraños en el Vaticano.

La renuncia del papa Ratzinger es noticia y por las razones expresas. Por supuesto que existen mil y una especulaciones sobre si las razones expresas son las verdaderas o si esconden otros motivos nefastos. Sin pecar de ingenuo creo en las razones que expuso en Papa, pero nuestra Iglesia está llena de misterios. Conozco la opacidad de la Iglesia, viví otro de sus escándalos durante mi antigua tenencia en Milán en los 1980, como el famoso caso del escándalo del Banco Ambrosiano, Roberto Calvi, el banquero de Dios. A propósito, con frecuencia, camino a mis oficinas, transitaba por la acera debajo de la ventana por donde se suicido la secretaria de Calvi.

Creo en la integridad del papa Ratzinger, me causaría dolor y sorpresa descubrir lo contrario. Aprovecho para compartir con Uds., cómo Mario Vargas Llosa, no creyente, se expresa del papa en un escrito con motivo de su renuncia, no se podría expresar mejor la personalidad de Joseph Aloisius Ratzinger. Dice Vargas Llosa: ‘No era un hombre carismático ni de tribuna, como Karol Wojtyla, el papa polaco. Era un hombre de biblioteca y de cátedra, de reflexión y de estudio, seguramente uno de los pontífices más inteligentes y cultos que ha tenido en toda su historia la Iglesia Católica. En una época en que las ideas y las razones importan mucho menos que las imágenes y los gestos, Joseph Ratzinger era ya un anacronismo, pues pertenecía a lo más conspicuo de una especie en extinción: el intelectual. Reflexionaba con hondura y originalidad, apoyado en una enorme información teológica, filosófica, histórica y literaria, adquirida en la decena de lenguas clásicas y modernas que dominaba, entre ellas el latín, el griego y el hebreo’.

Ahora solo nos queda dejar al papa Ratzinger disfrutar de una merecida paz en la nueva vida que ha escogido.

En cuanto a la otra, menos sorpresiva desaparición física de Hugo Chávez Frías, en estos difíciles momentos, expreso mis condolencia al pueblo venezolano y mis amigos de ese país por la muerte de su presidente constitucional. No me atrevo, siendo tan temprano a los acontecimientos, adelantar opiniones sobre la nueva época posChávez, salvo que se visualizan momentos muy difíciles para los venezolanos dentro y fuera de su país. Esperaré el desarrollo de los acontecimientos para formarme opiniones.

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.