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12 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Solo enséñale

S e supone —y es lo ideal— que todo niño y niña nazcan, crezcan y se desarrollen en familia. De allí la importancia de que la decisión d...

S e supone —y es lo ideal— que todo niño y niña nazcan, crezcan y se desarrollen en familia. De allí la importancia de que la decisión de ser madre y padre se base en el respeto, la comunicación y el amor. Con la misma intensidad que se disfruta entre dos personas el placer de la intimidad, debe ser disfrutado el proceso de crianza. Entre dos, la sobrecarga es menor, los gastos económicos se comparten al igual que las dudas, el temor y las decisiones respecto a cómo hacer una cosa u otra.

No es necesario un manual que diga cómo manejar la crianza perfecta; además, de que no existe y no es necesario cuando los padres, y en otros casos, abuelos u otros familiares allegados contribuyen en su educación.

No se requiere de padres intelectuales, campeones o descubridores de oro, lo que realmente necesita la criatura es que se le enseñe a ser valiente, decidida, trabajadora, honesta y, que en lo posible, los adultos formen parte de sus juegos y, que cumplan con sus funciones y juntos conviertan su hogar en un ejemplo y en un patrón de identificación para que el niño posteriormente los imite en sus relaciones cotidianas.

No lo engañen, enséñenle a decir la verdad y, si le prometen algo, cúmplanlo. Las llamadas de atención y los castigos por los errores cometidos, que sean de ayuda para distinguir lo bueno de lo malo. Estimulen lo bueno, modifiquen lo malo. Demuestren autoridad, pero sin imposición. Y cuando ese niño quiera imponerse ante ustedes, corríjanlo a tiempo, sin maltrato físico ni verbal, sin gritos, sin golpes que afecten a la larga su autoestima, porque esa misma actitud la va a desarrollar y usar cuando adulto ante y contra ustedes y ante otros.

Un niño desde pequeño puede desarrollar comportamientos de desprecio y humillación, de rabia y de complejos y hay que estar vigilante, porque de repente surge ese ego, ese yo enfermizo, muchas veces difícil de cauterizar y se implanta y en cosa de segundos, y sin el escarmiento prudente y al momento, se convierte en un monstruo y está allí y cuando lo quieras regenerar, ya es demasiado tarde.

Tarde es cuando ese niño ya adulto tenga en sus manos una familia, o una posición de importancia, ya sea en lo privado o en lo público. Las pataletas y el querer hacer lo que le da la gana, lo repite cuando adulto y de la peor manera.

Formen parte de sus logros, de sus alegres momentos y de los no tan alegres, sequen sus lágrimas, pero eso sí, no se compadezcan de él, porque muchas veces esa compasión lo hace sentir débil y víctima de sus infortunios y ante esa debilidad de no haber logrado lo que quiso en el momento de crisis, se le queda en el subconsciente y puede ser revivido con los años y de manera vengativa o el de lograr el éxito a costa de lo que sea y de quién sea. Háganse participes de su vida sin tratar de inmiscuirse o de vivir a través de él. La independencia emocional es importante. Los apegos son fatales. Enséñale a respetar lo ajeno, lo que no es de él, no es de él y, punto. Y, si desea lo que otro tiene, que lo consiga por sus propios méritos.

Enséñale a levantarse tras el fracaso. Complace sus necesidades más elementales, necesidades en las que puedes llegarle a cumplir, sin que lo material esté por encima del afecto, de lo espiritual, de los valores humanos. Conviértelo en un ser humano de bien. Hay que enseñarle desde pequeño las caras de la pobreza, no solo de la pobreza del hombre con hambre, sino de la pobreza de espíritu de los que a diario le roban las esperanzas al pueblo. Enséñale a potenciar su escala de valores. Hay que enseñarle a amar a su prójimo como se amaría a él mismo. Y, si no quiere ser engañado, debe aprender a no mentir, a no traicionar, a no hablar sin sentido queriendo confundir a otros aparentando lo que no es. Que aprenda a reconocer, a desechar y a no repetir la mala conducta de los miserables. Enséñale que no se deje influenciar por las malas amistades ni dejarse dominar por el ocio. Enséñale que debe cumplir con sus deberes de buen ciudadano y defender sus derechos y los derechos de los demás. Que no ofrezca favores a cambio de algo, que sea consecuente con el Bien Común.

La tarea no termina en casa, solo empieza, allí están las herramientas para que aprenda a defenderse del hombre serpiente con lengua venenosa. De ahí que sea necesario vigilar de cerca a los enemigos que estarán donde él menos se lo imagina. Enséñale a ser puro y veraz en palabras y hechos. Enséñale que el conocimiento no tiene límites, que no interrumpa su proceso académico hacia una formación profesional de excelencia.

No olviden la parte espiritual, ese acercamiento con Dios, tampoco olviden el beso, el abrazo, la ternura, el respeto, el cariño, la comunicación, la tolerancia, el castigo con recompensa. Estos sentimientos bien combinados se convierten en una receta fácil de preparar y muy necesaria para que tu hijo sea un buen hijo, un hombre de bien, un buen ciudadano y, ¿por qué no?, un buen político.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.