19 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

‘No soporto el fracaso’

‘No tolero que me critiquen’. ‘No he encontrado a nadie que esté a mi altura’. ‘Tengo que ganar, aunque destruya a mi adversario’. ‘No s...

‘No tolero que me critiquen’. ‘No he encontrado a nadie que esté a mi altura’. ‘Tengo que ganar, aunque destruya a mi adversario’. ‘No soporto el fracaso’. ‘Se me diseñó para ser la mejor’. ‘No resisto ser vencida por nadie’. Son expresiones de gente que piensa y se siente superior a los demás. Es común entre los que se consideran dotados por un poder sobrenatural. Típico en los narcisistas, esos que andan arrastrando la manta de un ego enfermizo, del orgullo tóxico, narcótico e hipnótico. Los encuentras en el deporte, en la política, en el hogar, en el trabajo, en lo público y privado, en cualquier profesión. No tiene edad, y tampoco nivel social ni económico, ni partido político, ni creencia religiosa, el color de piel tampoco es síntoma de esta alteración, solo es necesario una personalidad endiosada.

El que te sientas superior y que todo lo sabes, para algunos expertos, es una enfermedad y hasta genético, para otros es el temor al fracaso y se desarrolla en la infancia por presiones familiares, escolares, personales, y sociales, y hacen que algunas personas se esfuercen por llegar a la cima hundiendo al que se le enfrente. Son exigentes con las personas que están a su alrededor y suelen estar preocupados por lo que los demás piensen de ellos. Su sentido de logro está trastocado con una constante insatisfacción. Sea cual fuere la causa, esta situación no es aconsejable, ya que algunos hasta pierden la cordura, se quedan solos y señalados con el dedo acusador.

Si le das una excesiva importancia a esta conducta caerás en el error de pensar que tu valor como persona depende de tu imagen pero, en un estado de ira crónica, pesimismo, y trastornos psicológicos. Ese deseo inconsciente de creerse superior y ganar porque sí e infringir temor, es dañino. Por consiguiente, les produce un permanente estado de descontento y a la larga un resentimiento que a menudo le hace pensar que es un fracasado. Pueden ser sobresalientes con respecto a su nivel académico, pero no son buenos para las relaciones interpersonales. Una especie de ‘narcisismo intelectual’ que lo aisla y lo excluye de la ‘inteligencia emocional’. Y, ¿qué de la ‘inteligencia moral’?

Veamos el ejemplo de una película que vi hace un par de años, en que el protagonista, un joven con futuro prometedor como profesional y hombre de bien, se ve implicado en un incidente que le hace ganarse el favor de un mafioso, y nace entre ambos una amistad en la que su propio padre no se opone. El joven creció en un ambiente económicamente favorable, debido a la cuestionada fortuna de su padre. Con el respaldo de su progenitor, el joven se introduce en un mundo en el que se consigue influencias, respaldo y dinero fácil, mucho más de lo que hubiera podido ganar de otro modo, pero a costa de quedar atado a planteamientos de superioridad disimulando sentimientos de inferioridad.

El análisis de esta película me hizo reflexionar sobre la identidad entre el hijo y el padre por razones de deshonestidad. ‘Esta es la diferencia, si dejas que la gente te compre, pierdes el respeto por ti mismo. Si te mantienes firme en el bien, dejando a un lado lo que es el mal, puedes mirarte en el espejo y no necesitas huir ni esconderte’.

La ‘inteligencia académica’ en un mundo competitivo es importante, la ‘inteligencia emocional y social’ en las relaciones personales también lo es, pero ambas las tendrás de adorno, cuando no haces uso de la ‘inteligencia moral’, ésa es ‘la regla de oro’; es la que te orienta a tratar a los otros como te gustaría que te traten a ti. Es tener la capacidad de ser bondadoso, tolerante, aceptar que tienes defectos y virtudes y te encamina a preocuparte por los demás. Para educar integralmente no basta saber cómo funciona el cerebro ni cuál es la estructura y la dinámica de las emociones. Necesario conocer dónde está el bien y ponerlo en práctica. Así de simple. Muchas veces se pretende poner remedios psicológicos a lo que son problemas netamente morales. La importancia de la inteligencia va mucho más allá de lo que suele reflejar un ‘coeficiente intelectual’. La inteligencia debe ser integral: en lo académico, en lo emocional y en lo moral, esto sirve para conocer, asimilar y hacer el bien.

Si queremos facilitar a los niños y jóvenes el camino que les hará ‘moralmente inteligentes’ habrá que empezar aclarando el concepto mismo de ‘bondad moral’ y la importancia del ‘mensaje moral’, que solo se aprende desde el hogar con buenas costumbres y ejemplos dignificantes de los progenitores. Es la única manera de evitar la confusión que se les pueda crear cuando se encuentran ante mensajes morales contradictorios de los adultos que prefieren hacerse de la vista gorda y aparentar que no pasa nada.

Los niños y jóvenes muestran una gran capacidad para probar el análisis moral de las creencias y valores puestos en práctica. Por eso es tan fundamental la coherencia de los adultos. Es bueno intentar dar lo mejor de uno mismo y ponerse metas elevadas y realistas. Pero, para ello, habrá que trabajar duro y apreciar las cosas con humildad. Para los padres, educadores, políticos y gobernantes, es importante estar orientados en buena dirección y del buen ejemplo. Si lo intentamos, estoy segura que seríamos mejores ciudadanos en un país que bastante lo necesita.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.