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18 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Cine Bella Vista

El mes de agosto de 2013 será recordado por algunos por la desaparición del edificio del cine Bellavista en calle 43 y esquina con vía E...

El mes de agosto de 2013 será recordado por algunos por la desaparición del edificio del cine Bellavista en calle 43 y esquina con vía España.

La que fue una de las mejores y más modernas salas de cine fue transformada en caliche después de más de sesenta y cinco años. Algunas fuentes consultadas nos dicen que el edificio fue diseño del arquitecto Richard Holzer, bajo la firma Schay & Holzer Arquitectos, durante el primer quinquenio de la década de los cincuenta, a un costo de B/600,000.00.

El cine exhibía hacia la calle una marquesina luminosa con el nombre de la sala. El recinto acomodaba 1,200 butacas, un foyer de espera con capacidad para 200 personas. Un vanity lounge para las señoras donde mi madre —frente a sus espejos— logró quitarse la peluca una mañana del mes de enero de 1969 antes de entrar junto con mi hermana a la proyección del matiné dominical.

Para los interesados en la historia del séptimo arte —motivación que no parece obvia para los promotores del Festival Internacional de Cine de Panamá (IFC)— el cine el Bella Vista fue un hito —al ser ésta la primera sala construida y habilitada para exhibir películas filmadas y producidas en Cinemascope.

Nos cuenta Edgar Soberón Torchía, especialista en la historia del cine, que el Bella Vista fue la primera sala de cine de la ciudad en tener pantalla cinemascope para las películas rodadas en 35mm con lente anamórfico. Las imágenes eran proyectadas en una pantalla más ancha, luego éstas se comprimían y descomprimían en un intrincado proceso tecnológico. ‘Si no me equivoco en ese cine se estrenó The Egyptian’, acotó en recién entrevista. La épica con sabor egipcio fue producida en 1954 por la 20th Century Fox; donde el estreno de esta novedad en Panamá ocurriría en el cine. En él se proyectaron importantes películas que hicieron bulla en el mundo del celuloide. ‘Su primer éxito fue La heredera... después Sansón y Dalila... y ahora Quo Vadis, la más grande realización de la historia del cine’, documenta La Estrella de Panamá del 19 de agosto de 1952.

Allí se proyectó el mega-éxito ‘La novicia rebelde’, en 1965, la cual fue exhibida en él —aunque estaba prevista para hacerlo en el Lux-Cinerama—, decisión que nunca entendí, porque la pantalla —del Bella Vista— era más pequeña que la del Lux’- siguió hablando Soberón.

Me sigue contando que fue en algunas ocasiones la sede del primer Festival Internacional de Cine de Panamá (el original), que organizó y promovió con exiguos recursos, Roberto Morgan. También sede del Festival de Cine Soviético en 1979 nos dijo Consuelo Tomás.

La tradición de matinés es otro recuerdo que permanece en la memoria de muchos de nosotros. ‘Fui a mucho de ellos organizados por mi escuela allí, y el mismo cine pasaba una película rara los domingos en la mañana y de segunda corrida, las reponían con otras para los niños’ —siguen contando quienes lo recuerdan.

La semana pasada el edificio cayó bajo los golpes de una gran retroexcavadora, dando ilusión de que aquella esquina estaba llena de escombros de algún bombardeo. En el lote se proyecta construir un proyecto habitacional de 37 pisos: una moderna y brillante caja de cristal. La propiedad hasta hace algunos años estuvo en posesión de la empresa inmobiliaria ABG Realtors, en cuyo website aún se promociona como Bella Vista 43St. En un artículo de prensa encontré que la empresa se comprometió en conservar la fachada, cosa que no ocurrió. No hay ninguna norma de protección oficial para conservar el patrimonio construido del barrio Bella Vista ni tampoco alguna que arropara el edificio del desaparecido cine.

La acción de promover el Séptimo Arte en Panamá para dar paso a la producción local debiera transitar por una propuesta integral de conservación cultural que reconozca la memoria del cine en Panamá y que incluya el patrimonio construido. El cine en Panamá no es rico en megaproducciones, pero sí dice en términos de hitos urbanos e historias de vida.

El Teatro Presidente y el Lux desaparecieron junto con el cine México. Aún quedan en pie algunas de las salas de los tiempos cuando el cine reía en Panamá; así, el edificio del Capitolio hoy sobrevive bajo la fachada de una zapatería. El Encanto en Calidonia, es un supermercado. El Central se conserva a pura voz de alabanza en plena decadencia de la peatonal en la avenida Central. El Tropical se sostiene con películas porno de bajo presupuesto y con público de dudosa reputación. El único que ha terminado con un final digno es el Cine Amador —el cual se transformó— bajo el impulso de renovación del Casco Viejo como sala de conciertos; mientras el Metro revive —hoy y de manera temporal— con Casacor. En la plaza de Santa Ana el Variedades se derrumba y espera mejores tiempos, mientras en la otra esquina el cine El Dorado se ilumina bajo el anuncio de un restorán de hamburguesas.

Urge ampliar la gestión cinematográfica de Panamá con una propuesta cultural que se extienda hacia la conservación del patrimonio urbano y que permita entender que el cine empezó en Panamá más allá de la alfombra roja que se desenrolla con dificultad desde el lobby del Teatro Nacional en pos de un esfuerzo de reforzar nuestra memoria colectiva y evitar regar letras sobre el caliche de los muros del Bella Vista y del resto de las salas de cine la ciudad.

ARQUITECTO.