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26 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Políticos superficiales

P anamá es un país que estadísticamente impresiona. Las calificadoras nos tienen con un BBB+ envidiable en la región, mientras que el úl...

P anamá es un país que estadísticamente impresiona. Las calificadoras nos tienen con un BBB+ envidiable en la región, mientras que el último boletín comparativo nos coloca como el segundo país más rico de América Latina, detrás de Chile en ingresos per cápita y delante de Uruguay, donde la antigua líder Venezuela ahora ocupa un sexto lugar aún con su petróleo. Un país con esas características proyecta una sociedad culta y educada, lo que lamentablemente no es verdad. Si bien el panameño es amplio y receptivo de los extranjeros, dista mucho de la cultura europea o suramericana, su discurso es banal, su manejo del español pobre, con muchos modismos y poca elegancia.

Y esa sencillez del panameño, esa falta de cultura y estilo, se refleja en nuestros políticos y sus campañas electorales, como en nuestras coberturas de noticias. Empecemos por las noticias. Los medios panameños se nutren del morbo, lo explotan y es su camino al rating. Un caso de compra de tierra demandada se convierte en noticia de semanas, porque entre los ocho encausados inicialmente estaba el apóstol Edwin Álvarez, líder de la Congregación Hosanna. Las primeras coberturas resaltaban la denuncia contra el apóstol, sin dar mucha cobertura ni al fondo del asunto ni al resto de los implicados. Inclusive al establecerse que el apóstol era más víctima que delincuente, siguieron por días tratando de sacarle más millas al caso.

De igual forma, por días uno y por semanas el otro, los medios le han dedicado horas y debates al etanol y al Metrobús. Pareciese que no hay noticias relevantes en el país y ya se usan ambos temas como relleno, para completar el tiempo de noticias. De pronto, toda la capital está habitada por expertos en etanol, lejos de entrevistar a químicos y expertos en combustible, las opiniones son de conductores y hasta ciudadanos, que ni siquiera tienen un auto. Esa superficialidad de los medios es espejo de la superficialidad de los políticos.

Qué tristeza que ese país de crecimiento económico, de auge, de riqueza, tenga en su inventario político elementos de tan poca altura y cultura política y democrática. Cuando vemos ataques con fines políticos a un candidato usando un problema de ajuste de pensión alimenticia, donde involucran en el ataque a hijos y toda la familia, tenemos que preocuparnos por el nivel de decencia y caballerosidad que marcará la próxima campaña. Pero esto es solo reflejo en el gobierno de lo que hizo anteriormente la oposición, cuando igualmente usó políticamente diferencias en temas de pensiones con un ministro y un diputado de Chiriquí. Con el caso actual, van tres ocasiones donde las pensiones han sido tema político.

Adicionalmente qué puede aspirar nuestro pueblo a tener una campaña de altura y debates de ideas y proyectos, cuando en plena precampaña solo hemos dado importancia a una grabación de un aspirante a alcalde con diferencias internas en su partido, la pensión de otro candidato a alcalde, una reunión ‘casual’ o no entre el presidente y un candidato. Nimiedades, sin duda, pero usadas por candidatos, campañas y medios como grandes factores electorales. Si ningún candidato eleva el tono de la discusión, si ningún medio entiende que sus debates y presentaciones de análisis electoral tienen que salir del lodo en la que las han llevado y la elevan a debates serios de temas de Estado, la campaña del 2014 será el peor soporífero posible a una sociedad cansada de la mediocridad.

Panamá tiene problemas serios, aunque estemos bien evaluados, aunque mostremos un ingreso per cápita que nos coloca de segundos en América Latina, producto de la gran diferencia en la tenencia de la riqueza, tenemos una pésima distribución de la riqueza que permite que siendo segundos tengamos más de 22 % de pobreza, que casi un tercio de la población no tenga agua potable 24/7, que la recolección de la basura esté en crisis con posibilidades en cualquier momento de desatarse epidemias por ratones y roedores en la acumulación de basura en pueblos y ciudades. Pero los discursos siguen con su superficialidad, nadie trata de abordar un debate a profundidad de cómo atacar los problemas en el nuevo gobierno. Este quedó atascado en sus grandes obras, obras que solo beneficiarán a un grupo de capitalinos, mientras los graves problemas de las grandes mayorías siguen sin atenderse.

Curiosamente el gobierno busca resolver los problemas simplemente repitiendo que ya están resueltos, mientras la oposición tímidamente los enumera, pero no propone solución. Nuestra sociedad, víctima de su naturaleza oportunista e inmediatista, ahora añade a su estilo la superficialidad. Panamá tuvo en su historia grandes oradores, para ser político se requería ser orador, algo aún presente en países como Colombia, Chile, Argentina. Hoy, ningún candidato muestra oratoria ni siquiera discursos dignos de guardarse. La campaña tiende a convertirse en una guerra mediática y de pautas publicitarias, donde quien contrate al mejor creativo logrará despuntar sobre el resto. Recuerdo cuando Madison Avenue empezó a proyectar presidentes en USA, donde las pautas televisivas hacían más daño o bien que los discursos. Hoy, Panamá entra de lleno a esa era, donde quien ayer te vendía un detergente... hoy te vende un presidente.

Lástima, lo que hemos avanzado en economía y bienestar no se refleja en la política, más bien hoy los partidos se debaten en peleas internas y los candidatos cumplen con recorrer pueblos y gremios, pero dedicando tiempo a las televisoras y emisoras de radio buscando masificar su mensaje. Solo que el mensaje sigue superficial.

INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.