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31 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Un gobierno incongruente

Hay que admitir que, ciertamente, existe una tendencia entre un gran número de panameños a ser malapaga... pero no menos cierto es que e...

Hay que admitir que, ciertamente, existe una tendencia entre un gran número de panameños a ser malapaga... pero no menos cierto es que este gobierno se jacta a largas y anchas de haber generado un crecimiento económico y, sin embargo, no se habla de justos aumentos salariales...

No podemos hablar del salario mínimo más alto de Latinoamérica con bombos y platillos como si realmente ese salario estuviese acorde con la inflación que se ha venido dando en estos últimos cuatro años de gobierno, producto del supuesto crecimiento económico, que, a final de cuentas, el ciudadano común no está percibiendo.

Me remito nuevamente a lo estipulado en la Carta Magna concerniente a este punto: Título III, Derechos y Deberes Individuales y Sociales, Capítulo 3, El trabajo, artículo 64: el trabajo es un derecho y un deber del individuo, y por lo tanto, es una OBLIGACIÓN del Estado elaborar políticas económicas encaminadas a promover el PLENO empleo y ASEGURAR a TODO trabajador las condiciones necesarias A UNA EXISTENCIA DECOROSA...

No se puede vivir en este país con salarios míseros promediados entre 432 y 490 dólares (sin mencionar que la mayoría de los aumentos solo se dieron en el sector privado, y que hasta el sol de hoy hay empleados con casi 30 años de servicio en el sector gobierno que ganan entre 350 y 450 dólares)...

El salario mínimo de cualquiera que haya pasado por la Universidad y tenga una titulación y sea probo en su ramo debe ser de al menos 1,000 dólares, entre tanto que otros rubros, ya sea aseo o transporte deben ser de por lo menos 800 dólares.

Es muy simple: vivimos en un país en el cual los salarios no están acorde a los precios de los productos de primera necesidad, lo cual supone una incongruencia, un crecimiento económico para los extranjeros que vienen de afuera con más poder adquisitivo y a nosotros, de malas, se nos tiran las migajas que caen de la mesa.

Antes de decir que el panameño es malapaga, el gobierno debería replantearse cuán malapaga han sido los gobiernos ‘democráticos’ hasta hoy, y cuán paupérrimo ha sido nuestro sistema educativo, que se ha convertido en el principal estorbo para que los panameños podamos aspirar a una mejor calidad de vida y dejemos de una vez por todas la dependencia del maquiavélico sistema clientelista-asistencialista que ha caracterizado a todos los gobiernos oligarcas que hemos tenido en nuestra amada Panamá.

Excelentísimo Sr. Presidente, basta ya de irrespetar a la ciudadanía y deje de pensar que la mayoría de los panameños somos como sus empleados en su cadena de supermercados. Panamá tiene gente pensante y activa que sí se ha dado cuenta de lo ineficiente que ha sido, no solo este, sino todos los gobiernos anteriores en dar cabal cumplimiento a lo establecido por la Constitución en materia de trabajo y mejoras a la calidad de vida de nuestro pueblo.

Anhelo el día en que seamos como un Singapur, o quien quita, una Finlandia, con panameños altamente capacitados en todos los ramos del saber humano y una existencia decorosa, que nos coloque, en un futuro no lejano, como referentes ante el mundo de lo que puede hacer una verdadera reforma educativa y junto con ello, un gobierno que realmente vele por los intereses del pueblo y no por los suyos propios.

*ESTUDIANTE DE PERIODISMO.