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23 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Educar para la vida

R ecientemente participé en una reunión de trabajo, para analizar temas relacionados con la educación y el empleo; en un diálogo constru...

R ecientemente participé en una reunión de trabajo, para analizar temas relacionados con la educación y el empleo; en un diálogo constructivo un empresario me puso de ejemplo, lo que ocurre en Finlandia y la Universidad de Harvard, en la cual sólo aceptan el 10% de los estudiantes que aplican y gradúan al 95 % de los que ingresan a la Universidad, sin mencionar que cerca del 100 % tienen trabajo antes de graduarse, en comparación con las Universidades oficiales que aceptan gran cantidad de estudiantes con pocos requisitos de ingreso.

Somos conscientes que la educación es la piedra angular para resolver la mayoría de los problemas que nos aquejan como país, como es el caso de la carencia de mano de obra calificada, la desvinculación de los centros formadores con el mercado laboral, la baja productividad, el alto costo de la vida, la desintegración familiar, la delincuencia y los problemas de seguridad y marginación, así como los de salud.

Comparar los resultados en educación de países como Finlandia y los de la Universidad de Harvard en los Estados Unidos con Universidades oficiales panameñas, es sumamente injusto, ya que no nos parecemos ni de lejos, si tomamos algunos ejemplos, podríamos decir que en Finlandia a los maestros se les remunera de forma muy parecida a los médicos, recibiendo una alta consideración y reconocimiento de su labor por parte de la sociedad, lo cual convierte a la Carrera de Educación en muy atractiva como el estudiar medicina para los de primer ingreso a las Universidades, con lo cual el proceso de selección natural permite que los mejores quieran ser maestros. En contraste, en Panamá los maestros al egresar de las Universidades ingresan al sistema laboral con bajos salarios, lo que los obliga en ocasiones a tener varios empleos.

Si hablamos de presupuesto, los países con los mayores avances en el Informe de Desarrollo Humano Mundial, son aquellos que invierten una porción significativa de sus ingresos en educación, salud, habilidades para el empleo, y para erradicar el hambre. Mientras la Universidad de Harvard tiene un presupuesto superior al de nuestra nación, nuestras universidades oficiales administran escasez. En nuestro país, son las condiciones de marginación las que producen la deserción de cerca del 60 % de los estudiantes de primer ingreso al llegar al II año, la gran mayoría de éstos no pueden sufragar los gastos de transporte y alimentación, a pesar de los esfuerzos que se hacen en la Universidad de Panamá, como por ejemplo, el pago de matrícula por trabajo, los subsidios para alimentación y transporte, ayudantías académicas, entre otros; este segmento importante de la sociedad, al interrumpir sus estudios superiores, por ir a resolver problemas de subsistencia familiar, ya que provienen de hogares con ingresos familiares menores de B/.400.00 al mes, se convierten en mano de obra no calificada, van a la economía informal y lo peor es que ingresan a las filas de los llamados ‘NiNis’, que ni estudian ni trabajan, lo cual es un caldo de cultivo propicio para caer en las garras de la delincuencia, con lo cual nuestro país pierde capital intelectual, por no tener la posibilidad de adquirir las herramientas que les permitan maximizar su talento e insertarse exitosamente en el mercado laboral con ingresos justos que los ayuden a salir de la pobreza.

Vemos con esperanza la promesa del Excelentísimo Señor Presidente de la República, que la matrícula en las universidades oficiales será gratuita, esto equivale en el caso de la Universidad de Panamá a B/.27.50 por semestre, sin embargo, para que miles de jóvenes tengan acceso y permanezcan en el sistema de educación superior, que debe ser de calidad y clase mundial, se requiere construir políticas públicas que enfrenten estratégicamente esta situación y que eviten ‘que las vocecitas del cerebro sean acalladas por los gritos del estómago’, que ningún compatriota se acueste con hambre y que tengamos programas de apoyo, para que los jóvenes entre los 18 y 24 años que viven en estado de pobreza puedan maximizar su potencial y ponerlo al servicio de su familia y de la patria. Tenemos la responsabilidad de hacer propuestas pertinentes, realistas y científicas, que se puedan materializar y coadyuven a resolver los grandes problemas nacionales, en materia educativa.

El tiempo de la Universidad elitista quedó atrás desde 1968, se requiere entonces redireccionarlo que hacemos en las Universidades oficiales para responder a lo que la sociedad demanda de nosotros, situar a nuestros estudiantes y su aprendizaje en el centro de nuestras acciones, educándolos para la vida. ¡Solo la educación nos hará realmente libres!

DIRECTOR GENERAL DE PLANIFICACIÓN Y EVALUACIÓN UNIVERSITARIA. UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.