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26 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La segunda vuelta

Hay dos instituciones básicas y contrapuestas en el esquema general de los sistemas electorales. Me refiero a la regla de la mayoría rel...

Hay dos instituciones básicas y contrapuestas en el esquema general de los sistemas electorales. Me refiero a la regla de la mayoría relativa y a la regla de la mayoría absoluta.

En los sistemas políticos latinoamericanos prevaleció, durante dos tercios del siglo XX, la regla de la mayoría relativa. No obstante, en el último tercio de la centuria mencionada los procesos de transición democrática y las reformas institucionales concomitantes dieron un vuelco a la situación descrita.

Efectivamente, en los últimos cinco lustros la ingeniería constitucional en boga ha introducido la mayoría absoluta como la fórmula dominante para la elección de los presidentes en nuestra América.

Las modalidades latinoamericanas respecto del principio de la mayoría absoluta con segunda vuelta acogen —incluso— singulares variantes. Mencionaré dos de ellas.

Una variante fue contemplada en la Constitución de Bolivia de 1994. La Carta Política declaraba que si ningún candidato presidencial alcanzaba la mayoría absoluta, la elección era trasladada al Congreso a través de una suerte de segunda vuelta, en la que se enfrentaban los dos candidatos más votados.

Otra variante int eresante encontró su escenario en Argentina. De acuerdo a la Constitución de 1994, el ganador de la elección presidencial deberá obtener el 45 % de los votos, o bien, al menos el 40 % de los mismos y —adicionalmente— 10 % sobre el segundo candidato más votado. Si los anteriores supuestos no se cumplen se convoca a una segunda vuelta electoral.

Prevalece en nuestra Latinoamérica actual, sin embargo, la fórmula clásica de la regla de mayoría absoluta con segunda vuelta. De acuerdo a esta modalidad el ganador deberá obtener la mitad más uno de los sufragios. De lo contrario, se celebran elecciones de nueva cuenta solo con los dos candidatos más votados en la primera vuelta.

La finalidad de esta institución es resguardar el sistema electoral de los efectos nocivos ocasionados, durante largo tiempo, por el instituto de la mayoría relativa.

Durante la vigencia de la regla electoral de la mayoría relativa se erigieron como ganadores a muchos presidentes latinoamericanos que carecían de respaldo político y social.

Un sistema bipartidista parecía adecuado para la regla de la mayoría relativa, pues, en tales circunstancias los triunfadores obtenían necesariamente mayoría absoluta. Pero en la América Latina de nuestros días la mayoría de los sistemas son multipartidarios. De allí que el incremento de la competencia electoral aconseje la utilización de la fórmula electoral de la segunda vuelta.

En los sistemas de gobierno presidencialistas latinoamericanos los mandatarios elegidos requieren amplios consensos sociales. Solo así son posibles tanto la estabilidad institucional como la eficiencia gubernamental.

Respecto a la República de Panamá, una reforma integral y democrática del sistema político debe considerar, pues, la sustitución de la regla de la mayoría relativa. Y ese pacto social debe vindicar, de igual manera, el fortalecimiento de los partidos políticos y el acrecentamiento de la cultura política de los istmeños.

En un debate nacional que ya está en marcha no se puede soslayar que la segunda vuelta es una institución electoral de origen galo.

Francia —al igual que los demás Estados de Europa occidental— posee un sistema político asentado en el Estado de Derecho y en la democracia pluralista.

Las instituciones francesas dieron origen, ciertamente, a la modalidad parlamentaria europeo continental. Empero, mutaciones históricas, políticas y sociales condujeron —a través de la Constitución de 1958— a la adopción de un original sistema que combina elementos del parlamentarismo y del presidencialismo.

Y en el actual sistema político francés ha encontrado sus raíces —como adelanté— la regla de la mayoría absoluta con segunda vuelta, que tiene ya amplio asidero constitucional en América Latina.

Y, en cuanto a Panamá, ¿no se hace imperioso reflexionar nuevamente en torno a esta institución en virtud de las connotaciones que está asumiendo la presente coyuntura electoral? Hace algún tiempo se discutió el tópico. ¿Qué fuerzas políticas secundaron y adversaron —entonces— la institución de la segunda vuelta electoral?

DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE CIENCIA POLÍTICA DE LA FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS DE LA UP.