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30 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Un nueve de enero olvidado

El 9 de enero de 1969 un grupo de combatientes constitucionalistas, que se defendían de la persecución de los golpistas de 1968, atacaro...

El 9 de enero de 1969 un grupo de combatientes constitucionalistas, que se defendían de la persecución de los golpistas de 1968, atacaron un cuartel en Chiriquí. Ese día murieron algunos Guardias (la dictadura dice que 15) aunque las cifras oficiales nunca se han logrado saber. Y no se sabe por qué la dictadura ha ocultado los hechos.

Recuérdese que el 11 de octubre la dictadura de Boris Martínez y Omar Torrijos asestaron un golpe mortal a la democracia, porque Arnulfo Arias había ganado las elecciones. No contentos con dar el golpe, enseguida comenzaron a perseguir a panameñistas y a izquierdistas para encerrarlos en las cárceles, torturarlos, asesinarlos y hasta desaparecerlos en varios casos. Así mataron a Floyd Britton porque la cobardía del gobernante no podía saber que pudiera estar vivo alguien que defendía sus principios contra la dictadura.

Los panameñistas en Chiriquí, por su lado, se vieron obligados a correr hacia las montañas, para evitar ser asesinados o desaparecidos. Fue entonces cuando decidieron que no tenían por qué quedarse tranquilos. Había que resistir contra la tiranía y de allí que se armaron y conformaron un grupo que se dedicó a defenderse con las armas de la agresión de los militares apoyados y entrenados por Estados Unidos para matarlos.

La dictadura nunca ha querido contar lo que pasó realmente con una familia Cedeño. Se limitan a decir que la mataron y ahorcaron en medio de actos de crueldad. Lo que no dicen es que ellos habían hecho primero algo igual o peor. Una fuente nos dice que castraron detenidos en medio de horripilantes torturas. No justifico ni una ni otra, pero sí critico que la dictadura nunca permitió un debido proceso, una debida investigación penal ocultando así la verdad. Lo único que se sabe es que esos Cedeño son familia de otro que quedó en el G-2 con Noriega y que continuaron a lo largo de la década de los 70 aplicando métodos de tortura contra muchos panameños. Varios de ellos después fueron asesinados y desaparecidos.

Tampoco la dictadura ha permitido saber si se abrieron investigaciones sobre los Guardias que cayeron muertos en los choques con los panameñistas, especialmente entre 1968 y 1969. Hubo otros en el área urbana en 1970, que tampoco la dictadura permitió saber. Lo que ocurrió fue tan sencillo como que ellos decidieron por su cuenta atribuir muertes de guardias, a quien a ellos les viniera en gana y esa fue una de las excusas para torturar, matar y desaparecer. Incluso a los familiares de estos Guardias se les ocultó la verdad.

El 9 de enero de 1969, los panameñistas estaban molestos en las montañas de Chiriquí. Y estaban llenos de ira cuando se enteraron que los norteamericanos estaban dando armas y asesoría a la Guardia, para combatir a los panameñistas que defendían la democracia. Oh ironía: la nación de la democracia, Estados Unidos, estaba ayudando a una dictadura para que en Panamá no hubiera democracia. Eso llenó de coraje a los panameñistas ‘constitucionalistas’, como se hicieron llamar, y por eso decidieron atacar el Cuartel de Piedra Candela ese 9 de enero. Era un doble mensaje: por la soberanía panameña y por el derecho a la democracia panameña. Allí cayó en combate un valiente panameñista, cuyo cuerpo fue secuestrado por la guardia.

La culpa de los guardias muertos el 9 de enero de 1969 fue de una dictadura que usurpó el poder en 1968 para después firmar un tratado traidor que desconocía las aspiraciones y exigencias del 9 de enero de 1964. Abran los ojos.

CPA Y EX INVESTIGADOR DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD