Temas Especiales

06 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Economía que mata o Economía para la vida

En los debates de esta semana, Juan Carlos Navarro y Juan Carlos Varela se disputaron cuál de los dos ha favorecido más a sus allegados ...

En los debates de esta semana, Juan Carlos Navarro y Juan Carlos Varela se disputaron cuál de los dos ha favorecido más a sus allegados con puestos en la estructura gubernamental y en las contrataciones con el Estado. Si el PRD o el Panameñismo habían aupado a Ricardo Martinelli o pertenecían a su círculo cero. He allí la podredumbre que carcome la esfera pública.

El pueblo sabe que en toda la partidocracia se han exacerbado los niveles de corrupción, nepotismo e impunidad. Que Martinelli participó tanto en gobiernos del PRD (Ernesto Pérez Balladares) como de los panameñistas (Mireya Moscoso). Alejados del pueblo, tienen que argumentar que han visitado o consultado a éste. Una vez más, como en todos los comicios electorales, la partidocracia retoma el discurso de los pobres, para una vez en el gobierno imponer medidas antipopulares que lesionan la dignidad humana.

Imponen lo que el papa Francisco ha llamado ‘capitalismo sin límites’, que representa una nueva tiranía invisible. Esta es la economía neoliberal que desde 1979 se aplica por la fuerza a los panameños, tanto por gobiernos PRD, panameñistas y Cambio Democrático.

Se trata de reformas constantes al Código de Trabajo (flexibilización laboral que mantiene al 40 % de los trabajadores en informalidad), reformas a la Seguridad Social (que incrementó la edad y las cuotas para jubilación y disminuyó las pensiones, provocando que el 41 % de los pensionados sean pobres); reformas tributarias que favorecen un sistema impositivo de carácter regresivo (aumento y extensión del ITBM a ITBMS y de 5 % a 7 % afectando el poder adquisitivo de los consumidores); privatización de las empresas públicas básicas (luz, teléfono, puertos, recolección de basura e intentos de privatizar el agua) y venta de la patria (ríos, playas, costas); desmantelamiento del agro (acuerdos comerciales que no consideran las características de nuestros sectores productivos ni las asimetrías con otros países; así como la disminución de 71 mil hectáreas para la producción en la última década); reforma a la educación y salud que buscan su privatización; endeudamiento público (llave en mano, deuda suntuaria, deuda para cubrir sobrecostos), que compromete la inversión social, entre otros.

Tal como queda establecido, los resultados que arroja la implementación de las medidas de política neoliberal son contradictorios, puesto que si bien han generado crecimiento económico en algunas actividades económicas este ha sido concentrado en pocas manos (105 ultramillonarios), ha deteriorado la base productiva del país, incrementado la exclusión e inequidad social, fomentado e incrementado la corrupción.

Desde los ochenta, el movimiento social panameño enfrentó esta economía de la exclusión y la inequidad, esta ‘economía que mata’, como dice Francisco. Lo hicimos en la calle y con propuestas; fuimos reprimidos, encarcelados y engavetadas las propuestas distintas que garantizaban una economía para la vida. Este accionar histórico del movimiento social panameño hoy es levantado en la propuesta del Frente Amplio por la Democracia (FAD), verdadera alternativa del pueblo trabajador, de los sectores honestos y democráticos del país.

Desde el FAD nos hemos comprometido a levantar una Patria para Todos: humana, democrática, justa, equitativa y solidaria. Ello implica una Economía que garantice la Vida Digna y Decorosa para todos los panameños; que priorice la satisfacción de las necesidades sociales más apremiantes de la población. Es necesario reorientar la política económica, centrando nuestra prioridad en un desarrollo nacional y restablecer el poder del Estado de forma tal que pueda orientar eficazmente la economía del país frente a las imperfectas y excluyentes ‘fuerzas del mercado’.

Es urgente construir una sociedad diferente, no solo en términos cualitativos, sino cuantitativos, ello solo es posible mediante la convocatoria a una Constituyente Originaria autoconvocada, que refunde el país. El programa del FAD se puede resumir en cumplir y hacer cumplir la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que nuestro país suscribió en 1948. Demostraremos a la partidocracia que el voto del pueblo digno es secreto y no se vende.

SECRETARIO GENERAL DE CONUSI-FRENADESO.