Temas Especiales

30 de Ene de 2023

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Crisis y literatura

La vida de Pedro Regalado estuvo prácticamente unida a la historia nacional que se forjaba desde antes de la separación de Colombia. Dec...

La vida de Pedro Regalado estuvo prácticamente unida a la historia nacional que se forjaba desde antes de la separación de Colombia. Decidió establecerse en Colón cuando vino con su esposa del país vecino y su destino se vio ligado a acontecimientos que le dieron un visión clara de la realidad y de alguna manera bordaron y configuraron su círculo familiar.

Este hombre solitario es la expresión del conjunto de circunstancias personales de quien se ve ligado a hechos memorables, aún en el microcosmos donde le corresponde ser abogado del incendiario Prestán que trascendió en sus acciones y luego construyó un ideario; pero también consolidar la noción de hogar, pese a las peripecias locales.

Este es el personaje de una de las últimas novelas —Vida que olvida— de Justo Arroyo, nacido en la costa caribeña en 1936 y quien acaba de ingresar a la Academia Panameña de la Lengua, como colofón de una trayectoria dedicada a la narrativa y en la gestión burocrática, ligada a la promoción de cultura y sus productos.

La noche de la ceremonia de su entrada a esta institución, Arroyo dio una conferencia donde se refirió a la crisis de la literatura y partió de considerar que este concepto, tan utilizado en las ciencias sociales, también tiene vigencia en las letras. Sobre todo por dos tesis que se contraponen; aquella que habla del ‘estado de fallecimiento’ y la segunda, opina la idea contraria.

Sustentado en una base muy documentada, el nuevo académico explicó la dimensión plural de las acepciones de ‘crisis’ y mencionó, aquella oriental que le acerca a ‘oportunidad’. Avanzó desde la opción etimológica, que liga la palabra con separación de semillas, hasta la que se utiliza modernamente en el arte.

El autor de obras como Dejando atrás el hombre de celofán y Capricornio en gris, comparó dos grandes tendencias geopolíticas que perciben —desde los países desarrollados, una— que la literatura ha muerto y la otra —desde el mundo en desarrollo—, que aún surgen modelos que capturan la realidad y a través de nuevos códigos revitalizan el texto de sus historias.

En su análisis, el múltiple ganador del premio Miró en géneros de novela y cuento, mencionó la perspectiva de prosistas que en nuevos lugares y experiencias, tanto en África y las islas del Caribe, a partir de sus vivencias extrañas y originales, han tenido la capacidad de formular nuevos modelos, como los antillanos V. S. Naipaul y Derek Walcott, por su singularidad creativa.

Es aquí donde el expositor llega al meollo de las teorías. En las culturas más establecidas, el surgimiento de nuevas expresiones ligadas a las tecnologías, el cine, la TV, Internet han sustituido no solo esa fascinación por los relatos plasmados en papel, sino que además crean un contexto sociopolítico que cierra o estrangula la imaginación, sobre todo juvenil.

Frente a esta perspectiva, él plantea en su discurso que ‘nuevos mundos plausibles’, caminos, acontecimientos y una tierra como Latinoamérica —con lo real maravilloso—, son caldos para la formulación de otras estructuras, tanto en su arquitectura como en los contenidos. Y puso ejemplos en la literatura árabe y africana.

Estableció que también en Panamá, surgen voces en el ámbito indígena, por ejemplo Arysteides Turpana; además, los caribeños y otras formas de fabular, basadas en los senderos del misterio dejados por nombres de la talla de Solarte y Sinán, pues ‘hay mundos que pueden ser tan ricos’.

Arroyo ha andado estos caminos también y como Pedro Regalado ‘empieza a revolcarse’ con su experiencia en las letras y su nueva labor como académico de la lengua.

¡Enhorabuena!

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.