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10 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

UP: evaluando el rendimiento docente

La Universidad de Panamá inició el nuevo sistema de evaluación del desempeño docente con doble modalidad. Por una parte, la ‘Evaluación ...

La Universidad de Panamá inició el nuevo sistema de evaluación del desempeño docente con doble modalidad. Por una parte, la ‘Evaluación Docente’, aplicable a todos los profesores, sin importar su condición. Por otra, la Evaluación del ‘Rendimiento por Resultado’, aplicada únicamente a los profesores de tiempo completo. La primera prueba fue realizada al finalizar el segundo semestre 2013. Corroboramos lo que solicitamos al Consejo Académico en nota del 19 de junio de 2013, en el sentido de que ‘la puesta en ejecución del sistema requería de una etapa de transición que permita organizar y ejecutar la evaluación de manera eficaz, que se logren los fines esperados’.

Los universitarios entendemos que hoy enfrentamos complejos desafíos que inciden en las tareas propias de las universidades. Entre los retos está mejorar la calidad y pertinencia de lo que hacemos; que trabajemos más y con más calidad, es algo que no encuentra oposición en el profesorado. Pero esa meta tan necesaria requiere de condiciones previas que faciliten el éxito de las metas propuestas.

El hecho de ‘ser mejores’ no solo resulta de los procesos de evaluación. Esto es una parte, y no desmeritamos su importancia. Pero hay que incentivar los ambientes laborales saludables y garantizar mayores inversiones en tecnologías, en innovación e investigación. Con estos soportes no es posible negar los nuevos paradigmas, ni siguiera el proceso de evaluación, aunque lo que sí se exige es que el sistema recientemente aprobado sea eficientemente administrado como requerimiento básico para el éxito.

Será imperativo sopesar oportunamente la racionalidad de las ‘sanciones’ establecidas en el Reglamento y que haya, realmente, efectividad en los incentivos otorgados a los docentes con evaluación excelente. No negamos que debe existir una manera de regular la poca productividad, pero la forma, como los alcances en que están definidas las sanciones, podrían generar un ambiente no necesariamente favorables para los objetivos propuestos en el sistema, sobre todo porque las ‘evaluaciones regulares repetidas’ y las ‘no satisfactorias continuas’ afectarían la condición de los tiempos completos, y la suspensión por un año de los tiempos parciales.

El nuevo sistema eliminó la autoevaluación. No estamos seguro de la prudencia de esta medida. Si los docentes son actores del proceso, resulta una deficiencia dejarlos al margen y sin posibilidades de aportar en la orientación del sistema. El nuevo diseño establece un 35 % para los estudiantes, y a las Comisiones de Evaluación de las unidades académicas se les otorga el 65 %. Los docentes no aportan ningún porcentaje de manera que se ‘pierde’ información valiosa para valorar los aprendizajes de los estudiantes y el desempeño del mismo docente.

La experiencia reciente demuestra que es imperativo que las unidades académicas hagan una reingeniería en la planificación de sus actividades; así los docentes podrán incursionar con efectividad en las funciones que les corresponde desempeñar; igual preparación han de tener la Dirección de Evaluación y los integrantes de las Comisiones de Evaluación.

Hay un asunto crucial en todo esto. Creemos que la efectividad del sistema de evaluación podría verse obstaculizado si, a futuro, no despolitizamos la exagerada politización que vivimos en la Universidad. Una universidad de calidad, que sea acreditada, puede fenecer ahí donde el electoralismo y el revanchismo se imponen como cultura disfrazada de democratización. Urge construir la cultura de la calidad, y que ésta sea la base para mejorar y elevar lo que hacemos en la casa de Méndez Pereira.

*DIRECTOR DEL IDEN.