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- 29/06/2019 02:00
En entrevista con La Estrella de Panamá , el arquitecto y pasajista Luis Alfaro destacó que si la ciudad capital potencia la construcción de infraestructuras verdes, es decir, la siembra de árboles dentro de las aceras, los beneficios serían innumerables, tanto en movilidad urbana como en los aportes que se generarían para el ambiente.
Para Alfaro, un claro ejemplo local es la inclusión de árboles que se ha realizado áreas como vía España, vía Argentina y la calle Uruguay.
¿Por qué es importante que Panamá comience a implementar acciones en cuanto a infraestructura verde en la ciudad?
Tenemos una biodiversidad envidiable como nación, pero no la utilizamos de manera estructurada para que nos facilite la movilidad urbana, entre otros muchos beneficios que nos podrían brindar los árboles.
¿Qué transformaciones deberían presentar los espacios públicos para que sean amigables con este tipo de iniciativa ambiental?
Es importante tener espacio para el desarrollo de la copa de árboles saludables para así formar una canopia continua de sombra de árboles que sirva de techo a la acera, para que los peatones puedan desplazarse en mayores distancias y en comodidad. Adicionalmente, los pavimentos deben ser suficientemente amplios y cómodos, continuos, sin escalones. También deben haber cruces peatonales en todas las intersecciones urbanas, ya que son de todos, no solo de los conductores. Y deben estar a nivel de calle.
‘Es importante hacerle la vida más fácil a los peatones, y hacer que caminar sea más atractivo',
LUIS ALFARO
ARQUITECTO Y PAISAJISTA
Mandar a los peatones a utilizar puentes para que crucen la calle, haciéndolos subir el equivalente a un edificio de cuatro pisos y recorrer tres veces la distancia no es algo que hacemos por los peatones, es algo que hacemos para proteger el flujo del tranque. Y es lamentable. La calle debemos compartirla y los puentes ‘antipeatonales' deben dejar de existir, por inhumanos y costosos.
¿Qué impacto generarían estas infraestructuras verdes para los peatones?
Debajo de los árboles, la temperatura se reduce entre 2 y 8 grados centígrados. Esto significa mayor confort y la posibilidad de recorridos más largos. De esta forma, las personas podrán acceder a las estaciones del metro, paradas de bus, estacionamientos o comercios de forma más cómoda. Es importante hacerle la vida más fácil a los peatones, y hacer que caminar sea más atractivo.
¿Cuáles son los principales desafíos para llevar esta visión adelante?
Soterrar cables eléctricos y de telecomunicaciones es muy costoso, los trabajos son muy complicados y molestos. Pero es necesario, ya que la calidad de nuestras aceras es muy pobre y esto tiene consecuencias varias, desde menor accesibilidad al transporte público, contaminación visual, impacto negativo en el aspecto de la ciudad, entre otros. Rescatar espacios peatonales ocupados por carros, donde se han construido estacionamientos en la servidumbre también es un reto importante. La seguridad de muchos es sacrificada por el estacionamiento de pocos.
¿Qué tan difícil sería extender esta obra en una ciudad que presenta un crecimiento urbanístico sin una debida planificación?
Es difícil. La ciudad fue pensada para ser utilizada por conductores únicamente, cuando en la actualidad estos representan un 36% de la población. El problema de Panamá es que se planificó para no crecer. Y las ciudades siempre crecen. En urbanizaciones y barrios nuevos, es más fácil implementar estas canopias urbanas. Pero ya hemos visto cómo es posible en calles como vía Argentina.
¿Cómo la infraestructura verde transformaría la forma de construir y visualizar el valor real que tienen las aceras?
En un clima como el nuestro, es importante siempre dar sombra al peatón en los espacios públicos, cosa que rara vez se hace. Las aceras son mucho más que espacios para que los transeúntes pasen, son el acceso al transporte público. Son únicos e insustituibles espacios de seguridad humana en la ciudad; espacios de vida pública y convivencia ciudadana; de protesta, de intercambio, de encuentro. Son nuestra zona de contacto directo con la ciudad.
¿Cuáles serían las principales estrategias que el país tendría que implementar para obtener los resultados esperados?
Buena elección de especies, preferiblemente nativas, buena ubicación —entre peatones y carros, para que los árboles sirvan a las personas como protección del tráfico— y mantenimiento.
¿Considera que la siembra de árboles que se ha hecho áreas como vía España, vía Argentina y valle Uruguay es un ejemplo clave sobre este tema?
Son buenos ejemplos locales. Los árboles están recién sembrados, tomará algo de tiempo para que desarrollen sus copas. En vía España, que fueron los primeros en ser sembrados, las copas ya han triplicado su volumen en un año. A medida que pase el tiempo, el paisaje irá valorizando cada vez más estas calles, y mejorando la calidad de vida de quienes ahí viven, trabajan y transitan.
¿Cuáles cree que serían los cambios que llegarán a presentar estas áreas en un futuro?
Los árboles urbanos tienen muchos beneficios, además de regular la temperatura. Protegen del sol y la lluvia, producen oxígeno, controlan la erosión, embellecen las calles, protegen a peatones, filtran contaminantes y pequeñas partículas, regulan el flujo del agua ayudando a prevenir inundaciones, mejorando la salud física y mental de la población; son hábitat y alimento para la fauna, ayudan a mitigar el cambio climático absorbiendo dióxido de carbono, aumentan el valor de propiedades, funcionan como pantalla acústica, entre otros.
Durante una conferencia mencionó que Panamá ha dejado a un lado las infraestructuras humanas para dar prioridad a los autos, ¿existe una solución práctica para este tema?
Sí. La calle y la ciudad son de todos y, por tanto, debe haber en cada una espacio para personas en el método de movilidad que deseen utilizar, ya sea caminando, en bicicleta, transporte público o vehículo privado. Actualmente la enorme mayoría de las calles en Panamá no son compartidas, sino que son ocupadas en su totalidad por carros en movimiento o estacionados, en detrimento de los ciudadanos que no compran carro, que son la mayoría. Todos, desde los más pequeños hasta los más ancianos, tenemos derecho a un espacio de circulación cómodo y seguro para poder desplazarnos por nuestra ciudad. La ciudad es de todos, aunque Panamá parece que fuera habitada por carros y no por seres humanos. Es hora de humanizar la ciudad.