Irene Orillac de Simone, presidenta de la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), analiza el impacto de las tasas de interés en el acceso a la vivienda,...
- 06/06/2009 02:00
PANAMÁ. Repentinamente ayer Calidonia se llenó de policías. Eran las siete y media de la mañana cuando llegaron los primeros carros con las unidades que tenían la misión de desalojar a los moradores de los 105 apartamentos del viejo edificio “El Cruce”, ubicado en Calidonia y la Calle M.
Inquilinos de ese inmueble como María Sánchez dicen que fueron sorprendidos. Aunque conocía de la acción se quedó en cama un rato más rumiando las palabras del representante de Calidonia, Ramón Asbhy, el día anterior cuando los visitó: “duerman tranquilos, esto tiene solución”.
En la manzana todo cambió de súbito. Las calles fueron acordonadas y el paso era abierto solamente para los vecinos y para los inquilinos de El Cruce. Había curiosos que aguardaban desde lejos que pasara algo, cualquier cosa que los pudiera entretener.
En los alrededores del edificio de tres plantas, los 15 carros de mudanza que pagó la empresa Epaco Investment, propietaria del inmueble, iban a cualquier lugar donde los desalojados indicasen. “No somos perros” grita alguien.
En la escena se encuentra la abogada de la propietaria del edificio: Angélica Sanguillén. Su versión de los hechos es que los “invasores” fueron notificados de que el edificio sería desocupado. Seguidamente levanta tres páginas con la resolución N° 381 del 24 de noviembre de 2008 que legaliza la acción.
Entre las causas se señala que el edificio está en pésimas condiciones y que pronto será demolido para construir una nueva obra. No dice cuándo. En el momento y ajenos a lo que ocurre los chinos de la tienda de la planta baja venden refrescos.
A medio día todo seguía igual. De la única entrada al edificio bajaban desde estufas hasta aires acondicionados arrancados a la fuerza, cargados o arrastrados por la gente mudada un año atrás al lugar, atraídos por la noticia de que había apartamentos gratis.
Los policías temen. Una unidad dice que están ahí para evitar que “salte” un arma de fuego. A las 12:44 p.m. llegan más carros con policías y con estos el comisionado de la región metropolitana Rigoberto Feuillebois. Parece que el comisionado atrajo el torrencial aguacero. En un abrir y cerrar de ojos se llena la calle de agua, y los chécheres se cargan en los aleros ya mojados.
“Me falta arrancar la lámpara”, dice María Trejos mientras espera el carro de la mudanza para regresar a Santa Cruz.
El destino de algunas de estas personas queda al amparo de sus familiares. “Me voy pa’ donde mi mamá, en Felipillo”, dice Cristóbal. “Yo me voy pa’ donde mi suegra, pero yo no soy ratón para vivir encerrado, yo puedo pagar, pa’ eso trabajo, debieron darnos más tiempo para irnos”, murmura Ambrosio Tuñón.
En horas de la tarde, el defensor del Pueblo, Ricardo Vargas, opinó que se reunió con autoridades del Ministerio de Vivienda y con la Junta Comunal de Calidonia, a fin de encontrar una posible respuesta habitacional para los afectados.
Vargas mostró preocupación por la suerte de algunas personas que no tenían dónde pasar la noche y vaticinó que este desalojo generará un escenario de confrontación, ajeno a la solución pacífica del conflicto.
Por su parte, Rigoberto Feuillebois, jefe de la zona metropolitana de la Policía Nacional desde su llegada a la escena, no dejó se subir y bajar los tres pisos. “Gracias a Dios la operación se llevó con mayor orden. Se dialogó con ellos puerta a puerta”, afirmó.
El oficial concluyó que las 15 familias que no tenían a dónde ir, se quedarán en sus habitaciones hasta el lunes 8, cuando será finalizado el cierre total del edificio.