Entendiendo el riesgo sísmico de la ciudad de Panamá

  • 04/07/2026 00:00
Un repaso a la historia sísmica de Panamá y a la evolución del Reglamento Estructural Panameño advierte que la ciudad capital y el Canal se encuentran expuestos a fallas geológicas activas. Especialistas alertan sobre la vulnerabilidad de edificaciones antiguas y la necesidad de reforzar la planificación y la construcción sismorresistente

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“La gran proximidad de la ciudad de Panamá a una zona de falla activa y la falta de consideración de estas cargas sísmicas en los códigos de diseño estructural crean una situación de especial peligrosidad en caso de que la falla se rompa antes de que el parque edificatorio actual sea sustituido por construcciones más robustas y resistentes a los terremotos”.

Esta es la categórica conclusión que presenta el estudio ‘Neotectónica y paleosismología de las fallas Limón y Pedro Miguel en Panamá: amenaza sísmica para el Canal de Panamá’ (2010), publicado en la revista científica Bulletin of the Seismological Society of America. Este estudio fue realizado “como parte de la caracterización de la amenaza sísmica para el proyecto de ampliación de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), estudió la expresión geológica y geomorfológica de las fallas Pedro Miguel, Limón (...), factores críticos para el diseño de las nuevas esclusas y las estructuras asociadas”.

A pesar de los escasos estudios sobre la geología y sismicidad de la región transístmica, -y de la propia ciudad de Panamá-, lo cierto es que la historia de estos eventos deja entrever de forma inequívoca su impacto y recurrencia. El artículo ‘Sismos por fallas locales reportados como fuertes en Panamá Central, Panamá’ (2024) del ingeniero y exdirector del Instituto de Geociencias Eduardo Camacho, presenta una bien documentada cronología de eventos sísmicos que han sacudida la región transístmica.

El registro inicia en 1541 con el primer sismo que causó daños documentados en la Ciudad de Panamá, seguido por el devastador terremoto del 2 de mayo de 162, originado en la falla transcurrente de Pedro Miguel. La actividad neotectónica continuó manifestándose a través de los siglos con eventos como los sismos de 1844, 1849, y 1854 que produjeron rajaduras en edificios y anomalías marinas en la isla de Taboga. Asimismo, el sismo de octubre de 1873, acompañado de fuertes retumbos cerca de Colón, evidenció la gran capacidad sismogénica de fallas caribeñas como Limón o Río Gatún.

Durante el siglo XX la cronología documenta eventos como el sismo superficial de septiembre de 1909 (magnitud 6.0) y otros eventos en 1915, 1930 y 1936 que causaron gran alarma, daños leves y ruidos subterráneos fuertemente indicativos de fallamientos activos excepcionalmente cercanos a los centros urbanos.

Un hito crucial para la evaluación de la vulnerabilidad y la modernización de la ingeniería estructural panameña ocurrió el 20 de enero de 1971 con el sismo ‘Pelé’ (magnitud de 5.6-5.8), originado en la falla de Las Perlas, el cual provocó daños tan severos al Hospital Gorgas que obligó a la ingeniería a innovar mediante la instalación de enormes amortiguadores de fricción para garantizar la disipación pasiva de energía sísmica en la edificación.

Más recientemente, los sismos de fallas transcurrentes del 28 de abril y 19 de julio de 2023 (magnitud de 2.9 y 3.6, respectivamente) en el área de Arraiján, originados muy cerca de la ribera oeste del Canal de Panamá, demuestran que “el sistema de fallamiento conjugado interoceánico sigue tectónicamente activo”.

La construcción de edificaciones en Panamá está regulada por el Reglamento Estructural Panameño (REP), el cual tuvo su primera edición en 1984. El reglamento ha pasado de valores referenciales de California para estimar el riesgo sísmico al uso obligatorio de datos locales a partir de 2004.
El Reglamento Estructural Panameño (REP): la base de la construcción sismorresistente

El REP es “un instrumento que utilizarán los ingenieros, por una parte, y los funcionarios municipales y de entidades estatales por la otra”, constituyéndose como un “documento que contiene normas técnicas mínimas de diseño estructural que deben observarse en el diseño de obras y en la elaboración de planos”. Su propósito primordial y exigencia ante la ley es establecer los parámetros que tienen “como intención asegurar contra el colapso de la estructura o contra fallas estructurales mayores” en todo el territorio nacional.

Antes de que existiera un reglamento con fuerza de ley, la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) patrocinó el ‘Código Antisísmico de Panamá’ en 1976, el cual estaba basado en el Código constructivo de California. El primer reglamento oficial (REP-84), aprobado en 1984 y publicado en 1985, fue el primer reglamento estructural legal en el país. En este documento, el diseño sísmico seguía basándose fuertemente en las recomendaciones de la Asociación de Ingenieros Estructurales de California (SEAOC).

Debido a que en Panamá no existían registros detallados de acelerogramas en esa época, se extrapolaban los factores de sismicidad de California a una zonificación local (Zonas 1 a 4). Para viviendas unifamiliares (chalets o dúplex), el REP-84 no exigía un diseño sísmico formal y cuantificado, limitándose a dar recomendaciones conceptuales debido a la percepción de baja sismicidad general.

El cambio más drástico ocurrió en el REP-94. Se abandonaron los factores de zona de California y los coeficientes sísmicos pasaron a calcularse mediante datos de sismos locales. Esta versión también incluyó normas más estrictas para la construcción de vivienda individual. El REP-2004 enfatizó la necesidad de contar con mapas de riesgo sísmico locales e introdujo la obligación de instalar instrumentación sísmica en todo edificio nuevo de más de 15 pisos o 5,000 metros cuadrados, para registrar el comportamiento estructural en futuros sismos.

Las investigaciones sobre la amenaza sísmica realizadas durante la ampliación del Canal demuestran que las fallas de Limón y Pedro Miguel poseen intervalos de recurrencia relativamente cortos, del orden de unos pocos cientos de años, y que tienen el potencial de romperse al unísono generando sismos de magnitud cercana a 7 grados de magnitud.

La estrecha proximidad de la ciudad de Panamá y del Canal a esta red de fallas activas representa un peligro crítico debido a que, históricamente, los diseños estructurales ignoraron la magnitud real de los sismos que se podrían producir. Los reglamentos iniciales se basaron en percepciones de baja sismicidad y extrapolaciones foráneas. Es solo luego de la realización de estos estudios, que se incluyen en el REP-2014 consideraciones que abordan de forma más específica la magnitud real de la amenaza sísmica de la región transístmica.

Eventos como los recientes destructivos sismos de Venezuela deben llevarnos a la revisión de los paradigmas sobre los cuales se diseñan, construyen y preservan las ciudades en Panamá. La preocupante brecha entre un parque edificatorio antiguo -construido bajo la falsa premisa de una baja sismicidad-, y un sistema de fallas vivas con el potencial de fracturarse al unísono, nos obliga a establecer mecanismos que permitan abordar los riesgos sísmicos y que el desarrollo acelerado, muchas veces desregulado e informal, representan.

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