Profesores y libros con fecha de expiración

PALABRA. Cada mañana, como si el tiempo no hubiera pasado y el primer semestre del nuevo año académico no hubiera comenzado, el profeso...

PALABRA. Cada mañana, como si el tiempo no hubiera pasado y el primer semestre del nuevo año académico no hubiera comenzado, el profesor Aristides Martínez sube las escaleras que conducen al tercer piso de las Facultad de Humanidades, entra a las estrechas oficinas del Departamento de Español y da los buenos días.

La lengua de Cervantes es su vida. A su enseñanza y conservación ha dedicado varios años, no sólo como profesor en la Universidad de Panamá (UP), sino también como miembro de la Academia Panameña de la Lengua.

Sus alumnos eran los depositarios de su pasión, de su sabiduría. O por lo menos así fue hasta su pasado cumpleaños. Celebró sus 75 años, edad en la que, de acuerdo con una decisión tomada por el Consejo General Universitario, debía suspender sus lecciones, recibir un ‘bono por antigüedad’ y retirarse a casa, dejando las aulas para la próxima generación de educadores.

Sin embargo, a pesar de lo dispuesto por el consejo, Martínez no se resigna a abandonar la vida universitaria, los pasillos por los que transita la luz y las inquietudes de los estudiantes. Asegura que actualmente él y algunos de sus colegas discuten la posibilidad de presentar una demanda en contra de la disposición del consejo, a la que cataloga como ‘una página negra en la historia de la Universidad’. ‘Nadie está de acuerdo con este asunto ni cómo se hizo’, afirma el docente.

Al igual que Martínez, el exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia Edgardo Molino Mola no logra sacudirse el malestar que siente desde su reciente salida de la institución en la que impartió clases durante aproximadamente 40 años. Considera que la medida debió haber sido consultada previamente, que los profesores salientes deberían haber recibido más de los 10 meses que se les pagó, que su implementación tiene que estar regida por una ley constitucional y no por una decisión del Consejo General.

¿LEY FAÚNDES PARA LOS PROFESORES DE LA ‘U’?

La decisión del Consejo General Universitario de situar la edad límite para desempeñarse como profesor universitario en 75 años hace eco de la célebre ‘Ley Faúndes’, que forzaba a los funcionarios públicos a renunciar a su cargo una vez alcanzaran esta edad. Esta normativa fue derogada hace aproximadamente cinco años.

Lo que más preocupa a Molino Mola es el tema de la igualdad: si la edad de retiro se ha fijado en 75 años, ¿por que razón las autoridades universitarias permitirán que algunos profesores permanezcan en sus cargos? ¿Por qué la medida es para unos y para otros no? Efectivamente, de acuerdo a lo decidido en el Consejo General, los docentes que hayan sido elegidos por un período fijo o predeterminado no tendrán que retirarse. ‘Esa persona no debió haber sido elegida si durante el tiempo que va a ocupar el cargo se sabe que va a cumplir con la edad de retiro’, opina el jurista.

También se quedará un grupo al que se ha designado como ‘eméritos’. Su número no deberá pasar de 50, tal como establece la normativa universitaria, y los mismos serán seleccionados por la Junta de Facultad y el Consejo Académico.

En el caso del rector del centro de estudios superiores, el perenne Gustavo García de Paredes, el abogado especula que ‘posiblemente en año, año y medio, va a estar cumpliendo los 75 años, pero él no se va a retirar’ porque todavía tiene que finalizar su período. Asegura que además del rector, el selecto grupo de los que podrán quedarse a pesar de sus 75 primaveras incluye a decanos, miembros del Consejo Superior Universitario, directores de Centros Regionales, etc.

LA LEY DEL EMBUDO

‘Me jodí, metí la pata’, se lamenta un curtido profesor de la UP que el próximo año cumplirá 75 años. Reflexiona que de no haber renunciado a su cargo como director de una de las escuelas que integran las diferentes facultades se hubiera asegurado un par de años más dando clases.

El educador señala que la disposición del consejo ha desencadenado un ‘canibalismo académico, de pelea para ver quién se queda y quién se va. ‘Se trata de una viveza, porque la mayoría de los que están allá arriba tienen 75 o más. Durante todos los períodos del rector se han beneficiado’, indica. Añade que de esta forma, García de Paredes podría estar recompensando a su círculo íntimo por su amistad y su apoyo, en especial después de las elecciones del año pasado, en las que conquistó su quinto período consecutivo como rector.

‘Se trata de la ley del embudo: lo ancho para mí lo estrecho para los demás’, asevera Molino Mola, quien en la Facultad de Derecho fue reemplazado por tres profesores de menor experiencia. Aunque no se considera enemigo del rector, el también exdecano apunta que posiblemente García De Paredes le esté pasando factura porque constantemente ‘me he opuesto a los puestos eternos’. ‘Él siempre es la excepción a la regla. Él sí puede reelegirse, sí puede cumplir 75 años y quedarse’, comenta.

El secretario general de la UP, Miguel Ángel Candanedo, asegura que al rector le faltan tres años para alcanzar la edad de retiro estipulada. Afirma que cuando los cumpla podrá continuar con sus labores como rector, ya que están eximidas ‘las autoridades que han sido electas y que tienen un período por cumplir’. Explica, además, que la constitución de la República establece que la universidad es autónoma y ‘designa y separa a su personal’ de acuerdo con sus propias normas. El quinto período de García de Paredes culminará en el año 2016.

PROBLEMAS DE RELEVO

En la Facultad de Derecho reina una atmósfera de escepticismo frente a la salida de los viejos maestros y el arribo de los nuevos. Algunos, como el estudiante Joel Monterrey, aseguran que le será imposible a los nuevos profesores reemplazar a docentes con la experiencia de Molino Mola y de otros que se han sacrificado por preparar a varias generaciones de profesionales. ‘Había algunos que daban hasta tres turnos. Los jóvenes que han entrado no tienen la misma vocación’, plantea Luis, que cursa el tercer año de derecho.

Por su parte, Ricardo Salomón Ramos, del primer año de derecho, califica como un ‘error retirar a la persona que cuenta con más experiencia y sabiduría’. ‘A los profesores nuevos les falta el carisma y el dominio de las técnicas de enseñanza que posee uno que lleva 30 años enseñando’, destaca.

Mientras que los reemplazos de los profesores que se han retirado terminan de ser designados, estudiantes como Alba y Moisés, matriculados en la carrera de Geografía e Historia, pierden clases todos los días. ‘Ahora mismo nos faltan dos profesores. Mis padres están invirtiendo dinero para que venga a la capital a dar clases. No es justo venir a la universidad para no hacer nada...’, expresa con voz ahogada por la frustración.

Su compañero Moisés se paga los estudios universitarios trabajando como asistente en un supermercado. Comenta que le es difícil trabajar y estudiar. Todo para asistir a un centro de estudios donde los profesores que ‘tenían experiencia y sabían tratar a los estudiantes’ ya no están.

Mientras hablan de sus dificultades, suena el celular de Alba. Una compañera le informa que no habrá más clases hoy. Otro día perdido es una universidad que parece pronta para descartar y lenta para ofrecer soluciones académicas a sus estudiantes.

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