Gabriel Diez Polack, el adiós de un padre, amigo y líder empresarial panameño

  • 29/11/2025 00:00
El empresario falleció la mañana del jueves 28 de noviembre a los 78 años de edad. Fue miembro del Consejo Editorial de ‘La Estrella de Panamá’ y es recordado por su activismo a favor de la empresa privada y de Panamá, así como por su solidaridad con los amigos y los valores que inculcó a su familia

Eran las 5 de la mañana del jueves 28 de noviembre. Mientras la mayoría del país dormía, Gabriel Diez Polack exhalaba su último aliento. Cuenta uno de sus mejores amigos, Efraín Zanetti, que lo vio por última vez unos días antes, sereno, en paz. Que le apretó la mano y se dijeron adiós sin cruzar palabras.

A Diez Polack lo sobrevive su esposa Maritza Montilla De Diez y sus hijos: Gabriel, Mónica y Claudia. El primogénito heredó el nombre de un varón que dejó su huella en los anales de la historia empresarial y política de Panamá. Pero en su foto de perfil de Whatsapp, recuerda a su padre con una sonrisa jugando ping pong en saco y camisa blanca, un gatito vino tinto en el cuello, el peinado impecable y la mirada concentrada en su próxima jugada.

Así fue en vida Gabriel, Gaby como le decían los amigos. Una sonrisa en el rostro, la vista al frente y la mente concentrada en la tarea a la mano.

Inicios

Su historia comenzó un 30 de julio de 1947. Era un miércoles. Gabriel Diez era el segundo varón de la familia. Fui criado católico, y vivió su fe en su forma de vivir la vida. Gaby no solo iba a misa, llevaba los principios y valores inculcados en casa dentro de cada una de sus acciones.

Estudió su primaria en el Colegio Javier, una institución administrada por sacerdotes jesuitas inspirados en San Ignacio de Loyola, en el principio de que la palabra de Dios se transmite con acciones y trabajo, y que para ello hace falta el conocimiento.

La secundaria la hizo en el Nido de Águilas, el Instituto Nacional, cuna de los movimientos estudiantiles en defensa de la soberanía panameña y los derechos sociales.

Gaby Diez no era un Che Guevara, aunque mantuvo por años una barba negra cerrada. Creía en la libre empresa y pasó gran parte de su vida defendiendo al sector privado y abogando por el beneficio mutuo en las relaciones obrero-patronales. Era enemigo de los subsidios y el Estado benefactor, favoreciendo un clima de libre competencia con reglas justas y transparentes.

En los años 70 inicia su carrera en el sector de la construcción. Trabaja junto a su hermano en la empresa Diez y Diez. A lo largo de las décadas, estaría a cargo de diversas compañías, incursionando en los 80’s en el sector industrial. Obras millonarias que aún siguen en pie son el testimonio de su trabajo y éxito empresarial.

El nombre Gabriel Diez se convierte en un referente dentro de la industria panameña. En los pasillos de la Cámara Panameña de la Construcción (Capac), que Gabriel presidió desde 1982 hasta 1983 y que en 2018 lo nombró miembro honorario, aún se escuchan historias sobre él.

“El expresidente Diez Polack es un contratista de obra, hecho con el molde y la usanza de los viejos tiempos, pero que supo evolucionar para convertirse en un constructor y promotor inmobiliario exitoso, moderno y eficiente”, dijo el entonces director del gremio, Eduardo Rodríguez en 2018 al nombrarlo miembro honorario. “Más allá de su actuación como hombre de negocio, su actuar lo identifica como un gran dirigente empresarial y un activista comprometido con los valores de la iniciativa privada y por su dedicación y defensa de la libre empresa”.

Vida política y activismo

Diez formó parte del Partido Revolucionario Democrático (PRD). A pesar de haber sido ofrecido cargos importantes a lo largo de los años dentro del gobierno, solo tomó uno en 2008: fue ministro de Vivienda durante el gobierno de Martín Torrijos. Reemplazó así a Balbina Herrera, que había dejado el cargo para concentrarse en su campaña presidencial.

No estuvo exento de críticas. Como ministro, como empresario y como ciudadano siempre tuvo detractores. Nunca escondió su apoyo al desarrollo minero en Panamá, ni tampoco sus críticas a los encargados de negociar el contrato con Minera Panamá por haber pactado condiciones tan desfavorables para el país. Mientras algunos defendían los subsidios sociales, para Diez era clientelismo y peor aún, un perjuicio a las propias personas que suponían ayudar.

“Él no tenía mucho filtro, decía las cosas como él pensaba”, recuerda Dorita De Reyna, expresidenta de Grupo Editorial El Siglo y La Estrella de Panamá (GESE) del que formó parte Diez. “Pero más que todo, yo lo defino como una buena persona, un hombre solidario, buen amigo y muy jovial”, añadió.

“Era un profesional de primera, era un emprendedor y, aparte de buen ingeniero, una persona muy comprometida y muy constructiva”, compartió Eloy Alfaro, embajador de Panamá ante la Organización de Naciones Unidas y exmiembro del Consejo Editorial de Grupo GESE. “Gabriel tenía una cosa, siempre estaba dispuesto a contribuir y a participar. Cuando uno estaba con él en una reunión, aparte de que era muy conocedor de muchos temas, de muchos aspectos, era un hombre muy inteligente y siempre traía un giro a la conversación que le aportaba a la conversación, y siempre con un muy buen humor”.

Diez formó parte por años del Consejo Editorial, aportando su conocimiento y experiencia en diversos temas. Sin importar el paso de los años, su voz nunca tembló y se mantuvo firme en sus posturas sin importar quien estuviera enfrente.

Familia, amistad y legado

Uno de los mejores amigos de Gabriel Diez Polack es Efraín Zanetti, también empresario panameño. Se conocieron hace más de 60 años en el barrio de Las Cumbres. Efraín era amigo de sus hermanos Arturo y Mario. Sus familias crecieron juntas, compartiendo una tradicional comida en la casa de los Diez todos los 25 de diciembre.

“Gaby era un hombre sencillo, era un hombre que se conformaba con poca cosa”, recuerda Efraín. “Nosotros nos íbamos al interior en una época de fiesta con la esposa y nos sentábamos en un parque a ver a la gente desfilar, a tomarnos una chicha, a comernos un raspado. Era la clase de persona que igual se podía sentar contigo a tomarse una copa de champaña, aunque no era ningún gran tomador de trago, pero sí le gustaba todo lo nacional, le gustaba la buena comida como a todo mundo”.

Efraín visitó a Gabriel en el hospital poco antes de su fallecimiento. Encontró serenidad en los ojos de su amigo, que a pesar de estar debilitado lo miró a los ojos, le apretó y así se despidieron como hermanos. “Ha sido un gran padre, un gran hermano, un gran amigo, un gran panameño, un guerrero, de verdad”, destaca. “Ha participado en todos los gremios de este país, ha tratado de contribuir con sus ideas, y ha dicho las cosas como son, de frente. Jamás lo escuché decir algo que no fuera lo que él sentía. Siempre trató de hacer lo mejor por Panamá y por los panameños, que si hubiera una correlación entre un trabajador, empresa, empresario, que fuera equilibrada, muchas veces diciendo las cosas quizás un poco crudas, pero como son”.

A Gabriel Diez Polack lo sobrevive su esposa, Maritza Montilla de Diez, con quien compartió décadas a su lado y es la madre de su hijo mayor Gabriel Diez Montilla, y sus hijas Mónica Lorena Diez Montilla y Claudia Diez Montilla.

Gabriel Diez Montilla, es ahora presidente del Conep, el gremio empresarial que otrora dirigió su padre.

La historia recordará a Diez Polack por las obras que construyó, las causas con las que se solidarizó, las amistades que siempre ayudó, pero sobre todo por los valores que imprimió sobre sus hijos, su visión para construir un Panamá mejor.

Lo Nuevo