Indicasat, centro OEA en biotecnología histórica

La OEA designa a Indicasat como centro de referencia regional. Es el único en Centroamérica y posiciona a Panamá en la élite científica

El Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat-AIP) fue designado por la Organización de los Estados Americanos (OEA) como uno de los seis centros de referencia en biotecnología para América Latina y el Caribe. Es el primero y único en Centroamérica con esta distinción, lo que posiciona a Panamá al nivel de potencias científicas regionales como Brasil, Argentina, Colombia y México.

El anuncio se dio durante el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por CAF, donde autoridades panameñas calificaron el reconocimiento como un “hecho histórico” para el país.

“Hoy Indicasat se convierte en uno de seis centros en toda la región de referencia para la OEA en un área altamente competitiva como la biotecnología”, afirmó Eduardo Ortega-Barría, titular de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), en declaraciones a La Estrella de Panamá.

Ortega-Barría destacó que el centro fue “planeado por panameños, diseñado por panameños y construido por panameños” y que durante 22 años consolidó un equipo científico que genera conocimiento, forma talento humano y apoyó al país en momentos críticos como la pandemia.

Proyección internacional y bioeconomía

El reconocimiento permitirá a Panamá integrarse a una red regional de alto nivel científico, acceder a fondos internacionales y colaborar de forma directa con otros países líderes.

“Nos articula con los otros cinco centros que existen en Brasil, Argentina, Colombia y México. Eso nos permitirá traer fondos internacionales, colaborar con otros investigadores y divulgar conocimiento que impacte las políticas públicas del país”, explicó Ortega-Barría.

El funcionario subrayó que Indicasat-AIP participará en la estrategia nacional de bioeconomía, un eje que busca diversificar la matriz productiva y transformar la economía mediante el uso sostenible de la biodiversidad.

En el orden usual están Ana Irene Delgado, embajadora de Panamá ante la OEA; Albert Ramdin, secretario general de la OEA; Carlos Guevara Mann, viceministro de Asuntos Multilaterales y Cooperación del Ministerio de Relaciones Exteriores; Eduardo Ortega-Barría, titular de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y Timothy Thomson, director del Indicasat-AIP.
Biodiversidad: ventaja estratégica

Panamá concentra el 5% de la biodiversidad mundial en apenas el 0.1% de la superficie terrestre. Ese dato, según Ortega-Barría, representa una oportunidad científica y económica.

“Tenemos que usar la biodiversidad y la conservación. Esa riqueza nos permite descubrir drogas, medicinas para enfermedades que hoy no tienen cura, y desarrollar soluciones para el agro y el cambio climático”, indicó.

Por su parte, Timothy Thompson, director de Indicasat-AIP, resaltó a este medio que el país posee “dos riquezas muy importantes: el agua y la biodiversidad”.

“Estudiamos, caracterizamos y descubrimos compuestos naturales que pueden servir en medicina y agricultura usando biotecnología. Somos biotecnología fundamentalmente”, señaló.

Thompson explicó que, además de la biodiversidad visible —flora y fauna—, Panamá alberga una “biodiversidad inimaginable”, compuesta por microorganismos que constituyen la base para el descubrimiento de nuevos medicamentos y soluciones agrícolas.

Tres áreas clave de investigación

Indicasat-AIP estructura su trabajo en tres grandes áreas:

Biomedicina: estudio de cáncer, enfermedades infecciosas y neurodegenerativas, con enfoque en nuevos tratamientos e intervenciones.
Bioprospección: descubrimiento de productos naturales aplicables en agricultura, como café y cacao, y en el desarrollo de fármacos.
Estudio molecular de la biodiversidad: caracterización genética y molecular de organismos, con énfasis en microorganismos.

“En bioprospección ya demostramos que algunos productos naturales pueden utilizarse en la agricultura y también buscamos moléculas para enfrentar enfermedades infecciosas, cáncer y enfermedades neurodegenerativas”, detalló Thompson.

Eduardo Ortega-Barría, titular de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (i) y Timothy Thomson, director del Indicasat-AIP (d).
Capital humano e infraestructura en expansión

El centro cuenta con unos 200 investigadores y opera en instalaciones de 4,000 metros cuadrados. Actualmente construye un nuevo edificio que ampliará su capacidad a cerca de 10,000 metros cuadrados dedicados a alta tecnología.

En paralelo, el país fortalece la formación científica. Panamá mantiene 14 programas locales de investigación, entre doctorados y maestrías, además de 200 becarios de tiempo completo financiados por Senacyt y 500 estudiantes en formación en el extranjero.

“Cuando regresan, los incorporamos a las universidades y apoyamos su salario de forma escalonada para fortalecer el sistema”, explicó Ortega-Barría.

Ciencia aplicada al desarrollo económico

El titular de Senacyt indicó que el país también impulsa áreas emergentes como inteligencia artificial, microelectrónica, semiconductores y computación cuántica.

“Tenemos que hacer investigación aplicada que resuelva los problemas sociales y económicos del país, que traiga bienestar y transforme la economía”, sostuvo.

Con este reconocimiento de la OEA, Panamá no solo consolida su posición científica regional, sino que abre una nueva etapa en la que la biotecnología se perfila como motor estratégico de desarrollo, innovación y diversificación económica.

Lo Nuevo