Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
- 10/10/2026 22:37
La noche del 9 de octubre no fue tranquila para los capitalinos que decidieron dormir fuera de sus viviendas ante el temor provocado por las cientos de réplicas registradas desde que un sismo de magnitud 7,5 remeció el país. En la ciudad de Panamá y el distrito de San Miguelito hay 106.733 apartamentos distribuidos en 2.303 edificios de cinco pisos o más, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la Contraloría General de la República.
Mientras algunos vecinos se atrevían a regresar a sus apartamentos, pese a las constantes réplicas, otros prefirieron pasar la noche lejos de casa. El Parque Omar se convirtió en refugio improvisado para familias que buscaban algo de tranquilidad después de una jornada marcada por el miedo. Allí, sin las comodidades de sus habitaciones, encontraron un lugar donde intentar conciliar el sueño sin la angustia de sentir nuevamente cómo se sacudían las paredes.
Alexia Bejarano fue una de las personas que decidió quedarse. Contó a La Estrella de Panamá que, pese a la incertidumbre, se sentía protegida por la presencia de agentes de la Policía Nacional, que patrullaban constantemente los alrededores. La noche transcurrió entre tiendas de campaña, automóviles convertidos en dormitorios y familias que buscaron cobijo en la Casa Club, cuyas instalaciones pronto resultaron insuficientes para recibir a todos los que llegaban.
Aunque elogió la labor del Despacho de la Primera Dama por habilitar este espacio público para quienes lo consideraran una alternativa, Bejarano echó en falta una mayor coordinación por parte del Sistema Nacional de Protección Civil. La decisión definitiva de dormir en el Parque Omar la tomó después de experimentar la réplica de magnitud 6,1 que sacudió la ciudad horas después del temblor ocurrido en los últimos cuatro minutos del mediodía del viernes.
A pesar del ambiente sombrío que se respiraba, la situación también dio lugar a momentos más amables, como cuando los niños que permanecían en el parque aprovecharon la ocasión para jugar en el terreno. “De verdad, me pareció que, dentro de todo, había que ver cómo acomodarnos y sobrellevar la situación. Agradezco haber tomado la decisión de salir esa noche porque, con las réplicas, yo no me habría quedado en mi apartamento. Habría preferido estar allí, aunque no pudiera dormir. Había mucho ruido, pero creo que fue lo mejor”, expresó a este diario.
La incertidumbre tampoco terminaría con la llegada del nuevo día. María del Carmen Salaverry, directora del Parque Omar, confirmó a La Estrella de Panamá que quienes necesitaran permanecer allí podrían hacerlo también durante la noche del sábado, aunque el parque cerrara sus puertas al público a las 10:00 p.m. Tras una noche de sobresaltos, la preocupación de muchas familias ya no era dónde dormir, sino cuándo podrían regresar a sus apartamentos sin temor. Mientras unos seguían pendientes de las réplicas, los equipos del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá recorrían la capital para evaluar el estado de las edificaciones.
La institución desplegó 20 equipos, integrados por más de 120 unidades, que al cierre de esta edición habían inspeccionado 95 edificios, entre ellos 41 residenciales y tres hospitales. Desde la mañana, las revisiones se concentraron primero en los centros hospitalarios y, posteriormente, en los edificios de propiedad horizontal, las torres de mayor altura y los conjuntos residenciales. Una tarea que avanzaba mientras cientos de vecinos esperaban respuestas sobre la seguridad de sus viviendas.
“No tenemos la capacidad de abarcar todos los edificios de manera inmediata, por lo que la población debe ayudarnos teniendo un poco de paciencia mientras llegamos a cada uno. Es importante que, si los habitantes deciden entrar a sus residencias por iniciativa propia, ventilen los espacios, abran las ventanas y permitan que circule el aire para disipar cualquier sustancia química, gas u otro elemento que pueda encontrarse dentro de la vivienda. Si sienten olor a gas, por favor, no utilicen fuego, no enciendan electrodomésticos ni manipulen equipos eléctricos o cualquier elemento que pueda producir una chispa”, advirtió el director general del Cuerpo de Bomberos, Víctor Álvarez.
Por otro lado, Álvarez informó que, hasta ese momento, el balance de la institución era ‘bastante positivo’. “No hemos encontrado mayores problemas ni tenemos reportes de fugas de gas en las inspecciones realizadas. Ayer [9 de octubre] sí atendimos alrededor de 12 incidentes relacionados con fugas de gas, pero todos fueron gestionados debidamente y no pasaron a mayores”, afirmó.
Mientras algunos edificios residenciales pudieron restablecer con normalidad el suministro de agua y gas, otros no lo consiguieron. Así lo evidencia el comunicado del PH Venezia Tower, que, por razones de seguridad, decidió suspender el suministro de gas hasta que una inspección formal de los Bomberos certifique que su uso dentro del edificio es seguro. También hay casos en los que los afectados por las grietas en las paredes de sus apartamentos, tuvieron que verse obligados a alojarse en hoteles.
La respuesta a esta pregunta se encuentra en el Reglamento Estructural de 1984, elaborado por la Junta Técnica de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos, con la participación de varios miembros de la asociación, entre ellos el ingeniero civil George Berman.
En entrevista con La Estrella de Panamá, Berman explicó que el Reglamento Estructural, cuya última actualización se realizó en 2021, establece los criterios técnicos que deben cumplir los edificios para resistir las fuerzas a las que están expuestos, incluidas las provocadas por los sismos. Para ello, contempla mapas de riesgo y parámetros de diseño basados en códigos de construcción de Estados Unidos. Según indicó, una calibración reciente sitúa a Panamá en una zona de alta exigencia sísmica, comparable con San Francisco (Estados Unidos).
Por ello, el terremoto registrado se mantuvo dentro de los parámetros contemplados en los criterios de diseño. Berman atribuyó el comportamiento de las estructuras durante el sismo del viernes a la preparación y responsabilidad de los ingenieros que han trabajado en el país, quienes, a su juicio, han priorizado la seguridad y evitado reducir los costos de construcción a expensas de la calidad de las edificaciones. En cuanto a los principios de diseño sismorresistente, explicó que uno de los objetivos es evitar la resonancia entre la frecuencia natural de un edificio y la del suelo sobre el que se levanta, ya que esa coincidencia puede amplificar los movimientos.
Además, las estructuras deben contar con componentes capaces de soportar tanto las cargas verticales como las fuerzas laterales generadas por un sismo.
El factor sorpresa del sismo del pasado viernes influyó en el comportamiento de la población entre el 9 y el 10 de octubre, según explicó a este diario el psicólogo Edwin Solís. El especialista señaló que el movimiento telúrico tuvo un impacto emocional en los panameños, principalmente por la incertidumbre ante la posibilidad de que se produzcan nuevas réplicas, lo que puede mantener a los ciudadanos en un estado de alerta.
“Cada persona lo procesa de manera diferente, según sus circunstancias personales, familiares y sociales. Esa incertidumbre puede desencadenar ansiedad, ataques de pánico y síntomas depresivos, especialmente en quienes ya atravesaban dificultades emocionales”, resumió.
Para reducir la incertidumbre, Solís recomendó consultar fuentes científicas y oficiales, seguir las indicaciones de las autoridades y evitar la información poco fiable. También consideró importante prestar atención a las reacciones emocionales durante las primeras 48 horas y retomar progresivamente las actividades cotidianas, sin ignorar las consecuencias del sismo.
Según explicó, contar con información técnica sobre el estado de los edificios puede aportar tranquilidad, aunque algunas personas todavía sientan temor de regresar a sus viviendas. El especialista subrayó que sentir miedo después de un acontecimiento de esta naturaleza es una reacción normal y necesaria, porque ayuda a identificar peligros y tomar precauciones. Sin embargo, recomendó buscar ayuda profesional cuando la ansiedad, el estrés intenso o el malestar emocional dificulten la vida cotidiana.