El costo de la canasta básica enfrenta una presión dual: el incremento sostenido en los fletes por el alza de los combustibles y la irregularidad en los...
- 02/12/2010 01:00
Para hablar sobre lo que pasó luego del triunfo en Montreal es necesaria la voz de Carlos Eleta, manager de Durán. Llamo y dice por teléfono que no hay problema, que vaya hasta la Parrillada Jimmy de Coco del Mar y allí me recogerá su chofer. Una vez allí, llega un hombre grandote que me invita a subir a una 4x4. Seguro que un ex boxeador, me digo, alguien que empezó pero no llegó… y bueno, las vueltas de la vida. -Así que eres un Che boludo- saluda. Le pregunto si conoció a Durán. Dice que sí, confirmando lo que pensaba: ‘Yo también fui boxeador’. Luego acelera y, como al pasar, pregunta.-Argentino, ¿tú conoces a Nicolino Locche?-¿Cómo no conocerlo? – le contesto. Los más viejos en Argentina dicen que fue el mejor de todos, el intocable. - Lo que pasa es que fue campeón ya muy grande… - y no termino de completar la frase porque me sorprende un recuerdo borroso... creo que Locche perdió su título aquí en Panamá. Y entonces el chofer, como quien culmina con éxito una emboscada, espeta: -Yo le gané a Locche. - No me diga que usted es…-Alfonso Frazer- contesta con una sonrisa que no le entra en el rostro. -¡Peppermint!- grito. Pregunto qué pasó después.- Kid Pambelé- suspira sin tanta alegría. El colombiano le quitó el título por Ko y en la revancha, lo mismo. Frazer prefiere recordar a Locche.- A Nicolino le gané pero nunca dejé de admirarlo-, confiesa, como palmeandome la espalda, antes de estacionar la 4x4 dentro de un parking inmenso.La casa de Carlos Eleta parece detenida en el tiempo. Con galerías repletas de plantas y sillones de hierro pintados de blanco. Con la piscina iluminada en el parque y más allá el mar.Eleta conoció a Durán cuando el futuro boxeador tenía diez años. Lo descubrió bajando cocos de una palmera, aquí en su casa. ‘Pero era tan simpático que se quedó comiendo con mi familia’. Cuando con 16 años el joven Mano de Piedra empezaba a dar sus primeros golpes en el profesionalismo, Eleta se hizo cargo de su carrera. Conseguir la representación de la joven promesa le costó 300 dólares. Dice que después de la pelea con Leonard ya no hubo forma de contener a Durán. Había dejado de ser un joven obediente y ya era un hombre de casi de 30 años en la cima del mundo. ‘Se nos fue de las manos. Se rodeó de gente que lo celebraba, que le decía a todo que sí. Y él se dejó llevar. Antes tenía caprichos, no sé, viajar con una bruja para que le recomendara qué rincón del cuadrilátero elegir. Pero esto era distinto’, cuenta ahora el manager. Ante el repentino cambio de hábitos que se produjo en Durán, se justifica Eleta, decidió pactar la revancha de inmediato: ‘Para que Roberto no perdiera la forma. Además, era la pelea que el mundo esperaba’. Son muchos los que acusan al empresario de haber traicionado a Durán en su momento más vulnerable. Hasta el propio Leonard reconoció con el tiempo que sabía del sobrepeso del panameño y que su equipo había llegado a una conclusión rotunda: para recuperar el título, debían subir a Durán al ring cuanto antes. Decidieron presionar con dinero. Le ofrecieron a Eleta una bolsa de 8 millones de dólares, de las más abultadas ofrecidas hasta ese momento a cualquier boxeador. En la primera pelea Durán había cobrado 1,6 millones. Sólo había una condición: la pelea tenía que realizarse a la brevedad, cuanto antes, decían, para que no decayera el interés del público. Se pactó para el 25 de noviembre de ese mismo año, en New Orleans, cinco meses después del primer encuentro. Cuando Durán empezó a entrenarse, en los primeros días de octubre, tenía 25 libras de sobrepeso. Leonard le llevaba dos meses de ventaja en el gimnasio. Esta vez no hubo manera de aislar a Durán del mundo. ‘Nunca vi un grupo de idiotas tan grande. Tienen convencido al campeón de que él no es nada sin ellos. Ya no sabemos qué hacer’, dijo Freddy Brown, semanas antes de la pelea, denunciando que Durán se entrenaba pero no adelgazaba porque los amigos le daban comida a escondidas. A quince días del combate se dudaba que Durán pudiese dar el peso. Eleta quiso retrasar la pelea, pero Don King le dijo que era imposible. Pensó en decir que había una lesión en la espalda, algo difícil de comprobar, pero no lo hizo. Aceptó seguir adelante sólo si le depositaban la bolsa de la pelea en un banco panameño varios días antes del pesaje. Setenta y dos horas antes de la pelea, Durán estaba ocho libras arriba del peso. Para cumplir con la balanza se vio obligado a pasar los dos días anteriores a la pelea sin probar bocado ni agua, hasta tomó diuréticos. Cuando enfrentó la báscula, dio el peso con lo justo. Los manzanillos, presentes, lo celebraron como un triunfo. A pesar de todo, se refugiaban en la confianza que da la costumbre. Habían visto ganar a Durán en sus últimas 41 peleas. El día de la contienda, muerto de hambre, el campeón se comió dos steaks con papas fritas y jugo de frutas. Aunque era el campeón, las apuestas lo volvían a dar perdedor. La pelea fue un fiasco. Leonard cambió completamente su estrategia en relación a Montreal y salió a bailotear. Conectaba algunos jabs pero le huía al intercambio de golpes. Durán estaba demasiado lento, jadeaba en la persecución y fallaba con torpeza. Con el correr de los rounds, el retador fue entrando en confianza y las fuerzas del panameño se vinieron a pique. Leonard le decía cosas, lo provocaba, le tocaba la cara y después lo eludía con facilidad. Aunque en ningún momento estuvo en problemas, Durán sabía que no podía hacer nada para cambiar el rumbo de la noche. Su animal interior lo había abandonado. Hasta que en el octavo asalto sucedió lo impensado. El macho latino, el pegador de la mano de piedra se dio vuelta y le dio la espalda al combate. - Nunca dijo ‘no más, no más’, como publicaron los diarios gringos. Roberto se dio vuelta y gritó ‘con este payaso no peleo más’. Se le cruzaron los cables, fue una bravuconada- desmiente el mito Carlos Eleta, que estaba en su rincón. - Yo le gritaba que no podía hacer eso, si quería la podíamos parar en el rincón, aducir una lesión, lo que fuera. Pero no así.Cuando Durán notó que el juez detenía la pelea y Leonard comenzaba a celebrar, se puso en guardia y quiso volver al ataque. Pero ya era tarde. Estaba por conocer el lado oscuro de la gloria.