Una mala señal para los niños y jóvenes

PANAMÁ. Si hay un factor que predice el futuro de un país es la juventud. Las oportunidades que les brinde el Estado son el impulso que ...

PANAMÁ. Si hay un factor que predice el futuro de un país es la juventud. Las oportunidades que les brinde el Estado son el impulso que los ayuda a ser los constructores de su futuro y de una patria mejor.

En nuestro país esa semilla, los niños, está en peligro. Actualmente, el narcotráfico condena a nuestros jóvenes a ser pandilleros y a trabajar en el último eslabón que les asegura a estos negociantes de cuello blanco que sus millonarias ganancias lleguen a sus bolsillos a costa de la sangre de nuestros jóvenes.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el negocio del narcotráfico gana 352 billones de dólares al año.

También señala este organismo que el pandillerismo es el último eslabón en la cadena de producción, transporte, distribución y venta: los adolescentes de sectores pobres sometidos al hacinamiento y falta de oportunidades caen en las redes de venta y delimitación de territorios.

Otros detalles de la ONU dicen que en la actualidad la mayor cantidad de consumidores de cocaína están en Estados Unidos y Europa, siendo la región Andina el mayor productor de cocaína, produciendo 900 toneladas al año.

AÑOS ATRÁS

En los años 90, el proceso de globalización prometía un derrame de dinero que salpicaría a todos por igual, la apertura de fronteras, penetración de multinacionales en los países latinoamericanos y las privatizaciones que optimizarían los servicios básicos beneficiarían a todos los pobladores y crearían miles y miles de plazas de trabajo, pero la realidad actual es otra: barracas en Panamá, villas de miseria en la Argentina, favelas en Brasil, maras en El Salvador y Comunas en Colombia; hacinados fuera y dentro de las cárceles, pueblo visible solo en los derrumbes de las casas en las montañas o en el incendio de algún centro de rehabilitación de menores.

UNA LUZ EN EL CAMINO

El Programa de Seguridad Integral (PROSI), del Ministerio de Seguridad, anunció la entrega de obras por más de 14 millones de dólares para esta población en riesgo.

Manuel Zambrano, director del PROSI, explicó que se mejorará el proceso de rehabilitación y educación; reinsertando a jóvenes a la sociedad mediante una metodología educativa con mentalidad empresarial y una comprensión integral del desarrollo personal.

Zambrano hizo el anuncio en un acto en el que participaron los alcaldes de distintos municipios, más de 50 niños de entre 13 y 17 años que escucharon al alcalde Bosco Vallarino: ‘les voy a construir dos parques, de 20 hectáreas, tan bonito y tan grande que van a querer vivir allí, todo para este año’, prometió a Reinier, Ariel, Guillermo, Martín y Alan, invitados del PROSI.

Los jóvenes invitados nos comentaban que hay más de 150 muchachos de Felipillo participando en los entrenamientos de fútbol. ‘Los pelaítos que vienen subiendo saben que ser pandillero no paga, pero necesitamos más apoyo, nuestra cancha está llena de lodo y nos faltan balones’, dijo Martín.

Alejandro Reid, entrenador deportivo de Felipillo, señaló que participan niños de 8 a 17 años de edad y está agradecido con el Gobierno. ‘Nos han apoyado con uniformes y esperamos el arreglo de la cancha, hasta ahora tengo ocho ex pandilleros y la gente del barrio está contenta con el proyecto’, aseguró.

EMPRESARIOS ‘PREOCUPADOS’

La Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) realizará este jueves 24 de febrero el foro Seguridad y Gobernabilidad en la provincia de Darién y la comarca Emberá Wounaan.

Este foro tiene como propósito actualizar y proponer soluciones en relación a la seguridad y gobernabilidad en Darién y sus comarcas.

Otros países como Colombia y México —con altos índices de violencia— intentaron erradicar el problema de la violencia a través de la participación en foros y demás actos burocráticos, pero muchos sectores siguen encerrados en la pobreza estructural, con sus propias reglas y leyes, amenazando el orden de los que se encargaron de hacerlos seres invisibles.

¿Será que la miseria y la esperanza son las únicas dos opciones que le han ofrecido los gobiernos panameños a nuestro jóvenes y niños?

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