En Cúcuta, principal paso fronterizo entre Colombia y Venezuela, la tensión por el despliegue militar de Estados Unidos en aguas del mar Caribe parece...
- 12/10/2015 02:00
‘Hay dos elementos muy importantes que hay que tomar en cuenta', comenta el sociólogo Marco A. Gandásegui (hijo) sobre los 21 años de dictadura militar: ‘la permanente presencia de Estados Unidos, a pesar de todo el discurso torrijista en el periodo de 1970 a 1980, y en el discurso de Noriega entre 1983 y 1989, que podía sonar antinorteamericano'.
Según el profesor universitario, Torrijos (ni los militares en general), no era tan adversario del ‘Tío Sam' como podrían considerar algunos: ‘no hay que olvidar que Estados Unidos tenía una influencia enorme, igual a la que tiene hoy en día. Estados Unidos es el que en última instancia define la política del gobierno panameño. Hoy y ayer. Los presidentes que hemos tenido después de la invasión mantienen las mismas relaciones con Estados Unidos que los dirigentes militares como Torrijos y Noriega en ese periodo de 21 años, la relación es la misma, no ha cambiado'.
‘A mí me parece que a Torrijos le encuentran méritos los que tienen un interés particular en que sea así, no por algún tipo de convicción ideológica o principios o valores, sino, como lo han corroborado los hechos, por intereses personales, salvo una que otras excepciones', considera el abogado Miguel Antonio Bernal, quien añade: ‘de Torrijos, es innegable que determinadas fuerzas políticas (la llamada social democracia y de una izquierda que cada día aflora más como corrupta), han querido hacer de él un héroe o un patriota'.
Según el catedrático se idealiza la imagen del militar veragüense porque una simple razón: ‘(figuras como la de Torrijos) son necesidades del sistema que debe abanicar, en determinado momento, a determinadas figuras con el único propósito para llenar vacíos y mantener situaciones que no armonizan con los valores democráticos'.
CONTRADICTORIO
Torrijos dijo que él era un ‘dictador con cariño'. Sin embargo, los números indican que entre 1968 y 1972 hubo 55 muertos, la mitad de los contados en el régimen.
A Gandásegui esto no les es ilógico: ‘para controlar la situación, los días después del 11 de octubre tanto el líder del golpe (el mayor Boris Martínez), Torrijos y el mando superior decidieron restringuir a todos los que se les oponían. Ellos también tenían su ideología: la anticomunista. Eso los llevó a ir a las casas de las personas que identificaban como comunistas'.
Gandásegui menciona uno de esos muertos que no se olvidan, Floyd Britton. ‘Lo sacaron preso (junto con muchos otros), a quienes arrestaban por ser sospechosos de ser comunistas, no por oponerse al régimen. Muchos de ellos murieron. El más emblemático fue Britton, que murió el 29 de noviembre de 1969, un año después del golpe, en la prisión de Coiba'.
El año pasado, para un especial por la conmemoración de los Tratados Torrijos-Carter, Ricardo De La Espriella (uno de los hombres más fieles a Torrijos), en cierta forma, justificaba a su amigo: ‘tras el golpe, había mucha inestabilidad. Había guerrilla en Chiriquí, Cerro Azul y Coclé. En 1969, se empieza a apaciguar el panorama, pero Torrijos tenía problemas con los militares, porque habían facciones a lo interno de los cuarteles. Él tenía una idea de cómo hacer las cosas, pero habían otros que eran radicales y hablaban de fusilar gente y un montón de cosas'.
Según De La Espriella, durante el primer año de la administración de los militares Torrijos Herrera no era el jefe. La jerarquía le vendría, comenta el expresidente, tras los hechos del 16 de diciembre de 1969: ‘al regresar del golpe, es que él se catapulta y se convierte en el verdadero líder del régimen militar y toma el control'.
Gandásegui , en cierta medida, coincide con De La Espriella en un punto: Torrijos fue evolucionando. ‘A 47 años del golpe, su figura se ha agigantado. De un novel oficial de una Guardia Nacional represiva, conocida por su falta de respeto en los derechos humanos, Torrijos se convirtió en un estadista', comenta el sociólogo.
AMBIGUO
‘Ni con la derecha ni con la izquierda, con Panamá'. Lo que para unos es una frase memorable, para muchos no es más que el oportunismo en su máxima expresión.
Miguel Antonio Bernal comenta que el general ‘se acomodó'. ‘Su personalidad y su carácter eran acomodaticios a una situación —insiste—. La aprovechó también para darle rienda suelta a ciertas inclinaciones. Algunas podrían tener cierto carácter social por la educación que recibió de parte de sus padres que eran educadores, pero no coincidían con lo que necesitaba Panamá'.
Gandásegui es un poco más benevolente en su mirada; sin embargo, destaca que el militar no era progresista: ‘cuando llega al poder, las circunstancias —él ni ninguno de sus militares tenían vocación de poder— lo llevan por ese camino. Él no abandona sus ideales nacionalistas ni sociales, pero no se le puede catalogar como izquierdista. Én ningún momento planteó la transformación de la sociedad'.
Teresita Yaniz de Arias, dirigente del Partido Demócrata Cristiano sostiene que la actuación de Torrijos ‘entre ese momento [el 11 de octubre de 1968] y cuando muere, su esfuerzo por permear una lucha que venía de varias generaciones atrás, pesan mucho en la visión que se tiene de él; pero no se puede olvidar que él participó en los primeros años de esa dictadura de una manera que aún no se ha esclarecido del todo. Participó en una serie de hechos que fueron graves violaciones a los derechos humanos'. ‘Es que —concluye— todos los hombres públicos tienen sombras y luces'.