Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 08/05/2009 02:00
PANAMÁ. El llamado de Dios es persistente. Suele tocar puertas una y otra vez. Cuando eso ocurre, hay que dejarlo todo y seguir el nuevo mandato. Le ocurrió al católico estadounidense John Rick Miller, quien desde aquella noche no ha interrumpido oraciones por el mundo. Recientemente él estuvo en Panamá compartiendo su forma de estar en contacto con el creador.
Este es el punto inicial. John Rick Miller era un hombre de negocios, nacido en el seno de una familia católica con tres santos en los últimos 200 años, —Margarita De Youville, Marie Rose Du Reucher y Alfred Bessette—. Una noche recibió el llamado de la Virgen María. Ese llamado lo llevó a cambiarse de país. De Estados Unidos saltó a Inglaterra.
La voz de este misionero es bajita, como si el cansancio la atenuara. Ese hilo de voz causa algo especial en los escuchas. Lo vivió Carmen, una abogada que tradujo dos de las misiones de John en esta ciudad. “A mí me hizo llorar”, dice con similar felicidad a la de un fanático hincha que llora por su artista de cabecera. Pero aquí no termina la confesión de Carmen. Agrega que cambiar las palabras de John del inglés al castellano es algo que está decidida a repetir las veces que sea necesario.
Rezándole al mundo, Miller obtiene resultados en sus misiones. Asegura que en Cali, Colombia, antes de sus giras “este departamento era el lugar con más muertes, un territorio sin ley. Ahora se puede caminar de noche y se empezaron a construir 33 capillas”. Según él, un estudio lo certifica. “La oración da frutos, no hay otra explicación, y esto pasará en toda Centroamérica”, vaticina.
Este católico afirma que su mensaje es un poquito diferente de un lugar a otro. Sin embargo, el fondo es el mismo: el amar a Dios, regresar a la fe como una forma de vida divina, dejar de ser católicos de domingos y no permanecer callados o silenciosos. Él, antes del llamado, no se incluía entre estos feligreses de cada siete días, los dominicales.
La salud no es parte del momento religioso. El misionero pide sanación a las personas que se lo soliciten por medio de la intersección, un don que asegura Dios le dio, y que comparte con los enfermos que lo soliciten, en las iglesias o los parques, los dos lugares donde comúnmente se presenta.
Ante los problemas de la sociedad, Rick Miller muestra preocupación, en especial ahora por los países centroamericanos, los sudamericanos e Inglaterra, su ciudad de residencia. Para él, es una mala señal que Londres, una metrópoli de 8 millones de personas, tenga un solo seminario con tres jóvenes. Su pregunta es ¿se puede cambiar una ciudad tan numerosa con tres sacerdotes o hay que traerlos de África, así no hablan siquiera el inglés?
La labor de este hombre, de rostro colorado, ha estado destinada a una gran diversidad de público, que va desde generales del Ejército colombiano, sacerdotes, poblaciones sin capillas y hasta presidentes, como Álvaro Uribe Vélez, quien lo invitó a rezar el santo rosario en el Palacio de Nariño, con transmisión en vivo por el canal estatal.
“No me gusta hablar de mí mismo”, le responde John a una señora del público que le pregunta cuál fue la señal de principio. Al segundo cambia de parecer, y relata que “la luz que le cambió la vida la debe a la Virgen María, que una noche le dio una palmada en el hombro y le dijo “ven, ven, quiero que regreses. Con esa luz me atravesó el corazón”. Esa noche no pudo comer, no pudo pensar. A la mañana siguiente tomó el camino.
Sabiduría, conocimiento, entendimiento, fortaleza, bendición son algunos de los dones que Miller atrae por medio de su fe, y que ofrece a todo aquel cristiano que perdone y que abrace, que son las facetas humana y divina de la iglesia. Este llamado parece simple, pero si lo fuera, este pastor no tuviese que correr de un país a otro cada mes, para apuntalar la creencia católica.
Lo anterior es lo bueno. Empero, las cosas en el mundo toman otra dirección. Cita como ejemplo los divorcios, el adulterio, el aborto, muy cotidianos en cualquier país, y se lamenta de que ”nosotros como hijos de Dios no hacemos nada, esperamos a que alguien lo arregle por nosotros, pero al final nadie lo hace”.
Este pastor no vacila en anunciar que Panamá está en los planes del Creador. Aunque esta primera visita se dio entre la turbulencia de los últimos días electorales, Rick Miller logró su objetivo: que lo escucharan los fieles que quieren estar más cerca de Dios y que éstos a su vez, pasen el mensaje en sus casas. Estas palabras que no mellan con el oficio de la iglesia. Afirma que “lo que he hecho durante estos años está en comunión y tiene la aprobación de la Iglesia Católica,”. Testimonio de ello es que se reunió con monseñor José Dimas Cedeño, el arzobispo de Panamá.
La agenda de misiones en Panamá de Rick Miller abarcó desde iglesias como la del Instituto Técnico Don Bosco, donde se presentó ante un público en su mayoría de edad avanzada, luego viaja a lugares populares como Río Abajo, donde compartió con un grupo de jóvenes en la “Iglesia de Piedra”. Los adolescentes pudieron preguntar, por medio de la intérprete, la forma en que deben acercarse a Dios.
Otro día se trasladó hasta la Iglesia San José, en San Miguelito, donde compartió con con los feligreses del sacerdote Jorge Rivera, luego que éste oficiase la eucaristía.
También estuvo en la Iglesia San Lucas de Costa del Este y apartó un día completo de oraciones para la provincia de Colón, para terminar esta apretada agenda en el templo La Divina Misericordia, con el padre David Cosca.