Los integrantes del Grupo USAR Panamá relatan a ‘La Decana’ sobre las jornadas de búsqueda junto a sus canes en la zona cero del terremoto, las historias...
- 02/08/2009 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️WASHINGTON. d. c. El estrangulamiento de los carteles de la droga en México, con el apoyo logístico y financiero de Estados Unidos, está trasladando cada vez más la batalla hacia los países centroamericanos y a las islas del Caribe. Es una guerra táctica cuya evolución ha desatado que la violencia y las operaciones de los narcotraficantes busquen sombra y nuevos caminos en otros países.
El panorama preocupa mucho al gobierno estadounidense, aseguran altos funcionarios del Departamento de Estado. La subsecretaria adjunta para asuntos del hemisferio occidental, Roberta Jacobson, y el subsecretario adjunto principal del Buró de Narcóticos Internacionales y Aplicación de la Ley, Bill McGlynn, coinciden incluso en un nuevo temor: que el Congreso disminuya los fondos relacionados a la lucha emprendida mediante el Plan Mérida, especialmente cuando se cumpla la entrega de mil 400 millones de dólares a México en el 2011.
En medio de todo ello está también Panamá, que de acuerdo con ambos funcionarios estadounidenses se convertirá en sitio estratégico, no sólo para los objetivos de la lucha antidrogas en la región, sino para los propios narcos.
Lo anterior ubica al país en dos tableros de ajedrez altamente conflictivos: uno es el tráfico de drogas y armas desde su vecino Colombia y el otro la extensión de las organizaciones criminales mexicanas que buscan tierra fértil para continuar sus operaciones.
La vulnerabilidad del Istmo panameño está clara para Estados Unidos. Un informe de 2009 sobre la estrategia internacional contra el narcotráfico, elaborado por la Secretaria General Adjunta del Departamento de Estado, detalla las particularidades que hacen atractiva a Panamá para el tráfico ilícito de drogas, por ello, es un centro importante para el tránsito y distribución de cocaína y heroína de América del Sur.
Se trata del cuarto puerto marítimo principal de contenedores con facilidad para transportar cargas del Atlántico al Pacífico y viceversa. Además, ha tenido un rápido crecimiento internacional en su aeropuerto hub de Tocumen.
En el país también hay numerosos aeródromos (pistas de aterrizajes) no controlados que son usados para el trasiego de estas sustancias y para abastecer de gasolina a las avionetas y camionetas con las que se trafica.
Las costas del Atlántico y el Pacífico relativamente están sin vigilancia, lo que facilita el movimiento de drogas. De hecho, las áreas costeras son utilizadas como depósitos de drogas que después siguen su tránsito hacia México, al igual que sirven para almacenar combustible y otros suministros necesarios para las lanchas rápidas que ejecutan el traslado de las drogas.
El documento sustenta que el tráfico de armas y estupefacientes sigue teniendo lugar entre Colombia y la aislada provincia de Darién, la península de Azuero y en las zonas costeras caribeñas nacionales en donde hay una baja densidad de población.
En el territorio se cultiva marihuana, aunque en pequeñas cantidades, especialmente en las islas del Archipiélago de Las Perlas.
De esta forma, la droga se mueve en cualquier tipo de transporte: en buques pesqueros, de carga, aeronaves pequeñas, lanchas rápidas, autos y camiones.
Durante el 2008 las incautaciones de drogas en Panamá alcanzaron un total de 53 toneladas (51 de cocaína y 2 de marihuana), según el informe estadounidense, aunque las autoridades panameñas registran más de 55 toneladas. Entre tanto, el mismo informe reconoce el decomiso de más de 3 millones de dólares en efectivo vinculados al tráfico ilícito y la confiscación de 1.5 millones de dólares de 42 cuentas bancarias locales.
Pero más allá del caso panameño, las incautaciones se han convertido en un campeonato entre los países de Centro América. Por coincidencia, la competencia por el primer lugar se da en víspera de la repartición de fondos de ayuda por parte de EEUU que impulsa el Plan Mérida contra los carteles mexicanos.
Por ejemplo, un reporte emitido en marzo pasado por autoridades de Costa Rica indicó que el año pasado ese país logró sacar de circulación 10.2 toneladas de drogas, Honduras 8.5 toneladas, Nicaragua 7, El Salvador 1.2 y Guatemala cero. A Panamá se le ubicó con 7.6 toneladas.
Sin embargo, además de los decomisos del 2008 reconocidos al Istmo por las propias autoridades estadounidenses, en el 2007 los estamentos de seguridad panameños confirmaron la cifra récord de incautaciones de 66.9 toneladas de drogas, en su mayoría cocaína. Además de 27 toneladas en el 2006 y 32 en el 2005.
Los resultados son objeto de elogios en el Departamento de Estado norteño. Dentro de las operaciones conjuntas y de cooperación con las autoridades de EEUU y la DEA, se destaca que el recién creado Servicio Nacional Aeronaval (SENAN), a pesar de sus recursos limitados brinda un gran apoyo a las operaciones de lucha que incluye patrullaje e identificación de áreas y aeronaves sospechosas mediante fotografías.
El nuevo ministro de Gobierno y Justicia panameño, José Raúl Mulino, está consciente que el país es un centro para el tráfico ilícito de drogas y dice que está pasando mucho más mercancía que antes.
Ha pasado poco más de un mes desde que asumió las riendas de esta cartera y sostiene que la Policía tiene carencias significativas que le han impedido un mejor desempeño, principalmente por la falta de personal. “No tenemos la capacidad de hacer más de lo que hacemos, con lo que tenemos”, dijo a La Estrella.
Apenas tres días antes de estas declaraciones de Mulino, la Policía y agentes antidrogas dieron otro golpe grande a los narcos en la zona portuaria de Colón, donde se encontraron paquetes de cocaína en un contenedor procedente de Barranquilla, Colombia. El destino era Guatemala. Unos 2,013 kilos (dos toneladas) de cocaína estaban camuflados en cajas de bladosas, precisó la Fiscalía de Drogas y se investiga a una empresa. Este decomiso sería sólo una muestra de la gran cantidad de droga que pasa por el país y que es difícil atrapar.
Los narcos y las FARC colombianas mantienen al país en jaque, usándolo como su mejor trampolín. En este flanco, EEUU negocia su presencia militar en tres bases de Colombia, e incluso, se estudia el uso de la Base Naval de Bahía Málaga, en el Pacífico, como puerto alterno estadounidense en remplazo de la base de Manta en Ecuador.