‘Crisol del razas’, el sueño de la legalización

Luego de que se coló el quinto indostaní la gente de la fila empezó a alterarse. ‘Casi exploté de la rabia’, dice Clara Bolaños*, una tr...

Luego de que se coló el quinto indostaní la gente de la fila empezó a alterarse. ‘Casi exploté de la rabia’, dice Clara Bolaños*, una trabajadora social colombiana que se suma a los aproximadamente 3 mil 500 migrantes que hasta hoy legalizaron su estatus migratorio, aprovechando el noveno Proceso de Regularización Extraordinaria ‘Crisol de Razas’. Y no es para menos. Este miércoles 20 de junio, después de un día de espera, estaba cerquitica de la ventanilla de inscripción, numerando en cuenta regresiva las personas de adelante: ‘18, 17, 16...’, decía emocionada cada vez que alguien pasaba al frente y, luego de tomar huellas y foto, salía con una sonrisa de oreja a oreja. La sonrisa del carné. Pero al colarse uno, dos, tres, diez hombres, la sonrisa de la colombiana se borró, al igual que la de la dominicana Dianis Gómez, el nicaraguense Moisés Rodríguez, la española Irene Mejía, el venezolano Carlos Paredes, el estadounidense Michell Elderfield y los otros en la fila.

Lo que no desaparecía era el calor, la multitud, la demora de los funcionarios que, según reportes de migración, estaban doblando sus turnos para ‘agilizar procesos’, el dulce y fétido olor del amoniaco seco que expedían los residuos de 12 baños móviles sucios y sin limpiar durante tres días, la espera a la intemperie, bajo paraguas coloridos que resguardaban los cuerpos bajo el ardiente sol a mediodía.

La eterna espera, olvidada entre conversaciones internacionales enlazadas en un objetivo: legalizar la estadía en Panamá.

ESOS QUE NO SON DE AQUÍ

El 23 de abril de 2012 se publicó en la gaceta oficial del Servicio Nacional de Migración (SNM) la Resolución 5571, que establece los requisitos para participar en este proceso que desde su creación ha generado posiciones encontradas: críticas por el manejo jurídico y respaldo institucional, incógnitas respecto a su implementación y hasta la xenofobia de quienes se quejan por que con estas medidas les quitan sus trabajos, traen la maleantería al país, y por ello proponen: ‘que los manden para sus países’, ‘que llenen cuatro aviones de Copa y los repatrien’.

Pero esto va más allá. Según la Mesa Nacional de Migrantes y Refugiados, realizada esta semana paralelamente al ‘Crisol de Razas’: los procesos de regularización son necesarios. México y El Salvador están planteando los suyos. Argentina y Venezuela los llevaron a cabo. Pero estos no deben ser procedimientos tramitológicos; en Panamá se está haciendo así. Por eso no releva temas de refugio o trata de personas y no es una solución del estatus migratorio.

El asesor legal del SNM, Luis Corró, explica además que la regularización de extranjeros es conveniente para el país: ‘entran como pagadores de impuestos de la Caja del Seguro Social (CSS) y aumentan el dinero total del ingreso de los jubilados’. En esta cadena se nutren no solo inmigrantes, también nacionales. ‘El dinero que pagan por su seguro queda en las arcas de las pensiones de la CCS’.

Para los especialistas, no se trata de echar gente. El punto es analizar todas las aristas involucradas. Preguntarse por qué hay tanta gente trabajando ilegalmente.

El director del SNM, Javier Carrillo, dice que eso pasa por las grandes oportunidades que tiene el país.

Corró va más allá. Se pregunta si hay una mala política en migración, o detrás de este fenómeno irregular existen intereses de grupos económicos a los que les conviene la mano de obra barata.

Precisamente, esta legalización se hace para acabar con la explotación laboral, dice Carrillo, quien ve este proceso como una medida humanitaria. La Mesa Nacional de Migrantes y Refugiados lo ve como un simple registro. Corró explica que para ser un proceso humanitario de legalización, necesitaría establecer procedimientos más complejos: un proyecto de ley. Así se protege a nacionales, se organiza a extranjeros y se establece un proceso social legislado desde la Asamblea. ‘La Ley era más amplia y concreta. Una medida de integración social y económica que ahora no existe. La resolución no es integral’.

El abogado Ernesto Cedeño opina que este proceso de regularización es irregular y ‘se interpreta erróneamente el artículo 171 del Decreto Ejecutivo No. 320 de 2008, que faculta a migración para tomar medidas humanitarias, en casos excepcionales. Se convirtió la excepción en regla, dejando el proceso sin sustento legal’. (Recuadro)

¿Por qué se hizo sabiendo que es inconstitucional?

‘Esas son las políticas del gobierno y así debe ser’, respondió tajante Javier Carrillo.

UNA QUE QUIERE QUEDARSE

El 12 de junio, cuando la noticia de la feria de regularización salió publicada en la página Web del SNM, Myriam, la abogada que estaba asesorando el proceso de legalización de Clara, la llamó para contarle sobre el Crisol de Razas y le aconsejó presentarse: ‘es difícil y tedioso, puede ser hasta inhumano, pero sales con todos tus documentos y dur ante dos años estás tranquila’, le dijo. Aunque la chica nunca estuvo ilegal en el país, pues entraba y salía renovando sellos, la idea de encontrarse con agentes un día, que por despiste o precaución no sacara su pasaporte, y termi nar en el ‘cucarachero’, como llaman los abogados de migración al albergue donde a veces hay hasta 70 indocumentadas en condiciones de hacinamiento, le daba temor. Peor aún, encontrarse con uno de los policías que ante la vulnerabilidad del inmigrante aprovechan, en el mejor de los casos, para coimear, la aterrorizaba. Prefirió armarse de valor para pasar el ‘Crisol de Razas’, leyó, investigó, preguntó.

Si lleva más de un año en el país, no tiene trámites abiertos en migración y los sellos de entrada del pasaporte demuestran que está legal en la semana del Crisol, podía aspirar a la legalización durante 24 meses. ‘Entregamos carné de trámite migratorio’, decía la propaganda. Dos años de tranquilidad para Clara. Una gran sonrisa.

La muchacha cumplía con todos los requisitos. Solo faltaba reunir los documentos e iniciar el viacrucis de la espera en la Arena Roberto D urán. Aunque sabía que no sería ‘soplar y hacer botellas’, como dice para explicar que nos sería fácil, no imaginaba el tamaño del sacrificio. No era solo el dinero: 767 dólares por el carné de migración y alrededor de 500 por el permiso de trabajo, que en su caso es ‘poquito’, por ser de un país donde hay acuerdo de supresión del visado. La gente de nacionalidades sin acuerdo de supresión de visado, como dominicana, debían pagar mil 272 dólares. Y las personas de nacionalidades restringidas, como cubanas, chinas e indostanas: 2 mil 602. El valor agregado es el tiempo y ‘la gran falencia es la falta de humanidad’, dice la socióloga Juana Camargo.

Clara venía preparada para hacer una fila de dos días. Llegó el lunes, luego de siete horas le dieron un número: el 839. ¡Que felicidad! Eran las tres de la tarde y ya tenía un turno. la semana empezaba bien. Pero al averiguar, se enteró que en la taquilla apenas iban por el turno 350 del domingo. Estaban atendiendo a la gente que estaba desde el sábado. ¡Plop! primera alerta para la colombiana, que se reunió con sus compañeros de fila y causa para elaborar una estrategia de supervivencia, porque el proceso ‘será tortuoso’, dijo.

Se compartieron teléfonos, BB pin, creando redes de información, ya que ‘migración no informaba y el Roberto Duran era un escenario caótico en donde cada quien inventaba su propia estrategia para llegar más rápido’, dice Moises.

Al día siguiente Clara volvió muy temprano, de nuevo la fila, esperar turno. En un momento se dio cuenta que algo andaba mal. Resulta que los turnos no fueron establecidos por los funcionarios sino por los mismos migrantes para tratar de establecer un orden ya que nadie más lo hacía. El número que tenía no servía. Borrón y cuenta nueva. ¡Dos días perdidos!. Clara se fue indignada a su casa, no sin antes discutir con los técnicos de Sinaproc que estaban atendiendo a una mujer desmayada. Los pobres no son médicos y no había refuerzos. Según ellos, los médicos ya se habían ido y la clínica estaba cerrada. Eran las 7 de la noche. ¿Y si a esta mujer le da un patatus? Preguntó Clara. Nadie respondió.

Para los especialistas, el problema es que hay una actitud pasiva por parte de muchas instituciones, que no se unen al proceso. La cruz Roja debería estar allí, una atención médica de 24 horas era imprescindible. Carrillo dice que a esa hora había médicos. Sin e mbargo a la mujer le tocó esperar para sobreponerse con la ayuda de los técnicos de Sinaproc. Afortunadamente, su caso no era grave.

SE LES HACE UN FAVOR

Clara volvió el miércoles. Después de un día de fila y múltiples discusiones, fue atendida en la primera ventanilla. Contabilizada en los registros oficiales. Ya se conoce su intención de quedarse en el país. Tomaron sus huellas, la foto del carné. Sonriente porque culminó la primera parte del proceso. De allí en adelante seguirían tres días de viacrucis que sus amigos verían a través de los estados del BlackBerry... ¡Por favor Dios hoy sí!, decía el jueves, mientras trataba de darle ánimos a una empleada del servicio doméstico que lloraba a su lado porque al parecer su patrón no aguantó la demora y la despidió. ¡Una prueba superada! decía el viernes en la mañana, cuan do por fin pudo pasar sus papeles. ¡Aún en migración! Decía el viernes en la tarde mientras hacía la fila en el banco ubicado dentro del recinto. Solo se podía pagar allí. No hubo posibilidad de consignar antes en otro banco para agilizar. Así, caras sonrientes cambiaban rápidamente a caras tristes, aburridas, enojadas. Gente quejándose por doquier.

‘ La gente se queja y se queja, todos sacan la parte negativa. Los panameños se quejan porque no deportamos a los migrantes, los migrantes se quejan porque les toca esperar varios días’, respondió Carrillo al preguntarle por las quejas de mala organización e ilegitimidad del proceso. ‘No podemos hacer nada más. Esta es la única forma. Es necesario regularizar a esta gente para que no los exploten laboralmente y para que entren al seguro’.

Los especialistas en el tema no están de acuerdo con el director. Corró piensa que no se puede tener a la gente cada dos años corriendo y esperando en esas condiciones. Hay niños, ancianos, embarazadas y enfermos. ‘No es humano. Además, no es solo un favor, hay que recordar el dinero que entra tras esta legalización’.

Para él, sí hay otras formas. La gran omisión es que el gobierno no ha emitido una Ley sino una Resolución, y ese es el origen del problema. Una contradicción que deja un mal sabor. ‘Así, una medida aparentemente humanitaria, se ha convertido en una medida utilitarista’, concluye.

L egisladores y beneficiados no están en desacuerdo con una política migratoria de legalización. Pero señalan que la propuesta debe ser más elaborada, porque ahora: ‘en el fondo pareciera que el gobierno quisiera tener ingresos rápido’.

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