Carlos De Icaza: ‘Es un riesgo que la Policía Municipal suplante a la Fuerza Pública’

  • 16/08/2026 00:00
La polémica por la Policía Municipal crece tras la agresión a un exfuncionario que terminó en cuidados intensivos. El exsubcomisionado y experto en seguridad advierte sobre los riesgos para la ciudadanía de este cuerpo armado en la Alcaldía capitalina

La creación y funcionamiento de la Policía Municipal de la Alcaldía de Panamá, así como las funciones y el alcance de sus actuaciones, están en el ojo de la tormenta tras el incidente en el que un exfuncionario fue agredido por una unidad de esta entidad y terminó hospitalizado en cuidados intensivos. En entrevista para El Polígrafo de La Estrella de Panamá, hablamos con Carlos De Icaza, subcomisionado retirado de la Policía Nacional, fundador de la Unidad Antipandillas de esa institución y abogado penalista, quien advierte sobre los posibles riesgos que este cuerpo armado municipal podría representar para la ciudadanía. También señala lo que considera contradicciones de esta Policía Municipal con las funciones de las fuerzas de seguridad del Estado, al punto de advertir que podría convertirse en una suerte de “parapolicía”. Alerta que debe revisarse la forma de combatir las pandillas, una lucha que considera se está “perdiendo”, cuestiona el papel del Ministerio Público y la relación, cada vez más tensa, entre la Fuerza Pública y la comunidad.

¿Cómo analiza la polémica sobre la Policía Municipal en la Alcaldía de Panamá?

Entiendo que funciona con el Acuerdo Municipal 162 y, si mal no recuerdo, eso tiene fuerza de ley. Me parece que entra en choque con las funciones de la Policía Nacional. Una policía municipal puede atender temas puntuales, como la vigilancia de instalaciones municipales, pero ellos andan en moto parando a la gente en la calle, abriendo autos de ciudadanos, pidiendo cédula y realizando acciones sin fundamento. Además, hay dudas sobre su formación. Ahora hay un exfuncionario hospitalizado en cuidados intensivos luego de su actuar.

Usted tuvo al mando personal policial. ¿Cómo evalúa el manejo de ese incidente, en el que resultó herida esta persona?

Si un subalterno mío hace eso, hay que destituirlo inmediatamente. Esa persona no buscó el diálogo, y uno debe estar preparado para situaciones de crisis. Si yo no veo que la persona tiene un uniforme de Policía Municipal, podría pensar que es un “enemigo” del exfuncionario, porque fue directo a atacarlo. El alcalde Mayer Mizrachi puede decir que ocurrieron cosas antes, pero se ve en el video cómo este señor va directamente a agredir al otro; de hecho, lo agredió y con consecuencias graves. El modelo de República Dominicana podría ser un referente, donde todos los estamentos de seguridad nacional y local pasan por una sola escuela de formación.

El alcalde asegura que reciben entrenamiento, incluso publicitaron uno con el Ejército de Estados Unidos...

Debe ser revisado todo eso. Este nuevo acuerdo abre un marco para una especie de entidad paralela a la institución de seguridad del Estado. Eso puede ser un riesgo.

Críticos de la Policía Municipal consideran que se podría estar ante una “parapolicía”. ¿Cómo lo ve usted?

Podría ser, y eso no es correcto. Todas las fuerzas de seguridad deben pasar por un mismo filtro. Además, se abre otro debate en cuanto a la tenencia de armas. Las armas de la Policía Nacional están en custodia del Estado, según la Ley 57, donde la excepción son las armas de las agencias de seguridad y las de personas naturales; no se hace referencia a las alcaldías. Además, ni las agencias ni las personas naturales hacen funciones de fuerza pública. No hay suficiente claridad sobre los entrenamientos. De repente, estamos teniendo personas que son más peligrosas que los propios delincuentes, pues pueden sacar un arma y, si yo no te supervisé a ti como Estado, en el manejo y el uso de esa arma, ¿cómo entonces podemos estar seguros?

El exsubcomisionado Carlos De Icaza considera que las fuerzas de seguridad deben contar con criterios uniformes de formación y supervisión.

¿Es un riesgo para la ciudadanía tener un cuerpo armado municipal?

No, siempre y cuando se manejen como una fuerza auxiliar y no suplantante de la Policía Nacional. De lo contrario, es un riesgo que la Policía Municipal suplante las funciones de la fuerza pública.

La población se siente cada vez más insegura. ¿Qué está fallando en la estrategia de seguridad del país?

Es una realidad que ha aumentado, la ciudadanía lo siente y es muy valiente el Estado panameño al reconocer el incremento delictivo. Es un aumento tanto del acto delictivo como de la violencia con la que se comete. Uno de los problemas es que estamos olvidando la relación entre la institución de seguridad, principalmente la Policía Nacional, con la propia comunidad. No podemos transmitir la idea de que la Policía es violenta con el hecho de que yo tengo que hacer las cosas enérgicamente. Cuando tú ves que la Policía viene y te sientes seguro, es porque tú confías en esa institución. Debe haber cambios.

¿Cómo qué tipo de cambios?

Uno de ellos es que no haya ambigüedad en relación con la población. La Policía tiene seguridad ciudadana que llega a barrios como El Chorrillo y Barraza, por ejemplo. Está haciendo un excelente trabajo conversando con la gente, por medio del deporte y apoyo a la comunidad; allí la gente gana confianza. Pero más tarde en la noche, ya no se maneja la seguridad ciudadana, porque terminó su jornada. Vienen unidades de reacción de la misma institución a la cual pertenece, pero entran de otra forma, con empujones, exigiendo cédula y estrellándote contra la pared. Eso genera resentimiento y deshace el trabajo previo de construir confianza. Incluso complica más el trabajo al momento de buscar cooperación de la población contra la delincuencia: nadie quiere hablar porque tiene miedo.

Carlos De Icaza, fundador de la Unidad Antipandillas, sostiene que Panamá debe fortalecer la prevención para enfrentar el fenómeno de las pandillas.

Usted fundó y dirigió la Unidad Antipandillas de la Policía. Con esa experiencia, ¿cuál es su lectura de ese fenómeno? ¿Estamos ganando o estamos perdiendo la guerra frente a las pandillas?

Lastimosamente, tengo que decir que estamos perdiendo esa batalla. Algunos se molestan de que lo diga, pero es la realidad, y es que no hay quien atienda ese asunto. Lo está atendiendo la Policía Nacional con el Ministerio Público, pero en materia de judicializar a todos, todo el que huela a pandilla lo judicializan, sin importar si hay mérito o no hay mérito. Eso también es hacer daño a la seguridad. Y eso está ocurriendo en Panamá. Entonces, no hay quien atienda de manera preventiva.

No hay integralidad para atacar el problema...

No, tampoco se involucra a los padres, ni la escuela ni la comunidad para evitar que estos menores se involucren en esas cosas. Al Ministerio de Desarrollo Social no le interesa. Si bien las formas bruscas de la fuerza pública también complican el asunto, no es la Policía la que crea la delincuencia, la sofoca. Las pandillas han crecido en todo el país. Hay que dejar de ver las pandillas como un tema únicamente de represión; urge prevención. Por otra parte, en Panamá tenemos un problema jurídico grave, lo veo como abogado. Cuando a ti no saben qué encontrarte para silenciarte o para sofocarte, aquí te meten el delito de pandillerismo.

¿Cómo así?

Yo he visto pastores, personas que se dedican a llevar el evangelio, que solamente por ingresar a predicarle a la persona donde hay pandillas son ligados a una banda, y eso no está mal. Lo mismo ocurre si tienes un pariente ligado a una pandilla. ¿Qué culpa tiene una persona inocente de que su primo, hermano o vecino sea delincuente? Hay casos donde decenas de personas estuvieron hasta tres años presas, pero eran inocentes. Eso debe corregirse.

¿Cómo evalúa el rol del Ministerio Público (MP) en todo eso?

Da lástima que el Ministerio Público no investigue; quien investiga es la Policía, y la Policía les dice a ellos por dónde investigar. Ellos se nutren de lo que la Policía les facilita. Si nos vamos a la norma jurídica, a la Policía no le corresponde eso. La Policía debiera estar a disposición del Ministerio Público y pareciera ser que el Ministerio Público está a disposición de la Policía, diciéndole dónde debe allanar y cuándo hacerlo, y el Ministerio Público simplemente se presenta. Eso debe revisarse.

¿Pero eso no es una distorsión dentro del sistema de justicia?

Claro que lo es. El Ministerio Público creo que hace una labor, pero no la hace empeñado en sus propios criterios; lo hace empeñado en criterios que vienen referidos por los agentes de seguridad. Al final, se puede estar jugando con la seguridad jurídica de las personas. Hay que sofocar a la delincuencia, pero de la forma correcta.

Hay gente en Panamá que pide instaurar el modelo Bukele ante la delincuencia. ¿Ese es el camino?

Yo estuve en El Salvador dos veces con ese tema, lo conocí a detalle y, como hombre de derecho, te diría que no. Allá hay un estado de limitación de los derechos para toda la gente; es como decirme que te voy a salvar la vida, aunque tenga que matarte. Además, tengo serias dudas sobre ese control sobre las maras allá. Las maras son estructuras grandes, organizadas y con presencia en varios países de Centroamérica. Por eso me pregunto cómo pueden permanecer tan quietas teniendo capacidad de movilización y apoyo internacional. Tal vez Bukele encontró un punto de encuentro con ellas y el Estado, pero dudo que estén realmente sometidas.

¿Cuáles considera que deben ser las principales medidas para mejorar las condiciones de los miembros de la Fuerza Pública?

Yo creo que a la Policía le hace falta, además de recursos, motivación y mejores condiciones laborales. Los policías trabajan jornadas excesivas, pasan semanas sin descanso y muchas veces deben comprar de su propio salario uniformes, botas y otros implementos. También hay problemas con los ascensos, lo que genera desmotivación y resentimiento dentro de la institución. Si queremos mejorar el servicio y la seguridad del país, debemos invertir primero en la tropa, garantizar sus derechos, reconocer su esfuerzo y velar por su bienestar. Una institución motivada y con condiciones dignas puede ofrecer mejores resultados.

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