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- 17/10/2010 02:00
PANAMÁ. Al conmemorarse, este 7 de octubre, el septuagésimo quinto aniversario de la fundación de la Universidad de Panamá, debemos preguntarnos por la naturaleza y magnitud de sus aportes al desarrollo y consolidación del proyecto nacional panameño.
Entre los muchos aportes entregados en este período al desarrollo de la nación, salta a la vista los más de 200 mil profesionales titulados por la institución, los cuales han constituido el capital humano en que ha descansado el desarrollo del país.
P ara precisar su aporte más significativo al proyecto nacional, debemos remitirnos a las condiciones y limitaciones que afrontaba el país al inicio de la década de los treinta del siglo pasado. En efecto, dadas las condiciones de virtual protectorado norteamericano, como se constituyó la República a partir del 3 de noviembre de 1903, cuando se produce nuestra separación de Colombia para constituirnos en estado-nación, la tarea estratégica era el perfeccionamiento de la independencia nacional y el logro del pleno ejercicio de la soberanía nacional sobre la totalidad del territorio.
Tarea que significaba superar el trauma de la imposición del Tratado Hay-Buneau Varilla, que concedía a perpetuidad a Estados Unidos una franja de territorio de uno a otro océano para construir y operar un canal interoceánico. Territorio de 1.432 km², sobre el cual Estados Unidos ejercía facultades jurisdiccionales, como si fueran soberanos. El imperio del norte procedió a instaurar una colonia y, como si fuera poco, impuso un artículo que lo facultaba para intervenir en los asuntos internos del país e, incluso, dirimir nuestros conflictos electorales.
Desde la perspectiva educativa, al momento de fundarse la República, más del 95% de los panameños eran analfabetas. El país carecía de escuelas y, por supuesto, no existía un sistema escolar organizado. Este fue el panorama desolador que enfrentaron los ‘autores de la República’, especialmente, esa generación de entusiastas liberales, encabezados por figuras como Belisario Porras, Eusebio A. Morales, Carlos A. Mendoza, Guillermo Andreve y José D. Moscote.
En el período que va desde 1904, cuando se promulga la primera Constitución y la primera Ley Orgánica de Educación, hasta 1924, en que se cierra la era del porrismo, se cumplió satisfactoriamente la meta de organizar el sistema educativo y se cubrió de escuelas primarias y secundarias el país, se definió el carácter laico de la educación pública y el carácter obligatorio y gratuito de la educación primaria.
Era evidente que la culminación del sistema educativo reclamaba la fundación de la universidad y los reiterados intentos del Dr. Octavio Méndez Pereira, prueban que, para las mentes más lúcidas del país, era imperativa su creación para coronar los empeños de consolidar las bases del proyecto nacional.
Los proyectos frustrados de Universidad Bolivariana y de Universidad Panamericana y de Universidad Libre, anunciaban la inminencia del establecimiento de una casa de estudios superiores en el país. Proyecto que bebería de las fuentes teóricas e ideológico-políticas que manaban con fuerza del Movimiento de Reforma Universitaria de Córdoba de 1918.
PRIMERA CASA DE ESTUDIOS
Nació la Universidad de Panamá, bajo los aleros del Instituto Nacional, imbuida de la misión trascendental de constituirse en la fuerza de vanguardia encargada de organizar y conducir la lucha de nuestro pueblo a favor del perfeccionamiento de la independencia nacional y la recuperación de la soberanía plena de la República sobre la totalidad del territorio.
A partir de su fundación, quedó claro el carácter y naturaleza democrática, popular y científica de la formación que ofrecería la Universidad de Panamá a lo largo de su historia.
Las luchas en defensa de la democracia y contra la ocupación estadounidense se expresaron gestas históricas, como el rechazo del Convenio de Bases de 1947, la siembra de banderas y la operación soberanía de fines de la década del cincuenta, los acontecimientos de mayo del 58 y la lucha por la democratización de la educación, los grandes movimientos de la clase obrera de inicios de la década de los sesenta, como la marcha del hambre y la desesperación de la comunidad colonense, la gran huelga por la reforma universitaria de 1962 y, todo ello, como preámbulo de la gran gesta patriótica de enero de 1964.
UN GOLPE DE CAMBIO
A partir de enero de 1964, la historia del país se ve afectada por la profunda ruptura que implicó el final de la lucha revisionista del Tratado de 1903 y el desafío de la negociación de un nuevo tratado que ‘le pusiera fecha de cumpleaños’ a la presencia colonial de los Estados Unidos.
El golpe de Estado del 11 de octubre de 1968 produjo consecuencias profundas ya que, desde su fundación, los universitarios habían adversado profundamente a las fuerzas militarizadas de la policía nacional, históricamente al servicio de los intereses de la oligarquía y el imperialismo norteamericano. Por ello, en su fase inicial, el golpe de Estado significó, además del cierre temporal de la institución, represión y persecución del movimiento estudiantil, prisión y exilio de la dirigencia estudiantil y académicos universitarios.
Frente al régimen torrijista, los universitarios se polarizaron, unos a favor de la postura nacionalista y las transformaciones económicas y sociales que impulsaba, otros en contra por las restricciones e, incluso, supresión de libertades y derechos de los panameños. Con la muerte de Torrijos, se abrió una etapa de inestabilidad política y de graves retrocesos respecto a las políticas sociales avanzadas, que habían caracterizado lo que algunos denominaron el populismo torrijista.
A partir del trágico asesinato de Hugo Spadafora y el involucramiento del régimen norieguista en dicho homicidio, se abrió una etapa de enfrentamiento interno entre las fuerzas que respaldaban las acciones represivas de Noriega, bajo la excusa de que había que enfrentar las intromisiones de Estados Unidos y sus aliados internos, agrupados en la Cruzada Civilista y, por otra parte, las acciones de la Cruzada, supuestamente en defensa de la democracia y el respeto de los derechos humanos, quienes con estos pretextos invocaban la invasión norteamericana para ‘liberar’ al país de la dictadura.
La invasión militar norteamericana del 20 de diciembre de 1989 fue enérgicamente repudiada por la Institución, así como los universitarios, participando en la lucha contra el régimen de la democracia tutelada y a favor de la pronta salida de las tropas invasoras del país.
El 31 de diciembre de 1999 se cumplió una importante etapa en la consolidación del Estado Nacional panameño al concretarse exitosamente el aporte fundamental de la Universidad de Panamá a la consolidación del proyecto nacional de los panameños.
Hoy, una vez cumplidas las metas del nacionalismo panameño, los universitarios entendemos que nuestro aporte fundamental consiste en enfrentar, con todos nuestros recursos y capacidades, el combate a la pobreza que agobia a los sectores más empobrecidos, a los pueblos indígenas, los campesinos y los habitantes de las barriadas marginales. Llevar educación superior, ciencia, tecnología y pensamiento humanista constituye el desafío mayor que confrontamos.
A setenta y cinco años de fundada, el aporte fundamental de la Universidad de Panamá al país ha sido forjar profesionales con una conciencia ciudadana plena de ideales patrióticos y comprometida con el forjamiento de la democracia y la justicia social para todos.