Las cifras forman parte de las proyecciones de la cartera agropecuaria del Banco Nacional de Panamá, donde existen unos 5,400 productores activos. El banco...
- 27/12/2010 01:00
‘NECESITO AYUDA’
El mes pasado, Martinelli le envió a la Embajadora un críptico mensaje de Blackberry que decía, ‘necesito ayuda con pinchazos telefónicos’. La embajadora, quien estaba viajando fuera de Panamá en ese momento, no respondió el mensaje, pero envió a los enlaces del DCM y la DEA a reunirse con la gente de Martinelli para entender mejor la petición del presidente. Los enlaces de DCM y DEA se reunieron con el ministro de la Presidencia Jimmy Papadimitriu el 29 de julio y luego el 1 de agosto. La última de estas reuniones incluyó también al jefe de inteligencia Jaime Trujillo y al recién nombrado secretario de Seguridad José Abel Almengor. Papadimitriu explicó que la agresiva campaña anticorrupción de la administración Martinelli está alcanzando a individuos poderosos y corruptos cuyo estatus económico es amenazado. Dijo que algunos de estos individuos podrían tomar represalias amenazando la seguridad personal de Martinelli. Además, cree que su orientación centro-derecha lo hace objetivo de gobiernos izquierdistas en la región, que intentarán infiltrar los sindicatos de Panamá y desestabilizar el gobierno. Papadimitriu dijo que Martinelli cree que no está obteniendo información adecuada de los servicios de seguridad de Panamá para contrarrestar estas potenciales amenazas y esperaba obtener mayor conocimiento con un programa de intervenciones.
Un presidente solo obtiene sus ‘primeros 100 días’ una vez, y Martinelli los gasta obsesionado por vengarse de sus adversarios políticos. La mayoría de los nombramientos en el gobierno han favorecido la lealtad sobre la competencia. Esto está afectando negativamente su habilidad para perseguir sus prioridades, así como nuestra cooperación bilateral en prioridades compartidas. Su inclinación hacia la intimidación y el chantaje pudieron haberlo llevado al estrellato en los supermercados, pero es poco propia de un estadista. Arriesga a perder la buena voluntad de sus patrocinadores en la élite y en las comunidades de negocios.